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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Diario. 29/09/2007SF, aquí seguimosSigo con mis pequeñas crónicas, a la espera de nuevos tiempos, y tan feliz:
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Hoy está haciendo un poco más de frío. Y ha sido el único día que salí sin chaqueta (cansada de cargarla todos los días), por lo que he tenido que comprarme una. Tengo que decir que las tiendas de segunda mano (casi todas en Haight, el barrio donde comenzaron los hippies y ahora venido a menos) son muy caras, tienen los precios como si fuera ropa nueva, y no es muy bonita, no como en U.K., que por 3, 5 o 10 libras te apañas algo medio decente. Al final, para gastarme veinte euros en una horterada de hace cinco temporadas me he comprado la típica sudadera que pone San Francisco, que es tan calentita y agradable que presiento me va a acompañar gran parte del invierno.
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The Legion of Honor es un museo más serio en el que destaca mucha obra de Rodin y unos Monets importantes. Y éste no se recorre en media hora. --- --- 24/09/2007SF, cont.Editado: ¡¡más fotos!!
Aquí seguimos. Nos está haciendo un tiempo fantástico, sólo chispeó un poco el sábado por la mañana, pero el resto soleado y muy agradable, de llevar manga corta, como mucho una chaquetilla por la noche. - - - Continúa nuestro particular festival gastronómico. - - - Cuando comimos en el mexicano en realidad íbamos al museo, pero acabamos en Castro/Mission (el barrio gay), adelantando nuestra visita. La cabra tira al monte. - - - Hemos tenido suerte en una cosa: ha coincidido que estábamos aquí con el Moon Festival , el Festival de la Luna de Otoño, que se celebra anualmente en Chinatown. Me he comprado una cámara, cual turista desenfrenada; no me he podido aguantar. No he sacado ninguna maravilla de foto, todavía me estoy haciendo a la cámara (por supuesto no me he leído las instrucciones), pero he subido algunas muestras a mi página de Flickr . ![]() (sé que está movida...)
Tengo que decir que Chinatown está caro en comparación con las tiendas import-export de chinos que abundan en Lavapiés. Aunque tienen un surtido mucho mayor, tampoco son la gran maravilla. Ha sido una pequeña decepción. Encima, me he pateado todas las tiendas buscando una bata china que me gustara y no ha habido manera de encontrar ninguna. Pero me lo he pasado divinamente paseando por las calles llenas de puestecillos, comiendo dim sum, que son tapas pero en chino, y bebiendo cerveza china (ya se me ha olvidado el nombre). También hemos comprado “mooncakes”, que son pastelillos que sólo se comen estos días del año. ![]() Hay de varios sabores y están buenos, los venden en los puestos de la calle (ofrecen muestras para probar a todo el que se acerque) y en las pastelerías, que los fabrican especialmente para estas fechas. Me ha gustado que el festival no era un espectáculo para turistas, sino una celebración propia que disfrutaban y a la que se notaba daban importancia, y de hecho la gran mayoría de los asistentes eran chinos y la lengua que se hablaba por aplastante mayoría era el chino. Es curioso como, siendo muchos de segunda y tercera generación de inmigrantes, conservan la lengua y muchas de las costumbres.
--- Lo peor de San Francisco es la cantidad de gente sin hogar que hay, una exageración, en serio, y repartidos por toda la ciudad, al menos hasta donde he podido ver, que ya viene siendo bastante. La Plaza de Naciones Unidas es un cuadro, da pena. Alguien me comentó que era porque los servicios sociales de San Francisco proporcionan comida y techo a todos ellos, y que por eso vienen desde otras ciudades. Yo no sé por qué será, pero es deprimente, en cada esquina, en cada semáforo, encontrarte con uno de ellos. Encima, la mayoría se nota que tienen minusvalías físicas o enfermedades degenerativas, que es gente que debería tener una pensión, y no estar tirados en la calle. Suelen ser negros, aunque hay de todo. - - - Otra cosa que me ha sorprendido de San Francisco, no sé si se podrá generalizar al resto del país, supongo que sí, es el sonido de las sirenas de ambulancias, bomberos y policía. Es muy diferente a las europeas, no sé a qué frecuencia estarán, pero parecen un ser vivo, como si estuvieran matando a alguien o despellejando a un gato. Si las hicieron para llamar la atención desde luego lo consiguieron. Qué desagradable. - - - - - - Tengo que reconocer una cosa muy horrible: anoche vi en la tele la primera entrega de Kid Nation, un polémico programa del estilo de Gran Hermano, pero realizado con niños. Para rodarlo se tuvieron que ir al único estado donde había una laguna legal que permitía cierto trabajo de los menores, simulando un campamento de verano. 22/09/2007SF, primeras impresionesTengo internet, y va como el rayo, lo que apenas tengo es tiempo, pero os cuento: Lo primero que hicimos, nada más llegar, fue subir al tranvía. Acabamos en Fisherman´s Wharf, la zona del puerto viejo, ahora muy comercial, una toma de contacto quizá en exceso turística pero adecuada, para hacer boca. Con el City Pass (que cuesta 54$ y merece totalmente la pena) tienes transporte público durante una semana, además de algunas atracciones de la ciudad, como museos y una visita al Acuarium, el cual, ya que estábamos allí, aprovechamos para ver. No es gran cosa, pero está bien porque no se hace pesado, y no tiene espectáculos horrorosos; por ejemplo, los leones marinos están en libertad. Eso sí, toqué un tiburón (hay que hacerlo en el lomo, entre las dos aletas) y una raya. En el Pier 39 hay unas tiendecitas de lo más. Me encantó una de adornos de Halloween, como nuestros belenes navideños pero de tumbitas, calabazas y demás parafernalia. También me llamaron la atención una de cajas de música y otra de motivos marinos. La comida típica de aquí es el clam chowder, una sopa sobre un pan francés redondo (sourdough) abierto por arriba. Está delicioso, pienso repetir. ![]() Otro producto típico es el chocolate Ghirardelli. En el Starbucks del puerto (estarán globalizados, pero los zorros saben cuándo no hacerlo) sirven como especialidad crepes, una de cuyas variedades consiste en una tableta entera de chocolate Ghirardelli fundida encima. No comments. Cenamos un centollo con vino blanco en un restaurante que hay en la planta de arriba del muelle, con enormes ventanales que dan al Golden Gate. Eso es vida. El vino de California es barato (de precio) y de excelente calidad, yo creo que si tenía tan mala impresión de él es porque probablemente el que nos llega a Europa no sea muy bueno, o yo no hubiera probado una muestra lo suficientemente amplia, pero a partir de ahora todos mis respetos. Bueno, llevo poco tiempo aquí y mi experiencia es sobre todo culinaria. Me dijeron que los mejores de la ciudad eran los restaurantes asiáticos, sobre todo los tailandeses y vietnamitas, y me dio agonía por el picante, todo para mí, por lo que tengo el estómago echado abajo, y eso que suele ser a prueba de bombas. A ver cómo continúa la cosa. Y muchos donuts, tartas, helados, caramelos raros… La bahía y el Golden Gate son una pasada, como imagináis y hemos visto en mil películas. Creo que fue en el documental “El celuloide oculto” donde se hace una referencia a alguien que dijo que las películas sí eran verdad, porque cuando la gente volvía después de su primera visita a EEUU