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Posdata, Intimista

Pensé que era domingo ayer y lleva siendo domingo tres días.

El tiempo detenido para que yo pueda jugar con él. (¿Va bien así?)

Un amigo me pide que escriba un post intimista, que le gustan más que los de política o cualquier otro. Pero no me sale tanto. Ando estos días ocupada en apuntalar esta vida precaria, pero preciosa, que me he construido en el poco tiempo que hace que os conozco. (¿Sí?)

¿Qué quieres saber?

Continúo persiguiendo la cordura, aprendiendo a vivir en la incertidumbre.

Empujada a ser críptica, sueño, de nuevo, con… una vida normal, aunque sospechemos que eso ya no será nunca posible. Cuando quise conocer lugares nadie me habló de las consecuencias, y si yo las intuí nunca les quise prestar atención. Sueño que vivimos cerca, tenemos todos casa y no respiramos con temor al día en que el ambiente se enrarezca y se desbarate todo.

01/11/2007 20:07 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos No hay comentarios. Comentar.

Qué fue de... la niña china adoptada.

Esta historia está basada en hechos reales (y tanto).
El post ¿Anónimas? - 1 , y los acertados comentarios que lo acompañan, me la recordaron. No la conté allí por ser demasiado larga.

En mi vida nunca había tenido cerca un caso de persona adoptada, por lo que no me había llegado a plantear su trascendencia. Hasta que no tuve una novia que era adoptada no me di cuenta de las implicaciones que esta circunstancia podía llegar a tener. Esta ex mía estaba muy afectada por el hecho de que había sido adoptada por padres muy mayores, en la cincuentena, para que ella “los cuidara cuando fueran mayores”. Siempre decía que se debería prohibir que padres tan mayores adoptaran niños, porque luego el abismo generacional era insalvable.
Tiempo después de esta relación, recibí la noticia de que una familiar lejana iba a adoptar una niña china. Yo recordaba a esta familiar como una señora algo mayor, pregunté y, efectivamente, tenía cincuenta y seis años. Tras esta información, y conociendo a la señora en cuestión, y sobre todo a su marido, yo no auguraba nada bueno.

La llamaremos Adela:

Adela, ama de casa, estaba casada con Fermín, cerrajero, autónomo, y algunos años mayor que ella. Ambos disfrutaban de una posición económica desahogada.
Fermín no podía tener hijos, pero Adela tampoco los deseaba, y en el fondo se alegraba de esa esterilidad, ya que le había permitido llevar una existencia mucho más cómoda que la mayoría de sus amigas. Los dos estaban acostumbrados a salidas nocturnas con otros matrimonios de su edad, a cenas y bingo, y a Adela, que tenía un nulo instinto maternal, no le apetecía cambiar ese estilo de vida por nada del mundo. Prueba de ello es que nunca, a lo largo de los treinta años que llevaban casados, se habían planteado seriamente la idea de adoptar un hijo. Sin embargo, Fermín alguna vez había sugerido, aunque sin demasiado ahínco, que no le hubiese importado ser padre.

Entonces, algo ocurrió que hizo que Adela, a su edad, cambiara de idea respecto a la circunstancia de su maternidad. Adela descubrió que Fermín le era infiel. Pero no de una manera esporádica, como había constatado en ocasiones anteriores y sobre las que prudentemente había hecho la vista gorda. Ahora se trataba de una amante estable, y Adela sintió miedo a perder a Fermín, o más bien a que se fuera al garete su matrimonio y, junto al mismo, esa vida que se habían construido. Pero, sobre todo, temía perder su casa, puesto que, como no tenían hijos, era muy posible que si se separaban, el piso, grande y en un barrio bien considerado, se lo quedara él.
Y es que hacía mucho tiempo que la convivencia se basaba en aguantarse el uno al otro, sin pizca ya de la más mínima pasión o deseo.

Una bombillita se encendió en la cabeza de Adela, alentada por la moda de adoptar niñas chinas que había comenzado tras la emisión en televisión de un documental sobre el lamentable estado en que se encontraban los niños en los orfanatos de China.
Adela pensó que Fermín, ilusionado ante la llegada una criatura, se olvidaría de amantes y de buscar distracciones fuera de casa.

Así fue como iniciaron los trámites de adopción establecidos por la Comunidad de Madrid, donde residían. Diversos funcionarios comprobaron sus cuentas bancarias y sus bienes en repetidas ocasiones, y los sometieron a diferentes análisis psicológicos, que milagrosamente pasaron.
Tan sólo hubo una objeción, que era la edad de los futuros padres, por lo que después de casi un año de espera, Adela veía peligrar su plan. La psicóloga encargada de dar el visto bueno se debatía ante la duda. Afirmaba que, si finalmente daba el permiso, sólo podrían adoptar una niña mayor, de unos seis años al menos. Adela se alegró para sus adentros, cuanto mayor fuese la cría menos trabajo les iba a dar. Sin embargo, en el último momento, la psicóloga dijo que no, que eran demasiado mayores. Entonces, la familiar designada como tutora en el supuesto caso de fallecimiento de los padres, se encaró con la psicóloga y le dijo que por muy mal que estuviese la niña en España, mejor estaría que en orfanato chino, que niños tan mayores no los adoptaba nadie y que, si no daba el permiso, sobre su conciencia caería haber privado a una niña de una educación y una vida en condiciones. La psicóloga, reblandecida, accedió.

Y allá que se fueron a China, en un avión fletado especialmente para padres que iban a recoger a sus niñas chinas. Por supuesto, ninguno de los dos disfrutó del viaje, ni de los paisajes rurales, ni de la comida, que les pareció asquerosa, ni de nada. No tenían interés por conocer nada fuera del pequeño mundo al que pertenecían.

En el orfanato se encontraba la que posteriormente sería llamada Almudena.
Almudena, a sus seis años de edad, contaba ya con una historia más que triste. A los tres años fue abandonada por su madre en la estación de autobuses de la capital de la provincia agraria de donde era originaria. La ingresaron en un orfanato, donde, al ser una de las niñas más mayores, pronto se encargaría de cuidar a otros niños. En el orfanato la comida no era el bien más abundante, y Almudena llegó a encontrarse a sí misma bebiendo a escondidas de los biberones de los bebés, a los cuales en más de una ocasión vio morir de hambre en sus brazos.
A su edad, por supuesto hablaba a la perfección su idioma materno, que no era el mandarín, sino un dialecto propio de esa provincia agraria.
Dueña ya de una vida, miserable, pero su vida al fin y al cabo, no quería ser trasladada de ese lugar que se había convertido en su pequeño hogar, ni ser puesta en manos de unos desconocidos con los que le era imposible comunicarse.

El encuentro fue duro, Almudena recurría constantemente a la violencia para hacerse entender, y disponía de tal fuerza física que sus nuevos padres pensaron que, aunque bajita, la niña probablemente contaba con más edad de la que les habían hecho creer.
Además, la niña, casi de inmediato, prefirió al padre antes que a la nueva madre, porque recordaba el momento de ser abandonada por su madre y instintivamente recelaba de las mujeres, según explicaron los psicólogos.

Los primeros meses de Almudena en Madrid fueron muy difíciles, con violencia física por su parte en muchas ocasiones, y Adela, que era quien más se ocupaba de ella, empezaba a desesperar y requería la ayuda de todo el que estuviera cerca. La niña mostraba un odio visceral hacia la madre y ésta, totalmente falta de recursos y de verdadero interés en el que claramente era un caso difícil, se veía desbordada.

A los seis meses de estar en Madrid, Almudena aparentemente se había calmado y comenzaba a integrarse, aunque aún no parecía dominar bien el idioma, según contaban los padres. Todos estaban de acuerdo en que tenía muchísimo genio y un carácter difícil.

