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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007. Resumen
06/10/2007Cosas de la globalizaciónHace unos meses trajeron a mi casa un objeto nuevo, al que no di importancia, y que pasó a ocupar un espacio en todo el escenario kitsch que conforman nuestras estanterías, junto al vinilo “Horses” de Patti Smith, una bola de discoteca, diversos jarrones de cristal azul cobalto, estatuillas de peces tropicales, una lámina sin colgar en la que aparece un pentagrama con ojos, y una familia de cerditos chinos dorados. El nuevo objeto era una figura dorada de un gato chino con la pata levantada, de la misma estética que los cerditos. Me dijeron que servía para atraer no sé qué, pero se me olvidó, ya que en mi casa hay más de un objeto con finalidad supersticiosa (destaca el sapo de medio metro, dorado y con ojos rojos de cristal, en el baño).
![]() Posteriormente vi el mismo modelo de gato en diversos comercios chinos de Lavapiés. Total, me ha picado la curiosidad y he decidido entrar en internet para averiguar del gato. Luego me entero que su significado varía según el color o la pata que levante:
09/10/2007FurAnoche vimos “Fur” , traducida al español como “Retrato de una obsesión”, y no nos gustó mucho, la verdad. Si soy sincera, me quedé dormida en la primera mitad, pero luego, por la noche, la retomamos, porque era de ordenador. Transcurre principalmente en interiores, lo que es una pena, porque el director se mueve muy bien fuera, y se tiran media película hablando en susurros. Pretende ser intimista y una gran historia de amor/obsesión, pero para mi gusto no llega a emocionar. Claro que sobre gustos cada uno tenemos el nuestro, y ya sabemos que muchas veces el hecho de que te haya gustado una película o no depende de factores como en qué momento la has visto, tu estado anímico, tu estado físico, cómo te han hablado de esa película, tus expectativas, etc. De todas formas, ya digo, no me ha llegado, y dudo mucho que de haberla visto en otro momento lo hubiera hecho. ![]() Quizá sus fotografías más reconocidas sean éstas: ![]() Gemelas. Roselle. N.J. 1967. Este artículo es muy curioso, entre otras cosas hay una foto de las gemelas de mayor. Gigante judío en casa con sus padres en el Bronx. N.Y. 1970. ![]() Chico con granada de mano de juguete en Central Park (1962)
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12/10/2007Aquí y allá
A Al Gore le dan el Nobel de la Paz. ¿¿¿De la paz??? Está desprestigiadillo el premio últimamente, y quien dice de la paz dice de la recogida de gatos callejeros, pero aceptamos a Al Gore como… Nobel de la Paz. Que el tipo tiene una casa que ríete tú de la calefacción de Esperanza Aguirre, que una vez fue candidato a presidente de EEUU y ésos, ya se sabe, buenos no son, algo esconden seguro, y que manda cojones que con la cantidad de gente que hay luchando por la causa, muchos desde hace décadas, él se lleve el mérito. Pero, bueno, hay que reconocer que ha sido de los que más han ayudado a concienciar a sectores que de otra forma no hubieran sido sensibles. Más se lo merecen los del Panel de la ONU. Ésos sí. Lo que no se cuenta es que están desencantados de la vida, que no hacen sino echarse las manos a la cabeza mientras políticos de uno y otro país los ignoran como se ignora la alarma de un coche lejano. Hasta ahora han presentado tres informes, el de 1990, 1996 y 2001, que contiene los datos con los que se está trabajando ahora (y ya ha llovido desde entonces –sobre todo eso-). En noviembre sale el nuevo informe. Tienen previsto cerrarlo en Valenciatierradelasflores, entre los días 12 y 16, con una reunión de los cuatro grupos de estudio. En los últimos años es cuando el calentamiento global se ha acentuado, se han mejorado las técnicas de medición y ha aumentado el número de gente dedicada a esta labor. Además de aportar datos más ajustados, se prevé que va a contener conclusiones con las que nos vamos a caer de culo.