siempre decía “es como en las películas”. Pues eso, sí, casi. Las calles son muy humanas y, a pesar de las cuestas, invitan a pasear (menos mal que estoy andando –y mucho-, si no no sé qué sería de mi bella y esbelta figura, y aún así, no sé cómo acabará la cosa). Los edificios son bastante bonitos, y el ambiente en ocasiones me recuerda al de Notting Hill, por poner un referente europeo. Es una ciudad muy cosmopolita, pero sobre todo europea, al estilo de Inglaterra, Bélgica o Ámsterdam, aunque original por las calles en cuesta. Por los tranvías en cuesta le encuentro similitud con Lisboa, también por el mar al fondo, y a ratos recuerda a Barcelona, pero es más anglosajona. El toque americano se lo dan los cochazos que de vez en cuando te cruzas, además de detalles como la manera de vestir de la gente, más informal que en Europa en general (lo que me parece estupendo). La gente me resulta amable, más que la media de ciudades que he visitado (o al menos ésa es mi primera impresión), y uno rápidamente se hace al terreno. Hay turistas como en todas partes, pero no son tan agobiantes como en España (claro, eso es difícil). Además el tipo de turista me parece que es fundamentalmente interno y, entre eso y que es una ciudad muy cosmopolita, apenas se distinguen de los habituales. La globalización hace estragos, cada vez más, y la mitad de las cosas que venden en las tiendas de aquí también las encuentras en los chinos de Lavapiés o en las tiendas de ropa de la Gran Vía (nada más salir a la calle me encontré con una chica que llevaba mi misma chaquetilla negra que compré en el H&M de Madrid, se me quedó mirando con cara de mala hostia, mientras que a mí me hizo mucha gracia la coincidencia, aunque cuando pensé que a ella le había costado más barata y que si yo me hubiera esperado unos días también me hubiera salido así, me cambió la sonrisa), pero todavía, rebuscando un poco, se encuentran diferencias interesantes. ¿Lo mejor? El dólar en su vida ha estado más débil frente al euro que en estos momentos, lo que hace que casi todo, al cambio, esté bastante barato. Un café te sale más barato que en Madrid y comer ni te cuento. Aquí se come bien por diez euros por persona (y cuando digo bien me refiero a muy bien, que estoy tirando por lo alto). La ropa también está muy barata, y los zapatos, y todo lo tecnológico. Esto va a acabar siendo mi perdición, lo sé. En definitiva, esta ciudad es una pasada, voy a estar un tiempo respetable y me da la sensación de que me va a faltar, pero pienso aprovecharlo lo más que pueda, visitar cada rincón y disfrutar de cada momento. Hasta ahora está saliendo todo redondo, espero que siga así. En el avión me hice muy amiga de una chica española muy simpática que trabaja en Berkeley, con la que hemos vuelto a quedar, y mi compañero de piso vivió en esta ciudad no hace mucho y me ha dado una lista de lugares y consejos interminable, pero si alguien tiene alguna recomendación, en especial gastronómica, será bienvenida. Hablando de otra cosa, y de lo mismo, aquí la primera noticia en todos los medios es lo que está pasando en Jena y las manifestaciones en contra del racismo, no sé qué se habrá oído en España de esto. También hay debate con la sanidad pública, lamentable, me da pereza reproducir las barbaridades que sueltan algunos. Y Schwarzenegger es un zorro, cuando le conviene le da la razón a Bush y cuando no barre para sus votos, da miedo ese tío, tiene bastante poder. Viendo la tele me he quedado flipada con los anuncios relacionados con la sanidad y la estética. Ejemplo: se ve un león que ruge, es tu hambre, luego se ve un gatito, y tu hambre se puede ver reducida a un gatito con un gracioso implante de ¡reducción de estómago!. Flipping, flipping. Pero el que más gracia nos ha hecho ha sido el de los abueletes en silla de ruedas haciendo coreografías y de excursión por el monte con el nuevo modelo de sillas motorizadas. No me he hecho ninguna foto y, aunque no soy de fotos, estoy sufriendo, porque hay cada rincón... No me traje cámara y estoy en la duda de si comprarme una, porque al fin y al cabo la mía es muy antigua, sólo permite veinte fotos y la batería no le dura nada (y encima no encuentro el cable del ordenador, que por eso no me la he traído). Mañana veré. Todo puede ser que para poder llegar a México me tenga que agenciar una esquina. Y quedan días, quedan días… Mmmmm, lo que no se ve en las películas: San Francisco huele muy bien, a mar, a caramelo y a flores. :) 17/09/2007un breve Me voy de viaje, por lo que frecuentaré menos estos lugares virtuales, pero creo que dispondré de internet, así que no os libraréis del todo de mí. Iré informando según tenga tiempo.Hasta muy pronto. Iwi. 05/09/2007ReencuentrosFred Astaire - Dancing cheek to cheek Hay días que se sabe, que va a ser especial, pero otros ni lo sospechas. Hoy ha sido uno de estos últimos.
- Hola, ¿no sabes quién soy? A continuación le mandé el número de teléfono de ML, divertida pensando en la sorpresa que ML se llevaría en breve.
Me dejó su correo, como quien trafica con algo ilegal, yo no recuerdo si le dejé el mío. Tuve la servilleta en la que estaba apuntado el correo una temporada sobre mi escritorio, pero nunca me decidía a escribirle, porque esperaba que pasara un poco más de tiempo y que él tuviese algo nuevo que contarme, pero de pronto un día la servilleta ya había desaparecido.
Yo: -Has hablado con él, ¿verdad? Estoy feliz, jejeje, ¡hemos recuperado a JR!, jejeje, ha vuelto a nosotros, ¡se acuerda! Es flipante esta historia, la de vueltas que da la vida, y nunca sabes lo nuevo que te vas a encontrar.
31/07/2007Temporalmente coja¿Recordáis la escena de "Quemados por el sol" cuando hay un trozo de cristal sobre la hierba, al lado de río, donde celebran ese bucólico picnic, y el protagonista, aún viendo al otro descalzo y con riesgo de cortarse, se calla la presencia del cristal? Bueno, si no habéis visto la película obviamente no la vais a recordar, pero tengo que decir que es una de mis escenas favoritas de siempre, por la tensión sostenida, por cómo gradúa el nivel del maldad del protagonista. (Primer minuto y medio, el joven no sólo le está tonteando a la mujer del otro –su antigua amante-, sino que piensa traicionarlo y denunciarlo como parte de las purgas que tuvieron lugar en la URSS tras la Revolución –que de eso va la película, de ahí “Quemados por el sol”-):
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Yo sólo digo que las inyecciones de anestesia en la planta del pie son lo más de lo más. ![]() Y un calorín general…
Bueno, ya me he quejado mi ratito. No hace falta que me digáis “pobrecita”, “que te recuperes” y todo eso, que lo presupongo, era sólo quejarme un rato. Soy bastante quejica yo, es uno de mis defectos. Últimamente lo tenía bastante controlado, pero hoy me he soltado la melena. Bueno, y éste es sólo el principio de la historia, ya iré descubriendo nuevos inconvenientes según se vayan presentando. Os mantendré informados, porque esta semana me da la impresión de que voy a estar muuucho por internet. Con el calor que echa el bicho éste, por favor…
24/07/2007La cosa, propiamente dichaLlegué, a través del país ése, el del miedo, las prohibiciones, el aparente bienestar y el brillo de los felices. Tras “la línea” me esperaba un hogar, frágil, reconocible, tanto que podría haber sido el mío. "Cirios”, que son como los cardones, pero de un solo palo. Valles de cirios.