Yo la vi por primera vez por aquel entonces. Durante un rato pude estar a solas con ella, mientras la madre recibía en el salón la visita de los que venían a conocer a la niña, una vez que ésta por fin estaba “domada” y podía ser presentada en sociedad.
A solas con ella, en su habitación, pensé en contarle un cuento, con ilustraciones, para que fuera aprendiendo vocabulario. Le empecé a mostrar el cuento, ella asentía y parecía encantada con la actividad. En un momento dado, apareció el dibujo de un erizo, y yo le dije: “Esto es un erizo”, “Eriiizo”, a lo que ella me respondió, en un castellano perfecto: “Yo he visto uno de ésos”. La miré estupefacta. Continuó, de corrido: “Yo sé lo que es, vi uno en China, en el campo, cuando estaba con mi madre, con mi madre verdadera, no con ÉSA”, apuntando con la cabeza hacia el salón donde la madre explicaba cuán fantástica era la maternidad. Tal cual, y el “ÉSA” dicho con un desprecio infinito. Muerta me quedé. Sólo pude decir “Ah, ¿sí?”. “”, me respondió contundente, y continué con el cuento, pero pensando “vaya adolescencia le espera a ésta…”.

Lamentablemente, los padres se negaron a que Almudena mantuviera su idioma, quizá prueba de que no había llegado a España de bebé, sino como una niña ya criada, y porque lo consideraban de clase baja. Aunque, probablemente, si no le permitieron seguir con el chino no fue por que se integrara mejor, sino porque Fermín, facha de los que ya no quedan, quería una niña completamente española y se avergonzaba del chino. Para él, los ojos rasgados no existían, no por igualdad, sino por negación, porque no pudieron conseguir una niña de otra nacionalidad.

(A estas alturas, Almudena ya apenas habla chino, y es una pena, puesto que ese dialecto en concreto hay muy pocas personas en España que lo hablan, y sólo habiendo mantenido el idioma podía haber tenido un futuro casi asegurado, sobre todo pensando en la importancia económica de China, que seguramente se incrementará con los años).

Así las cosas, Almudena, en un claro ejemplo de problema de identidad, de pronto renegó de todo lo que tuviese que ver con China, volvía la cara cuando se cruzaba con chinos por la calle, y en una ocasión, cuando emitían un partido de fútbol por televisión en el que uno de los equipos era Corea, se levantó y apagó el televisor.

Los padres también negaron que tuviera ningún problema psicológico y pronto prescindieron de la psicóloga que tenían asignada.

El tiempo pasó. Ocho años pasaron.
Y como todos podéis imaginar, el hecho de haber adoptado una hija no arregló el matrimonio de Adela y Fermín, tan sólo pospuso el momento de la crisis. No sólo no los unió más, sino que la niña, en principio pretendido punto de unión, se convirtió en motivo de peleas y acusaciones. Almudena no quería a la madre ni en pintura, y a diario terminaban discutiendo por cualquier motivo. Fermín, hastiado por el ambiente familiar, paraba menos por casa, y Almudena acusaba a Adela de ser la causa de la ausencia del padre. Llegó el punto en que era Adela quien ponía todo el interés, del que era capaz, que no era tanto, en el cuidado y educación la niña, mientras que Fermín, desilusionado tras las primeras expectativas, se desentendía totalmente.
La convivencia fue degenerando hasta tal punto que llegaron a utilizar la violencia física, todos contra todos. La pérdida de respeto era total.

Fermín continuó teniendo amantes, y de nuevo una de ellas llegó a ser fija. Fermín le planteó la separación a Adela y a ésta se le vino el mundo encima. Tal como estaba la situación, siendo Almudena una niña lo suficientemente mayor como para poder dar su opinión ante un juez e inexplicablemente prefiriendo al padre, Fermín se quedaría con la custodia, que iría acompañada del hogar familiar, con lo que Adela se encontraba con más de sesenta años, sin trabajo y en la calle. Durante algunos meses intentó desesperadamente dar con una solución, pero fue en balde. La situación era insostenible y el ambiente tan agobiante que Adela, por primera vez, empezó a plantearse la separación como un alivio.
Finalmente, Adela se fue a vivir a la casa del pueblo, la que fue de sus padres y ahora pertenecía a ella y a sus hermanos, y Fermín se quedó el piso. Inmediatamente, tras la salida de Adela, su amante se trasladó a vivir con él.
Sin embargo, Almudena, ahora en plena adolescencia, continuaba siendo una niña difícil que no aceptó de buena gana la presencia de la intrusa.
A la amante, cuando vio el ambiente familiar, le faltó tiempo para salir por patas, y Fermín, que se las había visto muy felices sustituyendo a Adela por otra más joven, se vino abajo, ya que por él mismo era incapaz de llevar un hogar y no sabía ni siquiera cocinar. Además, tenía que trabajar, muchas veces de madrugada, porque era cerrajero de emergencias, por lo que Almudena pasaba mucho tiempo sola.

Ahora Fermín, siempre que puede, cada puente y casi todo el verano, manda a la niña al pueblo con la madre. Ambas siguen sin soportarse y Almudena se ha vuelto intratable.
Por fin se han dado cuenta de que la niña, que padece de obesidad, necesita un psicólogo, pero ahora es la niña la que no quiere ir, y “cualquiera lleva a la niña”.
Adela afirma, sin dudarlo, que se arrepiente de haber adoptado a Almudena.
16/10/2007 11:08 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 3 comentarios.

Se escucha la calle

Se escucha a los borrachos en la plaza, no llega a nivel de bronca, parece discurso, sermón, pero en cualquier momento se desborda. No puedo dormir, no es por eso, pero influye. Mi compañero de piso tampoco puede dormir, tose. Ya lo conozco, a estas horas se le acaban cruzando los cables y le doy diez minutos para que esté llamando a la policía.

No sé si esperar a que ocurra algo más grave o ponerme música con los cascos. Mi ansia de cotilleo, quizá mi instinto de supervivencia, me impiden aislarme.

Hace calor esta noche.

Comentaba la situación de alcoholismo que se presencia en la plaza con una mujer que me presentaron hoy mismo. Ella decía que ya hace veinte años la mitad de la población española era alcohólica, yo que sí. (Inventamos y aceptamos las encuestas como nos da la gana, pero seguimos en nuestro discurso, adhesión al grupo se llama). Que muchos señores mayores desayunan carajillos, que en los pueblos se bebe todavía más.
Pero ¿qué hacer con los borrachos?, que la represión, la “limpieza”, no es la solución, porque si los echan a la plaza de al lado estamos en las mismas, tanto nosotros, bueno, los de la plaza de al lado, como ellos. Que copan la plaza, que debería ser también de los niños, de los ancianos, y de nosotras mismas (aunque muchas veces, pienso, la presencia de los borrachos en la plaza no es óbice para todos acabemos allí, soportándolos, que no tolerándolos, porque eso tolerancia no tiene). Que hay que atajar el problema de raíz, pero sabemos que muchos de ellos no tienen solución. Nos maravillamos de su aguante, que nosotras nos vamos un día de marcha y al siguiente estamos para el arrastre, y ellos ahí siempre, al pie del cañón.

 
Hablando de este tema, caminando por la calle, llegamos a la plaza. A la altura del metro un borracho sostiene con una mano a una mujer por la cara, mientras le grita algo incomprensible, porque está muy borracho.

Hoy, estando en casa, se oyó follón, correr de pasillos y gritos de mujer. Yo siempre optimista y feliz, pensé que era gente que se divertía, mi compañero de piso pensaba que era una a la que estaban “caneando”, yo que no, él que sí. Me negaba a aceptar que pudiese estar pasando, tan cerca, sin saber bien de dónde venía. No.

Parece que ya se han callado.

Pero sigue haciendo calor.

12/09/2007 05:41 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos No hay comentarios. Comentar.