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Desde la distancia me llegan ecos monárquicos: es la Trotona I de Pontevedra y V de Ejpaña. ¿Se le ha ido la mano con el tinte del pelo o sólo me lo parece a mí? En su línea de bombero pirómano ahora se dedica a mostrarnos a todos sus complejos. Ya lo decía Losantos. Ay, lagarto, lagarto. Luego, leo por ahí estas cositas . ¿Cómo se dice? Convenío. **** **** **** **** **** **** **** Los Radiohead se deciden. Disco gratis, te lo puedes bajar de su web oficial. Se paga la voluntad, como a los videntes. Tras esta decisión, muchos hablan de un antes y un después en la industria discográfica. Sí, ya lo hizo Prince con anterioridad, pero Prince siempre fue un excéntrico. Mejor campaña de márketing no han podido hacer y nadie da duros a cuatro pesetas, ya lo recuperarán en conciertos y camisetas. Como tiene que ser. Los voy a escuchar un ratito.
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Os dejo esta foto: ![]() San Francisco vista desde el interior de la prisión de Alcatraz Ya volví de San Francisco. Las últimas fotos, en mi página de Flickr . No saco ninguna conclusión más, creo que ya di la vara lo suficiente con la ciudad. Ahora a otra cosa. A celebrar.
16/10/2007Qué fue de... la niña china adoptada.Esta historia está basada en hechos reales (y tanto). En mi vida nunca había tenido cerca un caso de persona adoptada, por lo que no me había llegado a plantear su trascendencia. Hasta que no tuve una novia que era adoptada no me di cuenta de las implicaciones que esta circunstancia podía llegar a tener. Esta ex mía estaba muy afectada por el hecho de que había sido adoptada por padres muy mayores, en la cincuentena, para que ella “los cuidara cuando fueran mayores”. Siempre decía que se debería prohibir que padres tan mayores adoptaran niños, porque luego el abismo generacional era insalvable. La llamaremos Adela: Adela, ama de casa, estaba casada con Fermín, cerrajero, autónomo, y algunos años mayor que ella. Ambos disfrutaban de una posición económica desahogada. Fermín no podía tener hijos, pero Adela tampoco los deseaba, y en el fondo se alegraba de esa esterilidad, ya que le había permitido llevar una existencia mucho más cómoda que la mayoría de sus amigas. Los dos estaban acostumbrados a salidas nocturnas con otros matrimonios de su edad, a cenas y bingo, y a Adela, que tenía un nulo instinto maternal, no le apetecía cambiar ese estilo de vida por nada del mundo. Prueba de ello es que nunca, a lo largo de los treinta años que llevaban casados, se habían planteado seriamente la idea de adoptar un hijo. Sin embargo, Fermín alguna vez había sugerido, aunque sin demasiado ahínco, que no le hubiese importado ser padre. Entonces, algo ocurrió que hizo que Adela, a su edad, cambiara de idea respecto a la circunstancia de su maternidad. Adela descubrió que Fermín le era infiel. Pero no de una manera esporádica, como había constatado en ocasiones anteriores y sobre las que prudentemente había hecho la vista gorda. Ahora se trataba de una amante estable, y Adela sintió miedo a perder a Fermín, o más bien a que se fuera al garete su matrimonio y, junto al mismo, esa vida que se habían construido. Pero, sobre todo, temía perder su casa, puesto que, como no tenían hijos, era muy posible que si se separaban, el piso, grande y en un barrio bien considerado, se lo quedara él. Y es que hacía mucho tiempo que la convivencia se basaba en aguantarse el uno al otro, sin pizca ya de la más mínima pasión o deseo. Una bombillita se encendió en la cabeza de Adela, alentada por la moda de adoptar niñas chinas que había comenzado tras la emisión en televisión de un documental sobre el lamentable estado en que se encontraban los niños en los orfanatos de China. Adela pensó que Fermín, ilusionado ante la llegada una criatura, se olvidaría de amantes y de buscar distracciones fuera de casa. Así fue como iniciaron los trámites de adopción establecidos por la Comunidad de Madrid, donde residían. Diversos funcionarios comprobaron sus cuentas bancarias y sus bienes en repetidas ocasiones, y los sometieron a diferentes análisis psicológicos, que milagrosamente pasaron. Tan sólo hubo una objeción, que era la edad de los futuros padres, por lo que después de casi un año de espera, Adela veía peligrar su plan. La psicóloga encargada de dar el