(En la foto salgo yo, pequeñita, a la derecha, para que veáis las dimensiones de estos "cardones"). Desierto. Preludio oníricoA los amigos blogueros: os he leído, todo todo, como la niña del anuncio. No he respondido por falta de tiempo, y por falta de disposición, más probablemente. Especialmente a la “Mala” (dame tiempo). Luego llegaron los días de Madrid, como si no conociera la ciudad, pisarla como nueva. La vida me regala otra vida, pequeña, contenida. 05/07/2007CERRADO POR VACACIONESComo ya dije en un post anterior, el lunes (2 de julio) me fui de vacaciones, y aquí estoy, living la vida loca, muy contenta, la verdad. Estaré fuera un par de semanas, y en este tiempo no escribiré ningún post. Pasadlo bien, tanto si os váis de viaje como si os quedáis en vuestros lugares habituales. Nos leemos pronto. Iwi
26/06/2007Pasaporte, en Madrid y verano
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Llevaba varios días queriéndome renovar el pasaporte. En realidad, el que tengo no caduca hasta octubre, pero como es el modelo antiguo, y el lunes parto hacia los USA, necesitaba el nuevo. Me empezaba a urgir, y el viernes, por circunstancias que no vienen al caso, no pude ir. Miré por internet cuál era la comisaría más cercana a mi casa y los horarios. Lo ponía bien claro: calle Tal, número Tal, de 9 a 14 horas. El lunes, a eso de las once, me dirigí tan tranquila a la comisaría, y nada más llegar, veo una especie de tumulto en la puerta. Me acerco, agudizo el oído y casi me caigo para atrás. No quedan números. ¿Números? No quedan números. Para hoy no hay números. El policía de la puerta sólo hace repetir la misma frase. ¿Y a qué hora hay que venir? A las nueve, mañana a las nueve se repartirán nuevos números. Menos mal que me dediqué a hacer preguntas a los que se encontraban allí esperando, porque descubrí que había que irse a las siete y media para hacer cola porque si llegabas a las nueve o más tarde ya no pillabas número. En ese momento también tuve la lucidez de ir a preguntarle a la de información (espera cola) si la foto que acababa de hacerme en el fotomatón era válida para el pasaporte, y me dijo que ése modelo sí, pero que la foto en concreto no, porque tenía un ¡brillo blanco! Toma ya. Tres euros tirados. Me pregunto yo… sé que quizá es una pregunta tonta: si es una comisaría que se dedica exclusivamente a la tramitación de documentación, ¿por qué pone en el horario de 9 a 14?, ¿por qué en ningún sitio explican que si no vas de siete y media a ocho y media no te atenderán? Encima el policía de la puerta tampoco te lo explica si no lo sonsacas. Y tampoco lo explica ningún cartel. Tan sólo hay colgado uno, viejo, donde figura escrito a mano, con una letra casi gótica: “Agotados los números para pasaporte”. También hay otro que explica que el plazo de tramitación es de cuarenta y ocho horas. Ahí respiré tranquila. Me daba tiempo. También me enteré, exponiendo mi caso a unos y a otros (en realidad casi todos se encontraban en circunstancias parecidas), que si a ultimísima hora te presentas en el aeropuerto, con un billete, te lo hacen en el acto, pero no quise ser tan arriesgada. Total, informada, me fui a hacer unas compras para mi viaje y de tapeo con una amiga. En un grave error de cálculo, esa misma noche, no se sabe cómo, acabé de copas con mi amiga, y llegué a casa pasada la una de la noche, con un tajón respetable. No tengo remedio ninguno. ¿A quién se le ocurre? Qué horror, qué mal cuerpo cuando me desperté. Muriéndome, descubrí que había overbooking en el baño, por lo que al final he llegado a las ocho a la comisaría. Había una cola importante, aunque estaban mezclados los del DNI (que también van por número) y los del pasaporte. A las nueve repartieron los números (algunas personas que habían esperado cola se quedaron sin ellos), y a mí me tocó el 59. Guardé el número, modelo carnicería, cuidadosamente en mi cartera, no fuéramos a tonterías. No parecía mal número, el 59. La cosa aparentemente mejora cuando veo (en una pantallita luminosa, modelo carnicería igualmente) que empieza a contar a partir del once. El pánico empieza a cundir cuando descubrimos (yo y los amigos que a esas alturas ya me había hecho) el ritmo al que evolucionaba la cosa. A los pasaportes se dedicaba una sola funcionaria, y ¿cómo describirla? ¿parsimoniosa?. Hicimos cálculos, iba a unos trece números por hora. Sin embargo nos resistíamos a aceptarlo, pensábamos que en algún momento aquello aceleraría de alguna manera mágica. Desayunamos, me hice nuevas fotos. Me dio tiempo a buscar una tienda de fotografía (por no sacar brillos esta vez), pero estaba cerrada. Otros tres euros en un fotomatón. Cinco años más con un pasaporte con foto con cara de espanto, con lo bien que había salido en las "inservibles". Nos dedicábamos a estudiar los movimientos de la funcionaria, a criticarla (obviamente), a contar experiencias similares, a despotricar de la Administración. La gente se llamaba de nombre su número, de apellido DNI o Pasaporte. Por ejemplo, yo era 59 Pasaporte. Aunque al final se hicieron grupos más cerrados y ya nos llamábamos por el nombre verdadero. Charlando con unos y con otros, me enteré que de las quince comisarías que expiden documentos en Madrid cinco están en obras. Nadie ha pensado, obviamente, en trasladar a esos funcionarios a las que se mantienen abiertas, ni en hacer las obras en invierno, o qué digo yo, en otoño, ¿primavera? No, en verano, que es cuando casualmente (y lo saben) las comisarías se desbordan de gente que viene a renovar sus documentos porque se va de vacaciones. Caso aparte merecen los niños. Hé ahí otra. Los niños, que acaban de coger vacaciones, ya pueden ir a comisaría y sacar los pasaportes para viajar con sus padres. Cuando veíamos que padre/madre con niños se acercaba al mostrador nos echábamos a temblar, tardaban considerablemente más que los “singles”. Supusimos que, al ser la primera emisión de pasaporte, la gestión era más larga. Los extranjeros también eran temidos, pues solían echar su rato, aunque no comparable al de los niños. Me he encontrado con gente que venía de otras comisarías, dándolo por imposible, y decían que la comisaría a la que yo fui es la mejor. Por lo visto, en la de Santa Engracia (que abre también por la tarde, no como a la que yo fui), la cola es kilométrica, y a las dos, cuando cierran, después de no haber podido hacer nada en toda la mañana, la gente se queda esperando hasta que a las cuatro vuelvan a abrir. Nos alucinábamos continuamente cada vez que el policía de la puerta le decía a todo el que iba llegando (sin tener ni idea de dónde se estaba metiendo y guiándose tan sólo por los horarios publicados en internet o