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weblog de Iwi

El crujido en el estómago

Eso que llaman clarividencia puede no ser más que un decodificado inconsciente de señales. En un momento determinado sabes algo, aunque todavía no sabes que lo sabes, lo intuyes sin ni siquiera percatarte de ello. ¿Intuición? Quizá se trate de una forma refinada de inteligencia.

Sea como sea, tengo la experiencia en dos ocasiones de abruptamente tener la certeza de una ruptura sentimental (el crujido en el estómago), antes de que ocurriera, antes incluso de que cualquier indicio lógico o criterio objetivo lo indicara. Pero solemos despreciar esas intuiciones y sólo con posterioridad confirmamos su autenticidad. O no queremos oír lo que nos quieren decir, negamos la evidencia.

La primera vez fue hace años. Tras una noche desastrosa en la que yo estaba muy cansada y no hacía por favorecer la química con los amigos de ella, nos retiramos al hotel relativamente temprano. Ella estaba de mal humor y no quería hablar. Un momento bajo como otro cualquiera, nada que indicara una grave crisis ni nada por estilo. Entonces, con mi cara sobre su vientre, liso y aceituna, suave y dulce, sin venir a cuento, tuve la poderosa sensación de que ésa iba a ser la última vez que la abrazara así. Y empecé a llorar sin contenerme. El ombligo se le llenó de lágrimas. Ella me dejó hacer, lo que yo interpreté como generosidad y al mismo tiempo la confirmación de lo que pensaba.

A la mañana siguiente todo siguió tan normal y olvidamos el incidente. A la semana, me dejó, por teléfono y sin explicación.

La segunda vez fue hará un mes y medio. Me sorprendió exactamente la misma sensación, el extraño vuelco en el estómago y la sensación única de inminencia de la ruptura. Me asusté cuando recibí la punzada e inevitablemente vino a mi mente la imagen de aquella otra vez. No podía ser, otra vez no. Busqué sus ojos con avidez pretendiendo encontrar una respuesta, pero no obtuve respuesta concluyente, ni una pista siquiera. De nuevo lloré, ella también, pero no sé si era por lo mismo. En esta ocasión hablábamos de solucionar los problemas, de poner de nuestra parte. de revisar el caso en febrero, por lo que me tranquilicé, no siempre esa sensación tendría por qué ser definitiva, ¿qué pasó con nuestro libre albedrío, con nuestra voluntad de solucionar los problemas?

Me engañaba a mí misma. No hubo segunda oportunidad, ni espera, ni revisión, los acontecimientos se sucedieron en una secuencia imparable y hasta previsible sobre la que no pude actuar, tan sólo asombrarme ante lo que parecía más bien una película que mi propia vida. Una película mala, además.

Así las cosas sólo me queda esperar no tener nunca más ese puto crujido en el estómago, que es el vértigo ante el abismo.

 

Nota: escribo porque he pillado un ordenador unas horas. tenía mono ya. Hablando de mono, sigo sin fumar... weeeee, oooola.

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1 comentario

Brixta -

Y los demás teníamos mono de tus posts.

Un beso Iwita
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