visto bueno se debatía ante la duda. Afirmaba que, si finalmente daba el permiso, sólo podrían adoptar una niña mayor, de unos seis años al menos. Adela se alegró para sus adentros, cuanto mayor fuese la cría menos trabajo les iba a dar. Sin embargo, en el último momento, la psicóloga dijo que no, que eran demasiado mayores. Entonces, la familiar designada como tutora en el supuesto caso de fallecimiento de los padres, se encaró con la psicóloga y le dijo que por muy mal que estuviese la niña en España, mejor estaría que en orfanato chino, que niños tan mayores no los adoptaba nadie y que, si no daba el permiso, sobre su conciencia caería haber privado a una niña de una educación y una vida en condiciones. La psicóloga, reblandecida, accedió. Y allá que se fueron a China, en un avión fletado especialmente para padres que iban a recoger a sus niñas chinas. Por supuesto, ninguno de los dos disfrutó del viaje, ni de los paisajes rurales, ni de la comida, que les pareció asquerosa, ni de nada. No tenían interés por conocer nada fuera del pequeño mundo al que pertenecían. En el orfanato se encontraba la que posteriormente sería llamada Almudena. Almudena, a sus seis años de edad, contaba ya con una historia más que triste. A los tres años fue abandonada por su madre en la estación de autobuses de la capital de la provincia agraria de donde era originaria. La ingresaron en un orfanato, donde, al ser una de las niñas más mayores, pronto se encargaría de cuidar a otros niños. En el orfanato la comida no era el bien más abundante, y Almudena llegó a encontrarse a sí misma bebiendo a escondidas de los biberones de los bebés, a los cuales en más de una ocasión vio morir de hambre en sus brazos. A su edad, por supuesto hablaba a la perfección su idioma materno, que no era el mandarín, sino un dialecto propio de esa provincia agraria. Dueña ya de una vida, miserable, pero su vida al fin y al cabo, no quería ser trasladada de ese lugar que se había convertido en su pequeño hogar, ni ser puesta en manos de unos desconocidos con los que le era imposible comunicarse. El encuentro fue duro, Almudena recurría constantemente a la violencia para hacerse entender, y disponía de tal fuerza física que sus nuevos padres pensaron que, aunque bajita, la niña probablemente contaba con más edad de la que les habían hecho creer. Además, la niña, casi de inmediato, prefirió al padre antes que a la nueva madre, porque recordaba el momento de ser abandonada por su madre y instintivamente recelaba de las mujeres, según explicaron los psicólogos. Los primeros meses de Almudena en Madrid fueron muy difíciles, con violencia física por su parte en muchas ocasiones, y Adela, que era quien más se ocupaba de ella, empezaba a desesperar y requería la ayuda de todo el que estuviera cerca. La niña mostraba un odio visceral hacia la madre y ésta, totalmente falta de recursos y de verdadero interés en el que claramente era un caso difícil, se veía desbordada. A los seis meses de estar en Madrid, Almudena aparentemente se había calmado y comenzaba a integrarse, aunque aún no parecía dominar bien el idioma, según contaban los padres. Todos estaban de acuerdo en que tenía muchísimo genio y un carácter difícil. Yo la vi por primera vez por aquel entonces. Durante un rato pude estar a solas con ella, mientras la madre recibía en el salón la visita de los que venían a conocer a la niña, una vez que ésta por fin estaba “domada” y podía ser presentada en sociedad. A solas con ella, en su habitación, pensé en contarle un cuento, con ilustraciones, para que fuera aprendiendo vocabulario. Le empecé a mostrar el cuento, ella asentía y parecía encantada con la actividad. En un momento dado, apareció el dibujo de un erizo, y yo le dije: “Esto es un erizo”, “Eriiizo”, a lo que ella me respondió, en un castellano perfecto: “Yo he visto uno de ésos”. La miré estupefacta. Continuó, de corrido: “Yo sé lo que es, vi uno en China, en el campo, cuando estaba con mi madre, con mi madre verdadera, no con ÉSA”, apuntando con la cabeza hacia el salón donde la madre explicaba cuán fantástica era la maternidad. Tal cual, y el “ÉSA” dicho con un desprecio infinito. Muerta me quedé. Sólo pude decir “Ah, ¿sí?”