colgados de la puerta, como yo había ido el día anterior) que no quedaban números, que mañana a las nueve. A veces éramos nosotros mismos a los que nos daba pena la gente y le explicábamos bien cómo iba toda la movida. Al no dar correctamente la información, no sólo le estás haciendo perder a la gente un día, sino dos, pues el primero se suele pagar la inocentada, si no es de no conseguir número, como me pasó a mí, de pensar que vas a tardar mucho menos de lo que al final tardas. En un momento determinado, viendo que aquello avanzaba tan poco y empezándonos a asustar un poco, decidimos esperar un rato en la cola de información (no había otra cosa que hacer) y preguntar si había la posibilidad de que se quedase gente fuera a pesar de tener número. Y nos respondieron categóricamente que no, que si teníamos número nos atendían. Respiramos aliviados, sobre todo porque en mi grupo éramos de la zona de los cincuenta y tantos y los sesenta y pocos, y sabíamos que más o menos entrábamos, pero a pesar de las palabras de la de información, no nos terminaban de cuadrar las cuentas sobre cómo iban a entrar los 99. Así pasaron las diez, las once, las doce (parece la canción de Sabina) y… ¡la una! Me atendieron, por fin, a la una. La señora que llevaba el 99 tiene que estar contentísima, sobre todo por las mentiras que nos echaron los de información diciendo que entrábamos todos. Es completamente imposible que esa señora haya entrado según el ritmo que hasta la una pude observar. Ah, y el cartelito que pone en la puerta de que los pasaportes te los dan a las cuarenta y ocho horas es mentira, yo puedo ir a recogerlo el viernes de nueve a dos. Eso son setenta y dos horas, si no se me ha olvidado contar. Aunque bueno, visto como está la cosa, hasta contenta debería de estar de que por fin vaya a tener mi nuevo pasaporte e irme de vacaciones. Había pensado en sacarme el carnet de conducir internacional. Le van a dar mucho. Pienso conducir, si al final lo hago, con mi carnet normal de España. Una canción , para relajarme/relajarnos. ¿Funciona el Odeo? No, no lo puedo creer:
04/06/2007Conexión malditaAprovechando que ha venido un amigo a visitarme este fin de semana, he decidido bajarme al sur en coche con él. Como yo suelo hacer las cosas, siguiendo mi línea, he planificado de pm el viaje, pero ejecutado fatalmente mal. Empecé ya descuadrando el sábado por la noche, cuando me dormí bastante más tarde de lo previsto. Con gran falta de sueño, el día transcurrió como si nada pasara: tranquilamente quedamos con gente, comemos, con mis cañitas, vamos a otro sitio, un café relajado, a la velocidad del rayo hago la maleta, relajadamente departimos con mis compañeros de piso y salimos a las siete y pico de la tarde. Mi madre no espera ni a que llegue para echarme la bronca. Lo hace por teléfono, por salir tan tarde y conducir de noche. Decido aplicar la técnica “me resbala”. El objetivo principal del viaje es dejar mi coche en el garaje de mi madre (sí, me he rendido, es insufrible el estrés al que me somete en Madrid, además del gasto económico), unos papeleos y recuperar unos documentos de entre el montón de papeles arrebujados que guardé después de la mudanza. El viaje se me hace ligero para lo que cabía esperar. Mi amigo se ofrece a conducir, pero me niego. Echaré de menos mi coche. Llego a casa de mi madre, relativamente temprano para lo pensado, a la una y media, esperando comité de bienvenida, confeti y banda de música, por lo menos. Decido no dar en el timbre, usar mis llaves y darles una sorpresa. “¡¡¡Hoooola!!!” Silencio. La única iluminación viene de una lamparita del pasillo. Veo un ordenador encendido, debe haber una persona cerca. “Hooola”. El ordenador se había quedado pillado en “error en Explorer…” antes de apagarse y le doy a “finalizar programa”. Me dirijo a la cocina. “¿Hola?” Nadie. “¿Mamááá?”. Voy al dormitorio, se levanta mi madre, me da un beso, me dice que si tengo hambre hay ensalada en la nevera y se vuelve a la cama. Vaya. Me como la ensalada, porque desde la comida del mediodía no me he echado nada al cuerpo. Quiero hablar con alguien. Debería estar cansadísima y tener un sueño demoledor, pero no. Quiero hablar con alguien, algo de animación. No están ni los gatos. ¿Qué pasa aquí, por qué no tengo sueño? De pronto, caigo en la cuenta: además del café de la sobremesa me he tomado dos redbulls por el camino. Yo no sabía lo que era un redbull hasta hace tres meses. Detestaba su sabor, pero, ajá, existe el “light”, que no está tan malo (el sabor a medicina está levemente atenuado) y con un poquito de esfuerzo se puede tomar. Bonita cosa he descubierto, con lo mal que sé que me sientan los excitantes. Decido retirarme a mi habitación, en la planta de arriba. Subo la maleta y según la deshago, me doy cuenta de la gran cagada: me he dejado en Madrid las llaves del baúl de los papeles. Bieeen. No hay dolor. Mañana pensaremos la solución. A falta de personas reales, me decido por las virtuales y me dispongo a encender el ordenador. A ver… “Preferencias del sistema”, “Red”, “casa madre” (ya lo había configurado en una ocasión anterior, hace unos tres meses, cuando se instaló el wifi en esta casa, y el ordenador lo recuerda). Perfecto. Esperamos un segundo, unos segundos…, un minuto… Empiezo a mirar a mi alrededor, desconcertada, como si la respuesta me fuera a venir del exterior. Bueno, igual no lo he hecho bien. Empiezo a toquichear opciones. Nada. Reinicio el ordenador, no sé por qué, pero lo hago. De pronto aparecen unas letritas “Jazztel Wireless”. JA. Ya está. Leo el post de Omanero y pienso: “qué gracia, justo estaba yo con la conexión, pero ya está arreglado, mira tú, es verdad que los macs son fáciles”. En ese momento, salta el Messenger del Dock, señal de que se ha caído. Miro el AirPort y ¡su p... madre!, otra vez en blanco. (El AirPort en los mac, para el que no lo sepa, es como un medidor de cobertura del wifi, con cuatro rayitas que se ven rellenas o no dependiendo de la calidad de la señal). Aquí me desquicio. ¡Ahora no he tocado nada, no puede desaparecer así como así! Es imposible que sea por culpa de nada que se haya hecho a través del otro ordenador porque son las mil de la noche y está apagado, que lo he apagado yo con mis manitas. ¿Qué pasa aquí? Espero, quizá sea algo momentáneo, espero, espero, me leo las páginas que tenía abiertas, para hacer tiempo, espero, y no. Houston, tenemos un problema. Es ese momento intento tranquilizarme a mí misma porque me doy cuenta de que es una combinación fatal la desesperación por arreglar una conexión con la ingesta masiva de redbull. A ver, tranquilidad. Volveré a repetir los pasos que di anteriormente, me digo. Acabo apagando