Mondeo (por Noeli -ML-)

Mondeo era un hombre a un apéndice pegado. No era guapo, ni avispado, ni sensual. A pesar de que fue modelo de dudosa reputación, al menos por un día, eso sí, pagando el mismo las fotos. Tenía el mismo erotismo que un plato sopero, sin embargo contaba con el don más preciado y maravilloso que se pudiese imaginar, máxime en estos tiempos que corren.
Pues sí, Mondeo era la candidez personificada, ni Heidi en sus mejores momentos pudo llegar a superar a nuestro Mondeo. Cuántas noches tuvo que batirse el cobre con J.S. (más conocido como Satanás), en sus peculiares tertulias teológicas. Cuántas veces defendió sus peregrinas ideas a diestro y siniestro hasta perder la voz, pero no el entusiasmo; cuántas muestras de inocencia dio cuando una vez tras otra le encerraron en la terraza de nuestros pisos de estudiantes, cuando había fiesta, hasta que algún alma caritativa veía su apéndice y le dejaba entrar.
Cuántas veces nos habló de su casi pérdida de virginidad y de sus amores platónicos con aquella chica que nunca conocimos. Que triste nos contó su beso frustrado cuando un pequeño trozo de chorizo se interpuso entre sus labios y los dientes de la chica, sin que nuestro Quijote pudiese consumar acción alguna.
Cuánto tardará todavía en descubrir su orientación sexual, cualquiera que sea, y asumirla.
En una ocasión nuestro pusilánime Mondeo fue atracado por un “caco” con un alambre, situación que no sólo ocurrió una vez, sino que se repitió tantas veces como el atracador de pacotilla quiso, porque nuestro Mondeo andaba por las calles de aquella ciudad estudiantil con algunas pesetillas en el bolsillo que nunca gastaba porque eran para el bus y para el atracador (el que pasara antes).
Que penita daba cuando se iba de las reuniones detrás de J.S., a solo unos pasos, porque le daba miedo caminar al oscurecer, y J.S. no le dejaba ir a su lado ya que entendía que perjudicaba su imagen.
Que agradable nos hizo aquel examen, cuando rompió el banco al sentarse y tuvimos que salir todos de la risa, antes que pudiéramos responder sobre el derecho foral en las vascongadas.
Y todo esto con su dedo índice largo e inquisitorial, apuntando a todo y a todos, porque eso si, nadie estaba libre de pecado para el dedo de Mondeo.


09/09/2007 19:18 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 2 comentarios.

Personas a las que admiro I

Inicio una serie sobre personas a las que admiro.
Bueno, me he puesto a pensar y puede que la serie no dé para muchos capítulos, pero en fin, ya se me irán ocurriendo. Por lo pronto, aquí va éste:


Hoy me he tropezado en internet con esto:

Sabrás por la presente que empeoré de vida.
                                      Mariano Maresca


Gran tipo, Mariano Maresca , de los pocos que merecieron la pena.

Primer curso, primer día de clase:
“Debéis saber que yo no soy un profesor normal, no, porque yo tengo las tres Emes…
De Maresca, marxista y MARICÓN”.

Rumor, casi escándalo; yo sonreí, aquello prometía.

Y no defraudó.

- debajo hay otro post -

 

08/09/2007 04:29 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 5 comentarios.

Contracapítulo: Personas a las que dejé de admirar I

También fue mi profesor en primero, no diré su nombre no sé por qué, pero algunos sabréis a quién me refiero.
Siendo profesor se caracterizaba por su aparente integridad, por poseer una visión ecuánime de la Historia y por darle siempre, dentro de la misma, un hueco a la mujer (la de cosas que aprendí). Parecía guay.

Unos once años después, coincidió que terminé viviendo en su mismo edificio. Éramos vecinos.
Cuento brevemente la situación que se daba en aquel bloque de pisos (en pleno centro, en principio el sitio más “bien” en el que había vivido):
Al tiempo de establecerme allí, descubrí que en la planta de arriba había un puticlub, pero no un puticlub en condiciones, como el que había tenido en el balcón de enfrente durante cuatro años un tiempo atrás, sino uno en el que chicas de otros países (Brasil, Bolivia, alguna del sudeste asiático) estaban siendo explotadas. Después de un episodio que conté hace tiempo en este blog (según recuerdo es el único que he borrado por lo fuerte que era), y de mi charla con el guardia civil, descubrí que mi casero, y al mismo tiempo presidente de la comunidad de vecinos, estaba “comprado” de alguna manera por los que regentaban el piso de citas.

La relación con mi casero (el peor que he tenido, qué hijo de puta), casualmente mi vecino de puerta, era muy mala y había llegado a un punto de no retorno en el que apenas nos dirigíamos la palabra y era todo falsedad por ambas partes.

Yo ya estaba muy mosqueada con el tema de las chicas de otros países (vale que exista la explotación en el mundo, pero verla –y oirla- todos los días quema a cualquiera), y a ello se unieron otros episodios, tanto míos como de mis compañer@s de piso, sucedidos en el ascensor con clientes que subían al puticlub (los que iban pasados), que nos atemorizaban con ofertas o palabras soeces, por no hablar de las veces que te encontrabas gente metiéndose coca en el portal (se había convertido en costumbre, ya venían de la discoteca de al lado y se formaba allí un ambientillo paralelo y todo); que esto último no es que me importase, pero bonito no está.
Realmente, si el piso hubiese sido de prostitución digamos “limpia” (como sucedía por ejemplo en el otro que conocía, que en cuatro años apenas vi nada fuera de lo normal y las prostitutas eran unas vecinas amables más), yo no hubiera dicho nada, pero ahí se cocía lo peor. Y me parecía peligroso para todos los que vivíamos allí porque le abrían el portal a cualquiera y a cualquier hora. Yo algunas veces no me recogía precisamente temprano, y me arriesgaba a encontrarme, cualquier noche, al volver a casa, con alguna situación desagradable.

Pero claro, yo no era propietaria, no podía hacer ni decir nada, y encima mi casero era el presidente de la comunidad y no quería que nuestra relación se deteriorase aún más.

Así que decidí hablar con aquel buen hombre, el que fuera mi profesor –de Derecho, catedrático- para ver si él podía comentar algo en las reuniones de vecinos. Le conté todo lo que pasaba (me extrañaba que él no se hubiese dado cuenta con el tiempo que llevaba allí, ni nadie dijese nada), que era peligroso para todos y que en el edificio también vivían niños (mi casero, por ejemplo, tenía una hija de cuatro años).

Me respondió, muy borde, que él no tenía nada que ver con eso, que buscase ayuda en otra parte.

A la mierda la idealización.

08/09/2007 04:26 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 2 comentarios.

¿ Hacemos un "simpa" ?

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A las dos de la mañana, a punto de conciliar el sueño, recibo un SMS: “Somos lo peor de lo peor y encima unas delincuentes”. No respondo.

Hasta hace unos cuatro meses sólo había hecho un “simpa” (irse sin pagar de un establecimiento) en toda mi vida, y llegaba sólo a la categoría de intento.

Antes de seguir, tengo que decir que es algo que me parece muy mal, y en muchas ocasiones me he negado a hacerlo (más por acojonada que por íntegra, - como robar en El Corte Inglés - , pero también es cierto que me parece muy mal).

En realidad sé que no es buena idea escribir estas cosas y menos mostrarlas al público, pero la verdad es que no me importa, mi blog es libre en sí mismo y no tiene pretensiones, y a mí me da igual todo (casi todo).

Mi primer simpa:

Tuvo su gracia. Fue hace muchos años, diez o así, durante la Feria de Almería.
Estábamos un grupo de gente bastante grande, al final unas doce o quince personas, en un bar de tapas completamente abarrotado, imaginad, en plena feria del centro. Lo típico de las ferias, nos encontrábamos con conocidos y el grupo fue aumentando. Durante nuestra estancia en aquel bar pedimos unas tres rondas de tapas y cañas para todos. No recuerdo bien de quién partió la idea del simpa, pero rápidamente tuvo seguidores, y nos fuimos diciendo unos a otros al oído el plan: ir saliendo de uno en uno, disimuladamente, aprovechando el tumulto, y encontrarnos a la vuelta de la esquina. En cualquier caso, llegó un momento en que no era posible la disidencia, porque gran parte del grupo ya había desaparecido. Entre los conocidos que se nos habían añadido se encontraba la prima de uno, que habiendo llegado mucho más tarde, y en un estado etílico considerablemente menor, no se había coscado de la operación. Yo fui de las últimas en salir y presencié el fracaso. La chica se quedó clavada. Se escuchó: “corre, corre”, pero la chica no se movía del bar, perpleja, sin entender qué sucedía. Al ver que los últimos rezagados, que venían tras de mí, corrían, yo corrí también, pero justo antes de volver la esquina pudimos ver al dueño del bar, puede que alarmado por los “corre, corre”, no lo sabemos, conversando con la chica. No podíamos dejarla cargar con el marrón, así que algunos de nosotros volvimos, haciéndonos los despistados y diciendo “yo creí que ya habían pagado”.