. “Sí”, me respondió contundente, y continué con el cuento, pero pensando “vaya adolescencia le espera a ésta…”. Lamentablemente, los padres se negaron a que Almudena mantuviera su idioma, quizá prueba de que no había llegado a España de bebé, sino como una niña ya criada, y porque lo consideraban de clase baja. Aunque, probablemente, si no le permitieron seguir con el chino no fue por que se integrara mejor, sino porque Fermín, facha de los que ya no quedan, quería una niña completamente española y se avergonzaba del chino. Para él, los ojos rasgados no existían, no por igualdad, sino por negación, porque no pudieron conseguir una niña de otra nacionalidad. (A estas alturas, Almudena ya apenas habla chino, y es una pena, puesto que ese dialecto en concreto hay muy pocas personas en España que lo hablan, y sólo habiendo mantenido el idioma podía haber tenido un futuro casi asegurado, sobre todo pensando en la importancia económica de China, que seguramente se incrementará con los años). Así las cosas, Almudena, en un claro ejemplo de problema de identidad, de pronto renegó de todo lo que tuviese que ver con China, volvía la cara cuando se cruzaba con chinos por la calle, y en una ocasión, cuando emitían un partido de fútbol por televisión en el que uno de los equipos era Corea, se levantó y apagó el televisor. Los padres también negaron que tuviera ningún problema psicológico y pronto prescindieron de la psicóloga que tenían asignada. El tiempo pasó. Ocho años pasaron. Y como todos podéis imaginar, el hecho de haber adoptado una hija no arregló el matrimonio de Adela y Fermín, tan sólo pospuso el momento de la crisis. No sólo no los unió más, sino que la niña, en principio pretendido punto de unión, se convirtió en motivo de peleas y acusaciones. Almudena no quería a la madre ni en pintura, y a diario terminaban discutiendo por cualquier motivo. Fermín, hastiado por el ambiente familiar, paraba menos por casa, y Almudena acusaba a Adela de ser la causa de la ausencia del padre. Llegó el punto en que era Adela quien ponía todo el interés, del que era capaz, que no era tanto, en el cuidado y educación la niña, mientras que Fermín, desilusionado tras las primeras expectativas, se desentendía totalmente. La convivencia fue degenerando hasta tal punto que llegaron a utilizar la violencia física, todos contra todos. La pérdida de respeto era total. Fermín continuó teniendo amantes, y de nuevo una de ellas llegó a ser fija. Fermín le planteó la separación a Adela y a ésta se le vino el mundo encima. Tal como estaba la situación, siendo Almudena una niña lo suficientemente mayor como para poder dar su opinión ante un juez e inexplicablemente prefiriendo al padre, Fermín se quedaría con la custodia, que iría acompañada del hogar familiar, con lo que Adela se encontraba con más de sesenta años, sin trabajo y en la calle. Durante algunos meses intentó desesperadamente dar con una solución, pero fue en balde. La situación era insostenible y el ambiente tan agobiante que Adela, por primera vez, empezó a plantearse la separación como un alivio. Finalmente, Adela se fue a vivir a la casa del pueblo, la que fue de sus padres y ahora pertenecía a ella y a sus hermanos, y Fermín se quedó el piso. Inmediatamente, tras la salida de Adela, su amante se trasladó a vivir con él. Sin embargo, Almudena, ahora en plena adolescencia, continuaba siendo una niña difícil que no aceptó de buena gana la presencia de la intrusa. A la amante, cuando vio el ambiente familiar, le faltó tiempo para salir por patas, y Fermín, que se las había visto muy felices sustituyendo a Adela por otra más joven, se vino abajo, ya que por él mismo era incapaz de llevar un hogar y no sabía ni siquiera cocinar. Además, tenía que trabajar, muchas veces de madrugada, porque era cerrajero de emergencias, por lo que Almudena pasaba mucho tiempo sola. Ahora Fermín, siempre que puede, cada puente y casi todo el verano, manda a la niña al pueblo con la madre. Ambas siguen sin soportarse y Almudena se ha vuelto intratable. Por fin se han dado cuenta de que la niña, que padece de obesidad, necesita un psicólogo, pero ahora es la niña la que no quiere ir, y “cualquiera lleva a la niña”. Adela afirma, sin dudarlo, que se arrepiente de haber adoptado a Almudena. 21/10/2007Granny DDurante mi periplo de vuelta a casa (no se le puede llamar de otra manera, pero no me quiero extender porque no es el tema, y sí, ya estoy aaquííííí) paré otra vez en un hotel de los States.