y encendiendo el ordenador tres veces. Rendida ante la evidencia, decido bajar y comprobar que los cables del router están bien ajustados. Los aprieto, uno por uno, y subo. Nada. No puede ser que no funcione, porque hace un momento ha funcionado, y era la de esta casa, no la de nadie más. Me desespero y empiezo a considerar que quizá sea un problema demasiado complejo y que debería resolverlo al día siguiente. Pienso que me conformaré sólo con leer un correo que me había quedado por abrir, aunque tenga que conectar el ordenador por cable. Decido bajar, con calcetines y el mac en las manos, por las escaleras, trampa mortal donde las haya, porque los escalones tienen una banda de madera que si las pisas ríete tú del patinaje sobre hielo. Jugándome la vida, y sobre todo la de mi mac, llego abajo sana y salva. Después de una fiesta de apaga luces-enciende luces, ésta no es-la otra tampoco, localizo el teatro de operaciones. Busco un cable, busco un cable, busco a jacks. No hay cable. ¡¿Cómo no puede haber cable?! Cuando me empiezo a hundir sin remedio, miro el AirPort, y ¡está bien!. Ya hay Internet. Sin caber en mi de gozo, vuelvo a iniciar la ascensión, mucho menos peligrosa que el descenso pero no por ello exenta de riesgo. Me voy, toda feliz a mi cama, y… “Servidor no encontrado”. Me cambia el gesto de la cara, aunque ya intuyo cuál es el problema y no lo quiero creer. Me acerco a la puerta: no. Me acerco a la escaleras: ¡sí!. Voy reculando hasta la puerta. Aguanta, aguanta, va bien. No. ¿Cómo? Sí, vuelve, vuelve, falsa alarma. Acabo dando vueltas por toda la habitación, como el que va midiendo radiactividad. Tras numerosos movimientos prueba-error, llego a la conclusión de que en la zona del cabecero de la cama no hay cobertura, pero sí en la zona de los pies, aunque débil, sólo de dos líneas. Identificado el problema, decido ponerle solución: coloco la almohada en la zona de los pies, a modo de mesa para el ordenador. Cuando me dispongo a entrar en faena, la red se cae, otra vez. Al borde de la desesperación, lo elevo con los brazos, como clamando al cielo, y oh sorpresa, vuelve, con sus cuatro rayitas completas. Lo miro con escepticismo, lo bajo, vuelve a dos rayas, tres, lo subo, dos, lo bajo, una, tres, lo desplazo hacia una esquina, parece que se estabiliza en dos. Mentira, que cuando más convencida estaba, se vuelve a caer. Se ha vuelto loco, definitivamente se ha vuelto loco, y me va a volver loca a mí también. Me niego a aceptar la evidencia de que probablemente, mi habitación, mi cama, sea el único lugar de la casa donde no llega el Wifi. No puede ser. Me niego. Me voy a la cocina, no sé si por obtener calidad de la conexión o porque tengo más hambre. De golpe me levanto y me lanzo sobre la nevera. Era hambre. Maldición, es verdad que la dieta ha llegado a esta casa. Gazpacho, vitalíneas, frutas y verduras. No me gusta la fruta tan fría si no es pleno verano. Hay cerveza, será por si llegan invitados. La miro con ojos de deseo, pero no, no puede ser. Desisto: ¡a la despensa!. ¡¿Nada?! Un paquete de galletas dietéticas… vacío. Tras mi incursión en la cocina una idea acude a mi mente: alargar el router lo más posible. Durante la operación tiro una papelera y una lámpara de mesa, para al final conseguir alargarlo… un metro. Vuelvo esperanzada de que ese metro sea el mismo que separa los pies de la cama del cabecero. Voy, dispuesta y convencida, me siento en la cama, orgullosa de mi ingenio a altas horas de la noche, y… no, la conexión se vuelve a perder. En los pies de la cama seguimos igual. Me recupero del disgusto como puedo. Pienso, pienso, nada. Mientras pienso, me voy de paseo por el pasillo con el mac bajo el brazo. Es evidente que en la escalera va, en el pasillo también. Abro puerta, cierro puerta. Le afecta. Conclusión final: Se mantiene (dos o tres rayas de media) si dejo la puerta abierta y me siento en los pies de la cama, aunque con alguna caída esporádica. (Tanto rato para esto). Conclusión 2: con la puerta entreabierta tan solo 5 cm. también vale. Nota positiva: cuando va, va rápido. Conclusión 3: se soluciona comprando un cable telefónico más largo, evidentemente. Conclusión 4 y más importante de todas: no vuelvo a tomar redbull. (Y eso que no es he contado la primera vez que me tomé un redbull entero: en esa ocasión me dio por quemar un palé de obra en una chimenea, poco a poco -porque no entraba completo y no se podía partir-, cuidando de que el fuego no pasara al resto de la casa; tres horas tardé). El redbull ha despertado el monstruo obsesivo que había en mí. Total, al final para nada, porque cuando por fin he conseguido identificar y solucionar el problema, ya no tenía ganar de navegar, ni de bloguear ni ná de ná. Ahora, sigo sin poder dormir. 11/04/2007Kirikita, la niña refugiadaEl vuelo para el trayecto Madrid- Casablanca con EasyJet sale por unos 30 euros ida y vuelta, pero ¿no es mucho más emocionante hacerlo en coche? Claro que sí. Yo sé que por mucho que explique nadie podrá captar completamente la atmósfera que se ha vivido en este viaje, donde se pasaba de la felicidad a la pesadilla varias veces al día y con una facilidad pasmosa. Para empezar, hay que considerar que si metemos a tres adultos y una niña de tres años en un coche durante varios días, sin ninguna otra influencia del exterior que un disco de punkrock de los 80 (porque había cuatro cds más, pero ése era EL CD), el resultado no puede ser normal. Sin duda alguna, la protagonista absoluta del viaje ha sido Kirikita, la niña. (Mariquita, dicho con lengua de trapo es Kirikita). Las conversaciones se vuelven repetitivas: “Me llamo Kirikita”, “no, te llamas Paula”, “no, yo no me llamo Paula”, “te llamas Kirikita”, “noooo”, “te llamas árbol”, “nooo”, “te llamas perro”, “noooo”, “te llamas Candela”, “nooooo”, “Kirikita”, “¡¡¡Que no me llamo Kirikitaaaaa!!!” Así durante horas. Después de varios días de lavado de cerebro la pobre niña casi acepta que se llama Kirikita. También tenemos como más destacados los juegos del “cocolilo” y el de “me como tu nariz”, y el cuento estrella era “Caperucita” en todas las variantes posibles, por encima incluso de “Los tres cerditos”. También despliegue de emociones básicas: “estoy triste”, “estoy enfadada”, “estoy triste y enfadada” (cada palabra con su entonación particular, escenificando) o “sólo estoy triste”, “estoy contenta”, “tengo miedo” (y Kirikita, que comienza a demostrar un arte especial para el chantaje emocional, las utilizaba hábilmente para conseguir sus objetivos). Todo intercalado con la bonita canción: “Yo tengo un amigo que se llama Jesús”, “Yo tengo un amigo que se llama Kirikiiiita…”, y “Allah Akbar” (Alá es grande), por lo