Quizá debido a este primer y estrepitoso fracaso, durante muchos años después de eso no me pareció buena idea hacer un “simpa”.

Si en este tiempo alguna otra vez me he ido sin pagar, que no lo recuerdo, pero no me extrañaría, sería por puro despiste o confusión.


Simpa Dos:

Je, aquí triunfamos. No fue premeditado. Ahora que lo pienso, dudo que la mayoría de ellos lo sea, sólo los de los muy profesionales; yo creo que es más bien fruto del transcurrir de los hechos, normalmente acompañados de ingesta de alcohol, que hace que disminuya tanto la integridad como la sensación de peligro.

Éste sí que fue un “simpa” en toda regla, ya que te pones hazlo bien.
Salimos del cine, mi amigo, mi amiga y yo (claro, aquí sí que no se pueden dar nombres, ni links). Nos fuimos a un local muy de moda, de los de sofá y diseño, principalmente porque estaba allí al lado. Felices, nos pedimos un mojito, mientras comentábamos la película. Más felices aún, jugamos a “entrevistas ficticias”, simulando que el sofá pertenecía a un plató de televisión y nosotros éramos presentadores y estrellas del porno. Partiéndonos de la risa pedimos un segundo mojito, y otro más.
Entonces nos percatamos de que los mojitos costaban ¡ocho euros!. No terminamos de ajustar los cálculos, pero tuvimos la impresión de que era posible que, ni siquiera juntando el dinero que llevábamos entre todos, nos llegara para pagar la cuenta, y desde luego olvídate de continuar la noche. Una va de expedición a la planta baja, donde están los baños, porque nos parece recordar que había una salida por allí, pero está cerrada. La barra pilla lejos, y la puerta muy cerca de donde estamos sentados, sería cuestión de encontrar el momento en que alguno de los clientes tapara el campo de visión de la camarera. Hacemos el plan, le damos mil vueltas, otro sale a la calle a ver cómo es, vuelve y nos lo cuenta. Pensamos en separarnos una vez en la calle y confundirnos con los transeúntes, el local está oscuro, es posible que la camarera no nos recuerde bien, y si sale a la calle buscará a tres personas, será difícil que nos recuerde por separado, de pie y de espaldas. No nos terminamos de poner de acuerdo hacia dónde debe ir cada uno ni dónde debemos reunirnos una vez completada la huida, cuando el local repentinamente se empieza a llenar, llega un grupo numeroso de gente, y ocupadas todas las mesas como estaban, se dedican a pedir masivamente en la barra. Es nuestra ocasión, si esperamos a que se recompongan, la perdemos. Sin pensarlo dos veces cogemos la puerta. Caminamos, paso apresurado, hasta el final de la calle, que está cerca. Al tomar la esquina, todos echamos a correr. Me separo de mis compañeros y al volver a torcer otra esquina, me calmo, me suelto el pelo y comienzo a caminar tranquilamente. Chute de adrenalina: el corazón se me sale del pecho, al tiempo que me invade una extraña sensación de felicidad. No sé qué ha sido de mis compañeros, y lo peor es que, al no haber terminado de concretar el plan, no sé dónde debemos volver a encontrarnos. Nos llamamos por teléfono y al final, no sin esfuerzo, volvemos a reunirnos. Todo salió bien.
Nos fuimos a una champañería a celebrarlo.

Simpa Tres:

Toda la vida sin hacer simpas y en un solo día “cometo” dos.

Fue el otro día, el jueves: Habíamos almorzado pronto, y a media tarde yo, que estaba especialmente caprichosa, tenía hambre otra vez. Entramos en un bar tipo delicatessen, de los de mostrador de carnicería en la entrada y mesas con forma de barril. La edad media de los habituales era relativamente elevada, yo siempre digo que eso es buena señal, que se trata de gente que lleva mucho en el negocio y sabe adonde ir. Mucho polito rosa y flequillos repeinados hacia un lado, pero nosotras vamos a lo nuestro. Nos pedimos unas cañas, que en ese lugar siempre van acompañadas de una buena tapa de queso. No satisfecha con eso, quiero algo más, por lo que me pido una tosta, de jamón y salmorejo. Otra caña. El jamón me encanta y me pido un tabla entera, del bueno, del ibérico. Otra caña. Sigo caprichosa, con un hambre anormal, y ya que estamos, un día es un día, quiero un postre, tarta de queso con limón. Satisfecha, me tomo otra caña, con su tapa, siempre la tapa.
Bueno, tampoco fe un simpa propiamente dicho, fue con toda la complicidad de la camarera, algo inexplicable:
Al tiempo de pedir la última caña se nos acerca la camarera que nos ha atendido toda la tarde (los platos aún sobre el barril/mesa) y nos dice, sonriendo: “Chicas, ha habido un problema, se nos ha perdido vuestra cuenta”. “¿Entonces?”. “Entonces no tenéis que pagar nada”. Pregunto yo, tonta de mí, e incrédula, mirando las cañas que acaban de depositar sus manos sobre la mesa: “¿Y esto?”, y ella, casi molesta: “Bueno, pues pagad esto nada más”.
No nos lo podemos creer. A la hora de pagar nos levantamos, ha anochecido, el local se ha llenado de gente y la camarera, ocupada, no nos hace ni caso.
Decidimos que nos íbamos sin pagar nada, que era el verdadero deseo de la camarera, pero nos quedó una mezcla de incredulidad y remordimiento, y nos pareció casi un simpa. Desconocemos las razones de la camarera para invitar así a dos desconocidas. Era fácil calcular qué nos habíamos tomado con sólo mirar la mesa. La cuenta hubiera supuesto un dineral.
De todas formas no pensábamos volver a ese local. Se comía bien, pero como en tantos, y la clientela era demasiado pija.

Simpa Cuatro:

Sin poder creer nuestra suerte, y un poco achispadas, decidimos tomarnos la última, como fin de fiestas. Pensamos ir al Chesterfield, local tipo cervecería americana, en el que suele haber actuaciones. No lo encontrábamos, por lo que decidimos meternos en el primer lugar que pillásemos. Pasamos por un “cocktail bar” en el que también ponen comida, con terraza, y pensamos en un mojito. Era un sitio bastante pretencioso, de grandes cristaleras y neones, mobiliario de diseño, carpa blanca en mitad de la calle y sillas diferentes a las habituales de terraza, todo en blanco.
A nuestro lado está sentado un americano obeso que da cuenta de un costillar. Las otras clientes son dos chicas americanas jóvenes que también toman mojitos. Hace un poco de frío y viento en la terraza y no nos convence el local. Tardan un cuarto de hora en atendernos, a pesar de que apenas hay clientes (camareros de verano, pensamos). Una vez hecha la petición tardan otro buen rato, excesivo a todas luces, en traernos las copas. Una vez que nos las traen, descubrimos que los mojitos están asquerosos. Las americanas se las ven y se las desean para que les atiendan y les traigan la vuelta de la cuenta, y nos dejan a solas con el americano, que se ha pedido un postre, que riega abundantemente con vino. Pedimos la cuenta, pero pasado un cuarto de hora no viene nadie. Ni siquiera podemos hacer contacto visual con el camarero, porque el local, a pesar de ser de cristaleras, tiene doble piso, y la barra está en el segundo. La única posibilidad sería entrar a pagar al local. El capítulo mojito nos está resultando eterno. En ese momento descubrimos que el americano, que lleva esperando tanto tiempo como nosotras para pedir la cuenta, ni corto ni perezoso, se levanta y se larga. Nos miramos estupefactas, y casi al unísono, llegamos a la misma conclusión: “¡vámonos nosotras también!”. Tomamos la calle en la misma dirección que había tomado el americano. Ahora me doy cuenta de que era un error, porque el tramo de calle contrario era más corto, pero en el momento nos pareció lo mejor. De pronto miramos y el americano ha desaparecido. Ni idea de su paradero, un misterio. Se metería en un edificio, en un coche o cogería un taxi. Andamos deprisa, somos conscientes de que el camarero puede salir en cualquier momento porque ya estaba tardando mucho. La calle se hace eterna. Y cuando pensamos que ya llegábamos a la esquina, oh sorpresa, no es esquina, sino un edificio que se mete ligeramente porque tiene una especie de porche. En realidad estamos todavía a mitad de la calle. No quiero volver la cabeza porque eso es delatarse directamente. Ahora sí que se nos hace eterna la calle, buscamos un portal, cualquier rincón, lo que sea, pero nada, la única salida es seguir adelante. Ahora nos hemos distanciado la una de la otra, como si no nos conociésemos, pero es una medida un tanto estúpida porque somos las dos únicas personas de la calle. Por fin llegamos a la esquina, podemos volvernos a mirar y allí no se veía a nadie. Exceso de adrenalina. Decidimos ir a celebrarlo a un bar de tapas normal, y cenar algo (como si no hubiésemos comido lo suficiente a lo largo del día). Nos pedimos otras dos cañas, unas croquetas y unos huevos rotos. Mi amiga insinúa volver a irnos sin pagar, pero cuando ya están cerrando un bar es un poco difícil, y de todas formas es mejor cortar los vicios a tiempo.

03/09/2007 03:36 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 10 comentarios.

¿Racismo?

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Ya sabéis que vivo en Lavapiés, “melting pot” donde los haya, encrucijada de “Cosmofobia”, el libro de Lucía Etxebarria.
A mí me parece que Lavapiés se distingue de otras zonas de Madrid porque no hay etnia o nacionalidad que sobresalga de las demás. No es, por ejemplo, el barrio de mi amigo J. (Gran Vía), donde la mayoría son sudamericanos. No, aquí, curiosamente, hay de todo, casi a partes iguales: sudamericanos, negros, chinos, magrebíes, libaneses, turcos, pakis, indios y de Bangladesh, todo mezclado con guiris curiosos, elementos “alternativos” y señoras “de toda la vida”. Bueno, nuestros mejores vecinos, de todo un bloque, con decenas de habitantes, son tailandeses.

Después de todo este preliminar, no os creáis que voy a contar nada espectacular, no, es una chorra-anécdota de lo más normal, sólo quería describir el escenario.

Ayer de mañana, empezó a sonar la alarma de un coche. Cada vez que pasaba un vehículo pesado, tipo camión, sonaba la alarma del coche, una ranchera blanca. Pii, piii, piiii, justo debajo de nuestro balcón. Al final creo que era del pintor que remodelaba el bar gallego de enfrente. A nosotros, que tenemos horario veraniego, es decir, que nos estamos levantando tarde (a eso de las once), directamente nos despertó la alarma. Se veía (oía) que el tío estaba cerca porque a veces desconectaba la alarma, suponemos que desde un mando, rápidamente, y otras tardaba un rato, y así, por deducción, sospechamos que estaba cerca. Continuó toda la mañana, hasta pasadas las tres de la tarde. Pii, piii, piiii, su puta madre.

¿El efecto sobre nuestro hogar? Ríete tú de “Un día de furia” (la de Michael Douglas, de un ejecutivo que se vuelve loco por el estrés y se dedica a disparar sobre el personal con una recortada). Se llama contaminación acústica y no está bien estudiado. Mira que aquí estamos acostumbrados al trasnoche público, por algo estamos pegando con “la zona cero” de marcha “lavapiesina”, pero esto nada que ver.

A las tres de la tarde, mis compañeros decidieron llamar al 112, que no al 092, ya que se supone que en la Comunidad de Madrid, desde febrero, todas las llamadas de emergencia, de mayor o menor importancia, están desviadas al 112.

Ja.

Tres veces llamaron, tres: “de eso no nos ocupamos nosotros”, “sí, desde el acuerdo de febrero”, “bueno, tomamos nota” (resumen, después de mucho tiempo). Al final, por algún medio rocambolesco, la policía municipal efectivamente fue informada.

No sé si al final le llamó la atención la municipal (no creo) o el susodicho se largó de la calle porque le tocaba, pero la cuestión es que acabó parando, aunque a esas alturas los nervios ya estaban disparados.

Que si el barrio se estaba poniendo fatal, que los vecinos eran unos guarros, alguien vomitó en la escalera, sacudían la alfombra sobre nuestro balcón, llegaba el agua desde no se sabe dónde, uno no tiraba la basura al contenedor sino que la dejaba en el portal, por no hablar del que tiraba la basura por el patio y nos caía al tejadillo, y otra, argentina (oh, desgracia), te cerraba la puerta del portal en las narices aunque fueses a pasar.

La verdad es que en “mi hogar” sucedió un incidente racista pero a la contraria (de una sudamericana, con una cierta posición de poder, ser racista hacia nosotros, demasiado largo y aburrido de contar aquí), y ése fue el detonante. Desde ahí un no parar. Muchas veces con razón, pero pasaron los límites.

Contra los llamados “perroflautas” es una aversión anormal. Una ex que tuve les tenía una tirria mortal, y tampoco lo entendía. Vale, que están por donde tú pasas, con su pringoso perro comido de pulgas y la mitad de las veces lo que tocan en la flauta es insufrible, y encima te exigen una limosna y, si les dices que no, te hacen sentir mala persona. Vale, no es el ideal de persona que me quiero tropezar por la calle, pero de ahí a ese odio asesino que trasciende la manía tampoco lo entiendo.

Y luego están los “payoponis”, también llamados “panchitos” o “guachupines”, es decir, sudamericanos. Así, desde fuera, es posible que sean los que peor se “integran”. ¿Por qué? Porque son tan parecidos a nosotros que ellos mismos no consideran que tengan que hacer ningún esfuerzo de integración. Es mi opinión. (Hay de todo, por supuesto, hablo de impresión general). Y así mantienen un “pequeño” Ecuador o Colombia aquí en Madrid.

Algún día hablaré de mi patio, mi telenovela particular cada vez que cocino o voy al baño. De todo hay. La vieja demente que acusa de intentar matarla a todos los de su familia todavía no me ha terminado de cansar, conserva su exotismo, pero las canciones melódicas en español coreadas por la troupe de jovencitas sudamericanas enamoradas y apavadas me revienta el tímpano.

Anoche, casi a la hora de irnos a dormir, a las mil, se acerca uno de mis compañeros de piso al balcón, a contemplar las fiestas del barrio, que largas son, y bueno, me tuvo que hacer gracia cuando exclamó: "¡¡¡¡un payoponi perroflauta!!!! ¡Ha sucedido el híbrido, mirad, mirad a ver! Existe, ¡ocurre!"
No me acerqué al balcón, porque ya estaba en la cama y sigo con el pie chungo, pero no pude sino reírme.

Así supongo que pasa todo. “Nos estamos volviendo un poco nazis”. Es broma, aquí no hay nazis, al fin y al cabo somos todos bolleras y maricones, y no, aunque no sea incompatible (¿cómo se llamaba del que estaba enamorada la Yourcenar, que era gay, y germanófilo cuando la Segunda Guerra Mundial?), pero mirado desde fuera puede llegar a entender el proceso, que no compartirlo.

Sí, en España hay muchos racistas, como racistas siempre ha habido en EEUU (nuestra imagen y semejanza), como el mundo éste en el que vivimos no es tan amable como me gustaría, nos gustaría, que fuera.