![]() Por alguna razón, quizá la contundencia que desprendía, me detuve y empecé a concentrarme en su discurso. Se trataba de un debate televisivo y la señora abogaba por los derechos de los trabajadores de Wallmart. Argumentaba con gran firmeza y seriedad, pero salpicándolo con una fina ironía que traslucía una inteligencia fuera de lo común. Constantemente te impulsaba a sonreír. Me había captado en dos minutos. Hice amago de seguir zapeando pero tuve que volver a aquel canal. Siguió hablando, enfrentándose a defensores de la guerra de Irak, que la acusaban de no apoyar a las tropas. Ella lo rebatía, diciendo que precisamente porque las apoyaba no quería ver a los muchachos víctimas de una guerra absurda, que nada tenía que ver con el 11S, y acto seguido, recordaba a las víctimas iraquíes. Luego comenzó a hablar del mercurio contenido en los ríos estadounidenses y de cómo éste pasaba a la cadena alimenticia. Terminó reflexionando sobre la necesidad de defensa del pueblo ante sus gobernantes. Completita la señora. Inmediatamente, emocionada con ella, pensé que si yo fuera estadounidense la votaría, aunque luego recordé la edad que debía de tener y que quizá ya no estuviese en condiciones físicas de realizar con eficacia ningún cargo político. De pronto, con gran sorpresa (igual es muy famosa, pero yo no la conocía), descubrí que Doris Haddock, que así se llama, efectivamente, se presentó en 2004 como candidata del Partido Demócrata al Senado, por New Hampshire. Lo que estaba viendo en el canal HBO era un documental sobre su trayectoria política. No ganó esas elecciones pero, contra todo pronóstico, llegó a alcanzar el 34% de los votos. Sin embargo, ese dato no fue el que más me sorprendió: en ese momento, la señora contaba con noventa y cuatro años. 94. ![]() El documental ha obtenido muy buenas críticas, y lo recomiendo fervientemente, no sólo por la proeza que realizó esta mujer, que también, sino por el optimismo que desprende en su conjunto. Quizá este caso sólo tiene de especial la edad de la señora, que ya es mucho, pero no es la primera vez que me fijo en que en los Estados Unidos, últimamente, llevan la voz del sentido común las personas mayores. Quizá siempre debiera ser así, puesto que se supone que los años proporcionan experiencia y serenidad, pero estamos tan acostumbrados a recelar de vejestorios conservadores y exigir constantemente savia nueva entre los políticos, que sorprende que sean los mayores los que enarbolen la bandera del progreso. Os resumo su biografía porque lo merece: Doris Haddock, más conocida como Granny D, nació en 1910 en Laconia, New Hampshire. Fue a la universidad durante tres años, antes de casarse, sin llegar a graduarse, expulsada porque en esa época los estudiantes universitarios no estaban autorizados a contraer matrimonio. Tras la Gran Depresión, trabajó durante más de veinte años en una fábrica de zapatos, llegando a ser secretaria del director. Tuvo dos hijos, James y Elisabeth. Comenzó su carrera política en 1960, cuando, junto con su marido, llevó una exitosa campaña contra pruebas nucleares en Alaska, logrando salvar un pueblo pesquero inuit. Aunque se jubiló en 1972, continuó siendo activista en su comunidad. En 1985, participó en la campaña que detuvo la construcción de una autopista en la localidad de Harrisville. Su marido murió de Alzheimer, después de diez años de padecer la enfermedad. Tras ello, en 1995, retomó su activismo político y se unió a las peticiones de reforma financiera de las campañas electorales, que habían promovido algunos senadores. En 1999, con 88 años, inició un circuito por todo el país buscando apoyo para esta reforma. Gran deportista, durante catorce meses caminó unas diez millas diarias, a modo de peregrina, ofreciendo discursos a su paso. Así recorrió los estados de California, Arizona, Nuevo Mexico, Texas, Arkansas, Tennessee, Kentucky, Ohio, West Virginia, Maryland, Virginia, y el Distrito de Columbia. Ya entonces atrajo la atención de los medios de comunicación. Cuando llegó a Washington DC ya contaba con 90 años, había caminado más de 3.200 millas y la esperaba una multitud de dos mil personas. Algunos congresistas caminaron con ella las últimas millas. Ese mismo año, fue arrestada y encarcelada por leer la Declaración de Independencia frente al Capitolio. Volvió al mismo lugar para leer la Carta de Derechos, en alusión a su libertad de expresión, por lo que fue nuevamente arrestada. Aunque nunca se llegó a graduar por Emerson, esta universidad le concedió el título de honor en el año 2000. En 2002 recibió otro título de honor por el Franklin Pierce College. Ha escrito dos libros. Conocida por sus maneras cariñosas y carácter alegre, en 2004 se hizo cargo de la candidatura al Senado, con gran premura, después de que el anterior candidato dimitiese por un escándalo financiero. A pesar de todos los pronósticos, que no auguraban más de un diez por ciento de votos, obtuvo el 34% tras fulminar a su oponente en un debate televisivo.