del toque local. Una locura. Al final, aunque Kirikita estuviese dormida los adultos seguíamos hablando de la misma manera. Otra regla era que si otro adulto se unía al grupo, aproximadamente en media hora acababa hablando igual: “ésta sí”, “ésta no”, “me llamo…”, “eres bueno”, “eres maaala”… Conclusión, nivel intelectual general de las conversaciones: de niño de tres años. Ah, Kirikita tiene sus canciones favoritas, y cansina como ella sola, por la edad que tiene (esa en que los niños son tan repetitivos) y por herencia de la madre, todo hay que decirlo, había que repetir las canciones innumerables veces. “¡Otra vez, otra!” Menos mal que Kirikita tiene buen gusto: Por orden de preferencia son éstas: “El Pato” de Talking Heads. Sin duda es la favorita. Cuando en el estribillo cantan “Fa fa fa fa fa…” hay que decir “cua cua cua cuá, cua cua cua cua cua cuá” y si se hace el pato con los brazos mejor que mejor. “Lompeolas, Lompeolas” de Radio Futura “Puaj, que asco” de The Clash, durante el estribillo en vez de “Rock the Casbah” hay que decir “puaj, qué asco, puaj qué asco”. Probadlo, pega un montón, ocurrencia de Kirikita. También le gustan “Love Cats” de The Cure y “Stand and Deliver” de Adam & The Ants (la del caballo, de toda la vida). Kirikita, la niña refugiada, comenzó a ser refugiada cuando se dejó olvidada su ropita de princesa en casa de la abuela y hubo que comprarle ropitas de niño marroquí en el mercadillo para que no pasase frío, que por cierto, Marruecos NO es el Caribe, hacía un tiempo casi como el de aquí, nos llovió dos días. Kirikita también se echó un noviete marroquí, un rollo pasajero, era un monstruito de niño y la propia Kirikita renegó de él el último día. Ah, Kirikita descubrió… ¡el yogur rosa chicle! Se trata de unos yogures con un contenido completamente líquido de aspecto radiactivo y efectivamente de color rosa chicle. Tan solo uno de los adultos tuvo el valor de probarlo y dijo que estaba asqueroso, por lo que los demás no hicimos más intención, pero a Kirikita le encantaban, y debe de tener un gran éxito en Marruecos puesto que encuentras los envases tirados por todas partes. Así que imaginad, cada vez que veía un envase: “quiero rosa chicle, rosa chicle…”. Si la dejabas se podía tomar tres de una vez. Ah, pequeño detalle, a veces Kirikita se mareaba en el coche y vomitaba, pero la pobre, qué buena es, avisaba para que le dieran una bolsa. Os podéis imaginar el color del contenido, ¿no? Momento cumbre: una de las veces la bolsa estaba agujereada, pasando de mano en mano, chorreando rosa chicle por todo el coche, todos gritando… El estado general en que estaba el coche por dentro es indescriptible (galletas roídas, botellas vacías, mapas, papel higiénico, toallitas de bebé, papeles varios, cds, fundas de cds, chaquetas, bolsos, bolsas de plástico de contenido incógnita…). Y a lo que habéis imaginado añadid el olor a pollo al ajillo del último día. Hay más capítulos en este viaje: En fin, eso por encima y de lo que se puede contar, que ha sido completito el viaje. PS: Hasta que no he llegado a casa tras las vacaciones y alguien me ha dicho “por lo menos no has tenido que soportar las procesiones” no me he percatado de que era verdad. 25/03/2007Otro día másSábado, una y pico de la noche, ya en casita, qué responsable, qué tranquilizador, pero no. Salí yo de mi casa a la una y media del mediodía o así, que no podía con mi cuerpo de la noche anterior, y de la otra, y de la otra, (sin drogas estimulantes, conste, y muy orgullosa que estoy de ello). Salí yo, a tomar unas cañas, porque qué sol hacía hoy. Dicen que una caña es el mejor remedio contra la resaca, aunque hace poco leyera un artículo que lo desmentía, pero quiero seguir creyendo esa opinión popular. La primera en un bar que nos cogía de camino, la siguiente en la terraza de otro de la calle Argumosa, qué suerte que unos se iban y pillamos mesa, era nuestra y no nos la quitaba nadie. Una caña, otra y otra, unas tapas para amenizar, que de algo vive el hombre. La compañía, inmejorable. Unos fijos, otros variables, gente nueva. Sol, qué agradable. Cuando nos levantamos eran las seis de la tarde. Me recordó a los tiempos de la facultad, pero todavía no sabía hasta qué punto este día me los iba a recordar. Yo estaba dispuesta a volver a mi casa y echarme una siesta histórica, pero tampoco. Alguien sugirió “La Zapatería”, famosa por su sangría, que había sido tema de conversación en la mesa. Y yo, que nunca fui entusiasta de la sangría, me dispuse a conocer ese renombrado y decadente local, no fuera que me faltara en el currículum. Lo más destacable del rato: confesiones de lo peor que has hecho por amor. Obviamente lo mío no voy a contarlo aquí, se reserva a los asistentes, pero no tuvo desperdicio la conversación, lo que me divertí. De pronto eran las nueve, nadie sabe cómo. Sabíamos que hoy cambiaba la hora, como siete veces hemos intentado a lo largo del día descubrir si se “ganaba” o “perdía” una hora, las siete de manera infructuosa. Todos los años pasa igual. Entonces, ya que estábamos al lado, y esperábamos a “Fulanito”, (pero ya nos íbamos, ¿eh?), para hacer tiempo, decidimos tomar algo en “La Negra Tomasa”, sitio cubano por excelencia. Cayeron unos mojitos. Hasta que no fui al baño no me di cuenta de que yo ya había estado en ese bar, cinco años atrás, y que perdí un avión por su culpa. Mola, mola el lugar, me falta ir a comer un día. Después de eso, en la disyuntiva de si seguimos o nos vamos a nuestras casas, llamó otra amiga, que estaba muy cansada, que no salía, pero que tenía una botellita en su casa, que mejor nos pasáramos y organizáramos algo tranquilo, que ya no tenemos edad para otra cosa. Pues eso, le tomamos la palabra. Ideal. Y como buenas maruj@s, nos tragamos a Gema Ruiz (¿se llama así la ex de Álvarez Cascos?) en Dolce Vita contando sus amores y desamores. La destripamos. Esa mujer no ha podido resistir la mala energía que entre risas y desfases le hemos transmitido. Y ahora, pues escribiendo un rato, y oye, qué listo mi ordenador, que ha cambiado la hora él solito. Sigo sin saber si se “gana” o se “pierde” la famosa hora, pero creo que me da igual. Mis mejores deseos al que me lea. Cancioncita recomendada: "Psycho killer" de los Talking Heads, pero os la vais a tener que buscar vosotros porque no estoy pa Odeo. 19/03/2007¡Dame un euro!Volvía yo de casa de un amigo, a eso de las once de la noche, hoy domingo, cuando se me acerca un yonki, de éstos terminales, (la calle desierta, la noche ideal, como en la canción), y me dice que le dé un euro. No llevaba bolso porque sólo iba a salir un momento, que se prolongó por un imprevisto. Contenido de mis bolsillos: Bolsillo izquierdo: dos monedas de diez céntimos y las llaves. Bolsillo derecho: un billete de cincuenta euros (a la vuelta de casa de mi amigo pensaba comprar comida en la tienda de los chinos; recordad del post anterior que no tenía comida en la nevera). Comienza el diálogo, y el regateo… - No llevo nada, de verdad - Sí llevas, dame un euro, todo esto muy agresivo, encarándome y acercándose mucho Me empiezo a acojonar, me doy cuenta de que el tío está enmonado. Cuando digo que estaba terminal es terminal, chungo chungo, que no es por darle más emoción a la cosa. Sopeso la situación, no quiero darle los cincuenta euros ni de coña, recuerdo una vez que me conseguí escaquear en un caso similar (Granada es muy buena escuela) e intento la misma estrategia, haciéndome la víctima pobre y colaboradora: - De verdad que no, sólo llevo esto, sacando las dos monedas de diez céntimos y ofreciéndoselas. Ojalá hubiese llevado más suelto que eso, se lo hubiese dado, en este caso sin dudarlo, pero tuve la mala suerte de que la circunstancia fue así. - Esto no lo quiero, sí tienes más, dámelo - Que no, de verdad, que esto son las llaves, las saco y se las muestro. - Que tienes más - Que no, si es que he salido un momento de casa, no llevo nada - Sí llevas, no, no te voy a hacer daño, pero sí llevas, lo de que no me iba a hacer daño me alivió bastante, la verdad, y me dio fuerzas para seguir con mi papel. - Que no… y cojo y le doy la vuelta al bolsillo, con todo el morro - Bueno, y se va refunfuñando algo. El yonki, con su enlobamiento, no reparó en que tenía otro bolsillo, y no me lo podía creer. Respiro aliviada, un poco nerviosa, y sigo calle abajo. Cuando llevo un tramo compruebo que no me sigue, que ha ido por otra calle y continúo andando, giro en la esquina y me meto en la tienda del chino. Hago mi compra, toda feliz, y salgo con la bolsa en la mano. Y de pronto, oh sorpresa, me encuentro con el yonki de cara. Puse todos mis deseos en que desapareciera la bolsa de plástico, pero no ocurrió. Él la miró, yo la miré, y sí, esa bolsa no estaba cinco minutos antes. - Ves como sí llevabas más Ahí sí que me dio miedo. Estaba cabreadísimo, los ojos desencajados. Glups, glups, glups. Ahora llevaba en el bolsillo derecho veinticinco euros en billetes y una moneda de dos euros. Vuelta a empezar. - Es que me fían en la tienda, no os podéis imaginar el descoloque que yo tenía. - ¡No me lo creo!, normal, normal que no se lo creyera, ¿desde cuándo fían los chinos?, anda que yo también… - Que no llevo nada, y vuelvo a sacar las monedas de diez céntimos, pero según las saco las vuelvo a guardar, eso ya lo habíamos vivido. - No me lo creo, que sí llevas - Que no… - Como no me lo des ahora mismo todo te busco, eh, ¡te busco! Ahí me acojoné, porque vivo muy cerca y sí que me lo podía volver a encontrar. Metí la mano en el bolsillo derecho, y palpé. Estuve tentada a darle los billetes, pero me tropecé con la moneda de dos euros, la agarré y la saqué con mucho cuidado de que no sobresalieran los billetes, todo con mucha naturalidad. Cuando el yonki vio la moneda, toda nuevecita y brillante, se le iluminó la cara, y aunque yo ya estaba dispuesta a darle todo el dinero si me insistía una sola vez más, pareció que se conformaba con eso, con lo que me relajé. - Ves como sí llevabas - Es que me debían dinero en la tienda… Lo mejor es que va el tío y me dice: - ¡Ah, perdona! No sé por qué tuve que darle esa explicación, parecía que me sintiera incómoda porque me hubiera cogido en la mentira, pero en realidad yo sólo quería buen rollo con un yonki que me podía volver a encontrar cualquier otro día. Se fue, mirando los dos euros en la mano, por la calle en dirección contraria a donde yo me dirigía. Esta vez sí que aceleré el paso y en más de una ocasión comprobé que no me seguía. Lo que me faltaba era que supiese dónde vivo. Cuando llegué, alteradísima, le conté lo sucedido a mis compañeros de piso. Me dijeron que si me lo volvía a encontrar se lo dijese a ellos, que venían conmigo a hablar con él. Qué majos son. La verdad es que imponen, en especial uno de ellos, grande, barbudo, con pendientes y voz de ultratumba. Vamos, que si me vuelve a decir algo se lo mando. También me aconsejaron que en esos casos hay que gritar, que entonces se van asustados, y lo apunto para otra vez, nunca se sabe cuándo ésa puede ser la mejor opción. Aunque, por ejemplo, la primera vez que me tropecé con él creo que no me hubiera escuchado nadie. La segunda supongo que sí, la verdad, pero no se me ocurrió. En estos casos nunca se sabe cómo uno va a reaccionar y quizá he pecado de temeraria, pero ha salido así y ya está. 18/03/2007Mi semanaPasan los días volando y yo me debato entre la culpabilidad por esta vida fácil y el afán de aprovechar hasta el último momento ante la expectativa del nuevo trabajo tras la Semana Santa. Y hoy domingo me duele todo, el cuerpo, digo, el alma ni siente ni padece. Me ha despertado una llamada preguntándome si me apuntaba a tomar unas cañitas. Esta vez no. Luego me he arrepentido, tengo un hambre canina y no hay comida en la nevera. Es lo que tiene la vida disipada. Con la media neurona atontada que me queda yo me pregunto: ¿tengo yo ya edad para esto? Y la otra media neurona me responde: no, hija, no. Pero no sabemos qué nos depara el futuro y hay que aprovechar; además, creo que a mi estado anímico le viene bien este no pensar. Eso me dicen, que tengo que salir, y como veis yo me tomo las cosas muy a pecho. Y eso es todo, amigos, siento que el post no sea lo más elaborado y sesudo del mundo, y limitarme al diario de mi vida personal, pero no doy para más, la verdad.
14/03/2007Mi viaje al País VascoBueno, éste es el regalo que nos hemos hecho mi amiga y yo, para suavizar un poco las penas de los últimos meses: un viaje de seis días en coche por el País Vasco, sin ningún tipo de obligación, vacaciones que se llama, improvisadas y fuera de temporada, lo mejor. El alojamiento gratis: nos quedamos en una casa que la familia de mi amiga tiene desocupada en Bermeo. Además, un amigo común, guapísimo bilbaíno, nos ha acompañado en todo momento haciendo de guía impagable. Quizá hemos acabado más cansadas de lo esperado (se suponía que esto era de relax), pero ha merecido la pena. Si algo tengo que destacar es el gran sentido del humor de mis acompañantes, que han hecho que lo que más ha abundado en este viaje hayan sido las risas, junto con esa manera de disfrutar de la vida que tienen y que tanto coincide con la mía propia. Además, he recordado lo que me gusta conducir cuando es por auténtico placer y la libertad que inspira. Qué gozada de viaje, acaba de pasar por derecho propio a mi lista de los mejores que he realizado.