Miedo al futuro, igual que miedo al pasado.

La mezcla, el multiculturalismo, en ciertos sectores (modernos, entendemos), no es “cool”. No hablan de ello, y simplemente por lo mismo, no es “cool”. ¡Qué pesadez! “No queremos cutrerías. Dadme sushi y moda sueca, pero no me atormentéis con kebaps y desgracias de pateras”. Así está la cosa.

Una vez, hace mucho, leí en algún sitio que se había estudiado, por un programa de ordenador o algo así, qué surgiría de la mezcla de todos los tipos étnicos que existen actualmente sobre el planeta. La resulta fue que el aspecto general del ser humano, después de su interrelación a lo largo muchas generaciones, sería lo más parecido al tipo indio (de la India) de la actualidad. Tiene su lógica la cosa.

La verdad es que a mí los indios, las indias, siempre me parecieron de lo más atractivas.

11/08/2007 08:05 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 4 comentarios.

Dentro

Paseo de los Tristes, uno de mis rincones favoritos de Granada

 

Cuando llegué a Granada me pareció gris, tengo que confesar. Las calles estrechas y la piedra oscura. El frío seco y el olor a rancio. Venía de Londres, que me había deslumbrado con sus bares, sus mercadillos y un cosmopolitismo que por aquel entonces todavía no había llegado a España.
Granada me costó, pero poco a poco fui encontrando aquello de lo que hablaban y hasta comprendiendo a los poetas.
Los primeros años, los bares de Pedro Antonio, las fiestas, las escapadas de la facultad. Le siguieron las acampadas, la biblioteca nocturna, la vida cultural. En la última época, la calle Elvira, las sesiones golfas y los bares de ambiente.
Cuando me fui de Granada, me pareció hermosa, y supe que echaría de menos el rumor del Darro y el abrazo de la sierra, que dejaba mi casa de la peor manera, jurando no volver.
Por amor me fui y por amor volví, tres años después.
Un año más tarde la dejé de nuevo, hechas las paces, reconciliada con el pasado.
En Granada viví ocho años, en ella disfruté con amigos y amantes, y lo único que me duele es que no tengo a nadie a quien llamar si voy allí. Cosas de la vida.

De Granada siempre llevo conmigo un leve acento, que no es poco, y ojalá nunca lo pierda.
07/08/2007 07:25 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 6 comentarios.

Tres posts en uno o El tiempo (el clima)

Buahhhh, post super largo, ya lo dije, que estoy recluida, todo internet para mí.



No está estudiado cómo de verdad nos afecta el clima. No está. Mi compañero de piso, que fue especialista de cine y sufrió mil roturas, te predice el tiempo con una exactitud pasmosa, lo siente en su cuerpo. A mí hermana le pasa igual con una cadera que se rompió. Yo, que soy asmática, sin salir de casa, sé cuándo se ha levantado el día nublado. A veces se me olvida mi “habilidad” y pienso “¿qué me pasa, qué me pasa hoy?”, miro por la ventana y “ah, coño, el tiempo”.
(aparte: dicen que en la sociedad occidental el factor que ahora mismo disminuye más la esperanza de vida es el asma, como diez años menos. Qué pena que me voy a perder el final –sarcasmo-).
El levante, el poniente, la tramontana y los nombres de vientos que hablamos un día en otro blog, creo que el de Gurb, ¿cómo afectan así a la gente? Porque les afecta, en eso estamos de acuerdo. En realidad yo sólo sé del levante, que por algo soy de Cádiz, y que a mí no me afecta tanto, pero a los de fuera, hasta a mi madre, que llegó allí con catorce años, los trae de cabeza. Yo sé cuándo está, soy consciente, pero me adapto, como cuando coges habilidad en tu propia casa y sabes dónde están los interruptores aunque estés a oscuras.

¿Qué coño es eso de las ondas Schumann? Ya sé que es casi todo mierda y me queda algo del raciocinio que me inculcaron mis profesores, ¿pero qué habrá de verdad?

El pulso de la Tierra”. Yo creo en eso, no en la Gaia de Lovelock exactamente, pero sí que la Tierra es un ente vivo, un sistema en sí mismo, al que pertenecemos, que Todo es Uno. Lo sé porque sí.

¿Era Descartes? En filosofía siempre estuve floja.

Sólo sé que lo sé. ;)
 
••

Tarde de agosto (tarde de un día bochornoso, como descubrí después)

Hoy dormitaba, producto de las pastillas para el pie, en mi habitación, y en ese duermevela, oía, como un rumor, las noticias de la televisión que me llegaban desde el salón. Todavía no sé si sueño o realidad, escuchaba que había plaga de topillos en gran parte de los viñedos españoles (en Toro, horror), que amenazaba con pasarse a La Rioja; mosquitos en Los Monegros y menos mal que todavía no había llegado el mosquito tigre, soñaba con el mosquito tigre como monstruo de videojuego; que no había pescado para abastecer todo el turismo de la Comunidad Valenciana y pagaban lo que fuera por él, cigalas todo el mundo; que los monzones estaban siendo muy malos y el cuarenta por ciento de Bangladesh estaba inundado. No podía respirar bien y pensaba en la nube anaranjada que cubre el cielo madrileño, que sólo se ve si te alejas lo suficiente, o si desde un ático alto miras al horizonte. Pensaba en salir de aquí y luego renunciaba, por pereza, dejándome dormir de nuevo. Soñaba cuando yo vivía en el campo y el campo me parecía feo, y yo quería salir de allí, y ya no hay campo al que volver. Por él pasa un carril de desviación de la autopista, la A7.
Recordaba a mi abuelo materno (el desertor, el desconectado). Él decía que la tele era una mierda, así, y que del parte sólo valía “El Tiempo”. Él sólo miraba la tele cuando daban las predicciones meteorológicas, a las que prestaba mucha atención, y luego pasaba. (La verdad es que él también mantenía que la llegada del hombre a la Luna era una invención).
Recordaba cuando yo tenía trece años, y leía más que ahora, por algo vivía en el campo y quería salir de allí. Entonces leí una novelita que se llamaba “El Genio ”, que iba de un científico que inventó una máquina para controlar el clima, y destruyó el mundo, muy a su pesar.




Y, bañada en sudor, no quería recordar más, ni pensar en el futuro, ni en las cosas que leí ayer o antes de ayer, ni acordarme más de la foto de la niña china, ni en lo enfermos que se iban a poner. Entonces me quedaba el dolor físico e intentaba dormir.

Poder hacer clic y apagar la luz, hacer clic y apagar tu cerebro, así afectan las drogas al ser humano; no, no estoy tomando drogas, sólo las recuerdo.

•••

Nosotros, tú y tú, el/la que me lees, yo, nunca hemos vivido una guerra, ni siquiera una revolución (bueno, suelen estar precedidas de guerras). No sabemos lo que es eso. Bendito tiempo de paz.

(A lo largo de mi “trayectoria académica” (o la época en que era una arrastrada y le aprobaba asignaturas a los demás) yo di una asignatura que se llamaba “Historia de la Paz”, en la Universidad de Granada. Preciosa asignatura. Siempre se estudia la Historia desde el conflicto, nunca desde las etapas de paz. Ésta iba sobre eso, mi trabajo sobre las etapas de paz en la Prehistoria. Tiempo de paz, como es el nuestro, hasta que nos atrapó la globalización y a muchos de nosotros no se nos escapaba que aunque aquí viviésemos contentos y felices, a la vuelta de la esquina, léase Sudán, Yemen o Iraq, la gente vive ese drama, que es lo peor que puede acontecer en la vida de un grupo social y a la vida personal de cada uno de sus componentes. Tiempo de paz ilusoria, el que vivimos.)


Me planteo si hubiera que ir a una guerra, como ese preámbulo de revolución necesaria (nunca fue tan necesaria ni tan científicamente comprobada), ¿iría?
No. Porque la guerra alimenta al mal y a la propia guerra. Ya muere demasiada gente.