![]() En 1995 falleció su hija de Alzheimer. Tiene dieciocho nietos y dieciséis biznietos, algunos de los cuales la acompañaron en su travesía por el país. Actualmente, con 97 años, sigue activa en política, apoya al candidato demócrata Mike Gravel para las elecciones presidenciales del 2008 (conocido entre otras cosas por su apoyo al movimiento gay), y es miembro del “9/11 Truth Movement ”.
Granny D con Mike Gravel -77 años- Y os digo yo, que vi sus discursos en la tele, que no chochea ni por asomo, ni la tienen ahí figurando.
"Our lives are more beautifully linked than you can imagine, and the genius of one life can affect all the others in unimaginable ways."
23/10/2007TaxiAnécdota (por llamarlo de alguna manera): Llego al aeropuerto de Barajas, muerta tras mi periplo americano, cargada de maletones (di sobrepeso, y no hablo del mío, sino del de la maleta, que sobrepasaba en diez libras (?) el peso autorizado, por lo que tuve que comprarme otra, una bonita y enooorme bolsa de plástico duro que a duras penas conseguía arrastrar). Llego, cargada, y me voy a la cola de los taxis. Hay un cierto barullo al que no presto demasiada atención porque vengo cansada y desorientada, pero al final la realidad se acaba imponiendo y descubro la razón del desconcierto generalizado: hay huelga de taxis. Je. Jeeeeeeeeeee. Lo que no me pase a mí… Pienso en el metro y me da un desmayo, subiendo y bajando escaleras yo y mi sobrepeso (los dos). - ¿Cómo que huelga?, pregunto, adelantándome a todos y olvidando mis maletas. - Sí, no van al centro, me dice alguien. - ¡No vamos al centro!, confirma un taxista. Lo empiezo a captar. - ¡Qué desvergüenza!, grita una señora en abrigo de pieles. - ¡Cállese, señora!, le espeta otro taxista - ¡A mí no me manda usted callar…! La chica encargada de organizar la cola se intenta escaquear. -¡Y usted ponga orden!, le ordena un señor encorbatado. La chica hace amago de dirigirse a la cola, pero a medio camino se da la vuelta y se va. -¡Que ponga orden, que es su obligación! La chica pasa, no la culpo, yo también lo haría. - ¡Que ponga orden! Diooooossss, pienso. Me acerco suavemente a un taxista: - ¿Y por qué hay huelga? Mi voz ha cambiado de tono, el instinto de supervivencia se apodera de mí y automática intento la estrategia de la solidaridad con los compañeros taxistas. - Anoche mataron a un taxista y hay huelga hasta las doce, me cuenta un taxista. - ¡Qué barbaridad!, exclamo indignada. - No vamos a Atocha, ni a Cibeles, ni a la Gran Vía, porque eso está lleno de piquetes, y tiran ladrillos a todo el que se acerque por allí. - ¿A dónde va usted?, pregunta otro taxista a un señor encorbatado que también hace cola. - A Tres Cantos, responde el señor, con tres grandes maletas negras. - Súbase. - ¿Y usted? - A Alcorcón, dice una señora sabiéndoselas consigo. - Venga, súbase. La envidia me corroe. - ¿Usted? Me pregunta Mi Taxista. Trago saliva. - A Lavapiés. Me sale un hilillo de voz. - Uuuy, no. Porque encima el que lo ha matado es negro y seguro que andan por ahí buscando negros. No termino de creer lo que acabo de oír, intento ignorar el dato. Me hundo y pongo cara de pena. El taxista se enternece: - Pero a Lavapiés, ¿dónde? Un rayo de esperanza asoma en el horizonte. - A la plaza. - No, no puede ser. ¿Pero a la misma plaza? - Sí. Miento, pero como me ponga a especificar pierdo el turno, y la plaza es buen sitio porque varias calles dan ahí. - ¿A la misma misma plaza? Coño, que sí, pues ¿no te lo acabo de decir? Sé que de la respuesta del hombre depende que el resto del día se convierta en un infierno para mí o por fin llegar a casa. - Sí. - Bueno, a ver… Y me empieza a contar como cinco recorridos alternativos que podría hacer. Yo pongo cara del mayor interés posible, asintiendo cuando necesario y faltándome arrodillarme a