Día 1: miércoles, 7 de marzo de 2007 Siguiendo mi incorregible costumbre, hago la maleta con tan sólo una hora de antelación. Evito los detalles estresantes. Se suponía que debíamos estar en el coche a las diez, recoger las llaves de la casa donde nos íbamos a quedar y continuar hasta Bilbao. Culpa de las dos, salimos sobre las once y pico, pero sonrientes. Sabíamos por las predicciones meteorológicas que buen, buen tiempo no nos iba a hacer. Lo que no esperábamos, a la altura de Somo… ¿saguas? ¿sierra? (nunca me acuerdo del nombre de este puerto), es que nos íbamos a encontrar con ESO. Todas las variedades climatológicas que no estoy acostumbrada a ver: aguanieve, seguida de nieve y de granizo. Temporal, con todas sus letras. La niebla siempre presente. Jeje, risilla floja. Para nuestra sorpresa, según avanzamos, el tiempo mejora, pero cuando entramos en el País Vasco vuelve a empeorar. Llueve de una manera considerable, de ésa en que con tan sólo unos segundos de exposición ya estás empapada. Llegamos a Bilbao a las tres y pico. Nuestro amigo nos esperaba cerca de la Iglesia de San Nicolás. Dejamos los coches en el parking y nos fuimos directos a por una cañita, que nos la merecíamos. Seguía lloviendo. Risas, puesta en común, risas. Otra cañita, ellos se pasan a algo más fuerte, yo tengo que conducir todavía. Nos movemos a un bar de la modernidad bilbaína, ¡cuánta anoréxica!, en serio, exagerado. Pero Bilbao nos gusta. A las ocho y pico, decidimos reanudar nuestro viaje. ¡Qué viento al volver al parking! Nos volábamos y eso, unido a las copas de más, provocaba aún más risa, parecía increíble. Nos dirigimos a Bermeo, nos equivocamos y tiramos por la carretera de la montaña. No me importó. Incluso de noche, todo el paisaje, las carreteras sinuosas y la humedad en el ambiente, me recordaban inevitablemente a mi querido Gales. Cuando llegamos, a eso de las diez, muertos de hambre, decidimos tomarnos algo en una taberna: unos txacolís y unos pinchos. Después de eso nos retiramos, no dábamos para más. Día 2: jueves, 8 de marzo 2007 Nos levantamos cuando nos pareció, es decir, tarde. Mi amiga me despertó a eso de las doce, eufórica, anunciándome que había salido el sol y que debíamos aprovecharlo. Nos vestimos rápidamente y salimos a pasear por el pueblo, que por cierto es precioso. Está en la costa, pesquero, auténtico, rodeado de colinas verdes. Los bermeanos son conocidos en la región por ser muy suyos, y fama especial tienen las bermeanas, auténticas administradoras de las economías familiares debido a las largas ausencias de los maridos cuando se hacían a la mar, por lo que se puede decir que en el pueblo siempre ha imperado un auténtico matriarcado. Visitamos la iglesia, la misa era en euskera, un hecho curioso para alguien de tan lejos como yo. Paseamos por el muelle, con la pequeña isla de Ízaro al fondo, y mi amiga, que es oriunda del lugar, me contó algunas de las leyendas que la rodean. Hacía muchísimo viento y era hipnótico contemplar las olas romper con esa violencia. Tras el mágico momento comenzó a llover de nuevo, por lo que corrimos a refugiarnos en un bar. Cuando la lluvia cesó fuimos en coche al cementerio, que es impresionante, situado sobre un acantilado con vistas imposibles y cuajado de panteones familiares con esos nombres vascos largos y enrevesados de pronunciar. Ya en el coche, decidimos continuar hasta Mundaka y fue una decisión más que acertada. El verde no dejaba ni un resquicio y, a pesar de los días de mal tiempo, el mar tenía unos tonos azules verdosos tan bonitos que era todo de cuento. Mundaka es un lugar idílico, con una ría acabada en una playa infinita de arena clara rodeada por acantilados. Tomamos unas cervezas y unos txacolís, junto con unos pinchos, en un bar que da al pequeño puerto, y más agradable no podía ser, hasta la música, suave y electrónica, acompañaba. Luego paseamos un poco y nos tumbamos sobre la hierba aprovechando unos rayos del sol que había vuelto a salir. Al subir al coche nos atrapó la voz de Brian Ferry cantando “More than this”, por lo que decidimos posponer un rato la siesta y continuar el viaje hasta Bakio.
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Playa de Laga, Mundaka La carretera que lleva hasta este lugar desde Bermeo discurre paralela al mar, a gran altura y rodeada de árboles, con muchas curvas que obligan a ir a poca velocidad, lo que favorece la contemplación de un paisaje que hace que estés más cerca del cielo de lo habitual. En Bakio, animada por tanto disfrute, metí el 4x4 por la arena de la playa del pueblo y así recorrimos toda la orilla. [Decido dedicar parte del efecto del porro a mi ordenador nuevo, que para eso lo he traído. Sabía que hacía bien trayéndolo (en ese momento escribí algunas de las líneas de este post).
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Playa de Laida En las cercanías del Valle de Oma hicimos un alto espontáneo en el camino que lleva al Bosque Pintado. Para llegar al mismo, un cartel indicaba dos horas y media de caminata, así que ni de coña, pasando, pero el punto de partida en sí mismo es un paraje precioso, con cuevas y un valle de ensueño. Allí había un bar solitario situado en una casa de trescientos años con vistas al valle. Paramos y nos tomamos un mosto, porque el sitio lo merecía.
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Elantxobe Esta época del año es ideal para viajar, un poco pronto quizá, pero no hay ni rastro de esas molestas hordas de turistas veraniegos. En la zona en que nos movimos, las carreteras son estrechas y tienen curvas; sin embargo, el ir despacio es más un placer que un inconveniente, sobre todo en los kilómetros, muchos, que transcurren paralelos al mar, y que casi siempre vienen rodeados por infinitos prados verdes o bosques de árboles centenarios.
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casco viejo de Hondarribia Después de tanta ruta teníamos los cds del coche más que oídos y tardamos en encontrar una emisora de radio en condiciones (los domingos ya se sabe), pero lo conseguimos y mereció la pena. Hicimos un viaje de vuelta de lo más agradable, directo por autopista esta vez. Llegamos bien entrada la noche y un poco cansados, por lo que decidimos dar por finalizada nuestra estancia en tierras vascas y retirarnos a dormir. Día 6: lunes, 12 de marzo 2007 Nos levantamos temprano, limpiamos la casa y subimos al coche, con una mezcla de nostalgia por el tiempo vivido y de horror ante la vuelta a las obligaciones que implican Madrid y nuestras vidas en general, aunque con una sonrisa en la cara y la certeza de que estos días ya no nos los quita nadie.
06/03/2007:)¡Por fin! Esta tarde me he comprado un precioso nuevo portátil, un MacBook .
![]() Es incluso mejor de lo que imaginaba, aunque aún estoy habituándome al nuevo sistema y al teclado. Llevo con una sonrisa perenne desde las cinco de la tarde. Además, mi compi de piso se ha portado genial y me ha instalado todas las aplicaciones imaginables, aunque traía un montón ya instaladas. Ay, no quepo en mí de gozo. La verdad es que, entre unas cosas y otras, ya son más de las dos de la mañana y no estoy muy lúcida para escribir nada medianamente coherente, pero como prometí escribir en cuanto tuviera ordenador nuevo, pues lo hago. Mañana tengo un millón de cosas que hacer: un cumpleaños, comprar el regalo, hacer la maleta, esperar a los de la bombona, recoger un paquete... Si encuentro un huequecillo escribiré algo, porque tengo muchas cosas por decir. Qué pena que justo ahora me tenga que ir de viaje, ¡cachis! No es por nada, pero me pienso llevar el ordenador al viaje, llamadme loca o lo que queráis, pienso disfrutar de los paisajes como la que más, pero mi ordenador viene conmigo. Seguramente no habrá cobertura de ninguna red gratuita, ni nada, pero yo me lo llevo. [El ordenador viejo sigue secuestrado; no comment, no amarguemos el momento]. | |