Las revoluciones, si les da tiempo a ocurrir, deberán ser pacíficas, lo que no quiere decir débiles.

Hacer el vacío.

Quizá este post acabe de manera abrupta, simplemente me he cansado de escribir. Y de derivar.

 

05/08/2007 21:30 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 5 comentarios.

Uno intimista

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Que hacía tiempo que no.

Este año, lo que llevamos de él, contra todas las previsiones (hay que tener en cuenta mi ruptura sentimental navideña), ha sido muy bueno, uno de los mejores de mi vida. He conocido a gente estupenda, más que nunca. He estado muy relajada y he tenido días realmente felices, muchos.

Los días malos han sido inusualmente escasos. Los días malos me dan miedo, yo me doy miedo. Sé hasta dónde puedo llegar y no quisiera verme repetida.

Pero este año los días malos han sido tan pocos que puedo recordarlos:

El primero, pronto. Fue el día que lloré; lloré y lloré, lloré tanto que no podía parar, y asusté a una persona.

El segundo fue el día que bebí; bebí y bebí, bebí tanto que no podía parar, y asusté a esa misma persona.

El tercero fue el día que me cabreé; aguanté y aguanté, y me cabreé tanto que tuve actitudes que no debí tener. No asusté a nadie, pero parecí una auténtica gilipollas.

El más reciente fue hace no mucho. Intenté ahogarlo en alcohol, y fue la primera vez en que preferí la resaca, y dormir, y sentirme un despojo, antes que un ser abandonado, así en frío, porque mi mente, tan sólo preocupada por el mantenimiento de las funciones vitales, no llegaba a profundizar en los rincones más dolorosos, ésos que requieren enlazar una serie de retorcidos pensamientos masoquistas hasta llegar allí. Fue efectivo, al menos momentáneamente. (Podríamos tener el debate de si pastillas sí, pastillas no, cuando se te muere alguien).

Y el día es peor cuando se te abren varios frentes, no tienes fuerzas y te ves sola. El factor físico bajo mínimos es el aliño perfecto.

[Hacía años que no me entraban ganas de cortarme el pelo; quizá, más que por cambio radical de imagen, sea por influencia del mucho calor que hace.--No tiene nada que ver--]


De entre todos estos días malos que he relatado, hoy no es el que aparentemente estoy peor, pero sí el que más miedo me da. Los otros días sabía que era sólo ese momento, intenso, y que luego mejoraría, eran descargas de tensiones, de mala energía, un fallo en la canalización de mis propios sentimientos. Pero este goteo de pequeños bajones a lo largo del día, esos lagrimeos a destiempo, me preocupan sobremanera, porque los reconozco, y me recuerdan terriblemente a la antesala del lugar donde no quiero volver.

Por eso escribo esto, porque escribir me ayuda, siempre lo hizo, y a veces es lo único que me ayuda.

No sé qué hacer, no sé qué es mejor, ni peor.

Siempre, ante la duda, (y la imposibilidad de la huída hacia delante, que es mi especialidad), me paralizo. Será que soy Libra, o más probablemente no tendrá nada que ver. Será que soy indecisa, independientemente de ser Libra.

Estábamos en que me paralizo. Me hago la muerta. Ni palante, ni patrás. Me quedo colgada.

El miedo a sufrir más contra sufrir de todas formas.

Dormir… Esa llamativa actividad.

...


Ay

 

b.h.

02/08/2007 04:09 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 14 comentarios.

Mi oscuro pasado

Viendo este anuncio en la tele

me he acordado de una anécdota, blanca e inocente, que pasó hace unos años, unos poquitos.
Ya le he contado antes, y es muy tonta, pero me repito, porque fue un momento que se me quedó clavado.

Era mi primer año de carrera y yo estaba en la residencia de monjas (sí, yo también tengo un oscuro pasado). La residencia acogía a unas doscientas chicas, estudiantes todas. Estaba repartida en cuatro plantas, de las cuales la segunda, la mía, era la más amplia con diferencia, y en ella dormían unas cien chicas.
Entre semana la residencia cerraba a las diez y media de la noche. Cuando llegaba esa hora, después de cenar, estudiabas, hacías reunión en la habitación de alguna o te ibas a la salita de televisión, una por planta, pero la solían tener monopolizada las habituales, marujas precoces en bata y zapatillas de andar por casa, enganchadas a culebrones y sitcoms varias. (Yo, a veces, iba con mi compañera de habitación, a las tantas de la madrugada, y veíamos películas raras o el baloncesto NBA, ése solía ser todo mi contacto con la salita).
Resumiendo, en la salita de planta solía haber, habitualmente, unas tres o cinco chicas, diez como mucho si emitían algo excepcional. Las monjas se pasaban por la salita de vez en cuando, una o dos veces por noche, a saludar y supongo que a controlar, se quedaban un minuto o así, comentaban y se iban, pero la puerta debía permanecer siempre abierta.
Una noche, oh, iban a poner “Nueve semanas y media”. Conmoción general.
Se corrió la voz y a la hora en que comenzaba el acontecimiento se encontraba allí toda la planta, sin exagerar. La gente se tuvo que traer hasta sillas extra de las habitaciones. Era obvio que aquello “cantaba” y que antes o después las monjas se darían cuenta. No me digáis qué tiene de malo ver esa película (que por otra parte ni siquiera me gusta mucho); nada, no tiene nada de malo, pero hay que retrotraerse al momento y al lugar, y encontrarte con la incomodidad de que la monja te descubriera viendo “eso”.
Total, decidimos que se pondría una de guardia en la puerta, que se iría turnando cada cinco minutos, para avisar si venía la monja, y si venía cambiar convenientemente de cadena. Me acuerdo perfectamente, Miquela, una italiana alocada y simpática, era la encargada del mando.
La película empezó y se desarrolló entre risas y chanzas generales, mientras las guardias se sucedían con total normalidad. Esa noche las monjas no aparecían y nos extrañaba.
- La estarán viendo ellas también. Risa generalizada.
No aparecían, no aparecían, y llegó la escena famosa de la fresita, la nata y tal y cual. La que le tocaba estar de guardia, entre la escena y que ya casi dábamos por hecho que las monjas no iban a venir, obviamente se relajó, porque dio la alerta de manera muy apresurada:
- “¡Que viene, que viene!
- “¡Que está aquííí!
Miquela se pegó un susto de muerte, se puso tan nerviosa que el mando le saltó de las manos, con la fortuna de que volvió a parar a ellas.
Yo podía ver a través del marco de la puerta que la monja prácticamente se encontraba en la sala. Entre dientes, le decía a Miquela:
- “Cambia, cambia
- "No puedo, no puedo”, me respondía angustiada.
El mando estaba protegido por un plástico transparente gordo, para evitar su deterioro, y los botones estaban tan usados que no respondían inmediatamente.
Silencio, nervios y expectación, mientras Miquela presionaba una vez más los botones de manera aleatoria.
En el último momento, cuando la monja se encontraba tan sólo a un metro de la puerta, consiguió cambiar de cadena. Hubo un suspiro de alivio generalizado en la sala y, en fracciones de segundos, las caras de tensión se convirtieron en cien sonrisas falsas.
- Uy, cuánta gente hoy, no?
- Sííí, todas al unísono
- Estáis todas aquí… Risitas pavas
- ¿Qué estáis viendo?, preguntó la monja, nunca sabré si inocentemente o no.
En ese momento, volvimos nuestras caras hacia la pantalla del televisor, y nos descubrimos ante… un concierto de Richard Clayderman. Miquela había puesto la 2, mis ojos como platos.

A punto de darme la risa floja, fui la que tuvo el valor de hablar:
- Nada, aquí, viendo un concierto de Richard Clayderman
Por favor, ¿que hacían cien tías reunidas a las tantas de la noche viendo eso, todas concentradas? (Con todos mis respetos hacia Richard Clayderman, cuya valía profesional desconozco). No se lo creía nadie.
- No sabía que os gustara
- Pues sííí, dije, ya con un hilillo de voz, mientras me esforzaba con todas mis ganas por mantener la amplia sonrisa falsa y angelical.
La monja me miró con desconfianza (a esas alturas me tenía calada), pero como no supo qué más decir, dio las buenas noches y se largó.