sus pies. - Vamos a hacer una cosa: yo quito el taxímetro, te subes delante y si nos preguntan tú eres mi hermana. - ¡De acuerdo! Volé hacia el asiento delantero. Miro a los guiris de la cola, los que seguramente no hablan español, y me dan pena. Van a morir, pero esto es el sálvese quien pueda. Luego, el taxista (que no era de los de la COPE, puntuación en caerme bien de un 6) me cuenta que está de acuerdo con la huelga, pero que no se debería hacer con la gente que llega al aeropuerto, que no se lo podía dejar sin servicio, y que debería entrar en unos servicios mínimos que no se estaban cumpliendo. No podía estar más de acuerdo. …porque la gente de la ciudad que tome el metro, pero para la gente que llega con maletas, como usted, es una putada… Sí, sí, y me tragué la historia de cuando lo atracó un rumano con un cuchillo de medio metro. --- --- --- --- --- --- --- --- --- ---- ---- En mi línea de baúl de la Piquer, me encontraba esta noche en un taxi de Algeciras, que sintonizaba, cómo no, La Cadena (me refiero a la COPE, inexplicablemente favorita de muchos taxistas, por el también inexplicable fenómeno de la mayoría de fachas en el gremio –dato que sigo constatando con el tiempo y las nuevas experiencias-). Atemorizada, esperaba en cualquier momento la frase que me hiciera retorcerme en mi asiento. No hicieron falta comentarios, las noticias, que se explicaban por sí solas, consiguieron el efecto:
No lo podía creer, y no era la voz de un locutor, sino la mismísima lánguida voz de Rajoy diciendo que… si “no es posible decir el tiempo que iba a hacer dentro de tres días, cómo alguien es capaz de predecir lo que va a pasar en el mundo dentro de 300 años?". ¿Ein? ¿Alguien le puede explicar a este hombre que no es lo mismo el clima que el tiempo que va a hacer mañana (también llamado previsiones meteorológicas)? Y luego continúa, con toda su desfachatez: "Yo no lo sé, es un asunto sobre el que hay que estar muy atentos, pero no lo podemos convertir en el gran problema mundial". Ay, ay, casi me da. Si no ése el gran problema mundial, ¿cuál es?, pedazo de… Qué atrevida es la ignorancia. Luego dijo cosas como que es más importante lo “relativo al sector energético o las emisiones contaminantes”, pero si TODO está relacionado. Este tío no se ha enterado de nada. Me gustaría que viviera muchos años (fuera de la política, eso sí), y que algún día alguien le enseñara esa grabación, y que se le cayese la cara de vergüenza. No es por nada, pero veo en esas palabras tres posibles explicaciones: a) Es un paleto. b) Como la izquierda siempre le ganaría en medidas a favor del medio ambiente, negarlo, y convencer a cuanta más gente mejor de que el problema no tan grave. c) Exxon le está pagando. 29/10/2007ChamusquinaNo compro más EL PAÍÍÍS. No es que lo comprara mucho últimamente, efectos de internet, pero ya hoy ha sido la puntilla, la gota que colma el vaso. Ya se sabe, un día cualquiera, sin que haya pasado nada especial, de pronto, eres otra persona. Como cuando decides cortar con alguien.
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1) Rato Zara Home empieza a vender a través de Internet: Ofrecerá un catálogo de 2.000 productos en catorce países europeos Eso no es una noticia, es publicidad. Me ha dado por comparar El País con Público. Tengo que decir, ante todo, que Público no me gusta mucho, me parece poco cuidado, mal escrito en general (sobre todo en la edición digital, ¿tan difícil es meterle un corrector que por lo menos te indique las palabras que has puesto juntas?) y sensacionalista a ratos. De siempre se ha sabido que El País era de Prisa (difunto Polanco) y al son de quién bailaba, pero una se acostumbra a esas cosas, o por lo menos sabe a qué atenerse. Pero esto ya..., yo no sé.
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