Si la monja se hubiera quedado un segundo más no nos podríamos haber controlado. La imagen siguiente es la de cien tías revolcándose por el suelo de la risa.

Y entiendo el anuncio, porque Richard Clayderman, con ese peinado y esos trajes blancos, se presta a lo surrealista como nadie.

19/05/2007 21:13 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 8 comentarios.

Alergia

 


 

Hacía tiempo que no encontraba un tema mayor para socializar que hablar de la alergia estos días en Madrid. El polen está pegando, es cierto, y la alergia se ha convertido en un tema recurrente con el que no hay reparos a la hora de hablar con desconocidos.

Soy alérgica, a los ácaros durante todo el año (entre otras cosas), y al polen cuando toca, y nunca me había sentido tan acompañada.

Vas por la calle y nos reconocemos los unos a los otros. En las tiendas, los bares, cuando te presentan a alguien, y descubres ese moqueo, rojez de ojos, incomodidad, ahí está, es de los tuyos.

Da igual, amigos, conocidos y desconocidos, con todos se puede mantener la misma conversación, y si en el grupo coinciden más de dos afectados aquello se convierte en un jolgorio.

Si no empieza uno (he dejado de hacerlo, a la vigésima conversación repetida cansa, todo tiene un límite), empieza el otro:

(Estornudo o síntoma similar)
- Alergia, ¿eh?
(No te ha dado tiempo a responder, otro estornudo o síntoma similar)
- A mí también me pasa, a mí me da…
Y aquí están las modalidades:
- Picor en la garganta / picor de ojos / lagrimeo…
- Pues a mí se me tapona la nariz…
- Sí, mira, qué mal estás
- A mí urticaria
( y la persona se rasca sin remilgos para que compruebes que es cierto y sentirse parte del selecto club)
- Uf, yo estoy fatal
- Yo llevo todo el día, ahora estoy un poquillo mejor
- Uy, pues lo mío es peor, tengo una tos...
- No sé yo qué es peor, a mí me da asma

(Y claro lo de cada uno es lo peor, -pero siempre dentro de la solidaridad-)
El colmo de “pues yo más”:
- A mí ya hasta me sangra la nariz
- Uy, qué mal

- A ver si llueve y baja esto un poco
- Sí
- Ya a estas alturas no sé yo si va a llover


Pues claro que no va a llover.

Si tenéis curiosidad, a mí me dan TODOS los síntomas, que urticaria no me daba, pero ya también. (mmm, ¿yo más?)

18/05/2007 01:43 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 6 comentarios.

Post… ¿íntimo?

Es decir, que sólo lo voy a entender en su totalidad yo misma, puro ejercicio de egocentrismo, pero cada uno hace con su blog lo que le viene en gana, ¿no?

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Ya no puedo más, hay que saber parar.

Punto de ruptura.

No es grave, es sólo un levantar la cabeza y darme cuenta de dónde estoy.

El viernes, cuando ya llevaba días en precario, se me rayó la tarjeta y el cajero se tragó la libreta. Esperaba que llegara el lunes como agua de mayo, (¿estamos en mayo?, sí, el agua de mayo debió de ser muy esperada en algún momento, cuando el tiempo era más normal y vivíamos del campo; yo ya no me acuerdo de eso). Hoy fui al banco y esta semana cierran a las doce y media porque es San Isidro en Madrid, mañana martes es el día, cierra todo. Llegué tarde. Total, ni un puto duro. Y hasta el miércoles nada. Pero llevo comiendo y bebiendo a placer desde hace ni se sabe. Sólo de gente que hace cuatro meses ni conocía. Que sí, que yo haría lo mismo por ellos, pero es de agradecer.

Y encima te halagan. Joder, subidón de autoestima.

Punto de ruptura.

No perdí tanto, gané más de lo esperado.

No puedo creer que ya sea mayo. Un suspiro, un alivio. Quizá, sin darme cuenta, julio sea mañana.

A veces pienso que con la edad mejoro mi punto ansioso, otras que eso no tiene remedio y deberé aprender a vivir con ello. No sé cuál es la verdad.

Qué churro de post. ¿A que no tengo coño de publicarlo? Pues sí.

Sí, esta noche dije que ya no quería más fiesta, no más pisos, que me venía al mío, tan sólo con mi mac, y este espacio amarillo y naranja, interior (interior pero no de las profundidades del alma, sino que no tiene ventanas que den a la calle), que empezó siendo de otro y ya tiene su pequeña historia, mía, de velas, inciensos, ropa amontonada y el fantasma de un cuerpo que un día lo ocupó por completo. Ya no tengo libros, ni cds, ni plantas, ni catedral de Málaga reflejando la luz que entra por el ventanal, pero estoy yo, más yo que nunca, tan yo que no me reconozco, de lo que me modifiqué, adapté, a lo que otra necesitaba.

peterpan

 

Gracias, gurb , mala , brix , nay , elena , beck, agos, salar , lucía , maco.

 

15/05/2007 04:24 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 9 comentarios.

No hay vuelta atrás

De pronto salgo por otros sitios de Madrid, por La Latina, por Huertas o por Chueca mismo, y veo a todo el mundo tan pijo… y eso que es por ahí y no por otros barrios peores (mejores, supongo, para los demás).

Se supone que he encontrado trabajo, escribir para un sitio frívolo. Está bien, es sólo un trabajo y escribir no me cuesta.

Nada sesudo, nada político, me dijeron. Está bien, para profundidades está mi blog, y si me apuran los blogs de los demás, pensé.

Nada político. Y cada día veo más cercanos a los chinos de las tiendas importación/exportación, a los turcos del kebap de abajo, al rasta camarero del bar de al lado, a todo el mogollón heterogéneo e indescriptible de la plaza, y menos a los de las camisitas de cuadros finos y los polos bien planchados, y ese peinadito relamido. Y me doy cuenta de que me extremo, que empiezo a ser la excepción, que me miran mal en otros sitios y demasiado bien aquí mismo. Que me quedo fuera de las conversaciones de la gente “normal” porque veo a la policía diferente, porque la palabra vivienda me sale de la boca con excesiva frecuencia, porque sé que este verano no va a haber quien me aguante con mi campaña anti-aireacondicionado.

¿Qué voy a hacer conmigo misma?

Igual no es mi problema y es que Madrid con estos gobiernos PP no es normal y yo no estoy acostumbrada, porque quieras que no en Andalucía el PSOE siempre da una patina de relajación, y acabo de venir de Barcelona donde son inquietos, y antes del País Vasco que ya se sabe, y antes de Granada, donde todo da igual, y antes de Gales, que es un mundo aparte y desconocido, y antes de juntarme con los de derechos humanos de Bruselas, y antes no me acuerdo, de la oscuridad y la perversión, supongo, y a mí esto de tanto PP me viene grande.

Y me salen los peores instintos.

Y esto es una mierda, aunque yo sea feliz porque no pueda evitar serlo .

11/05/2007 11:22 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 5 comentarios.

Las putas entradas

(¡Ya tengo las entradas para el concierto de Björk!)

Me gusta esa sensación de temor a que al final pase algo y te pierdas el concierto porque no terminas de creerte que vas a ver a alguien que te hace tanta ilusión. Hacía tiempo que no la tenía, ilusión digo, no sé si porque con los años pierdes entusiasmo o simplemente porque te quedan menos sueños por cumplir.

El hecho de haber comprado las entradas para el concierto de Björk, que para mí es lo más, (creo que ahora mismo no hay nadie a quien desee más ver en directo, quizá sólo Antony and The Johnsons, pero en menor medida), me ha recordado un patético episodio de mi vida que no termino de olvidar. Bueno, es una tontería, pero a mí en su momento me importó mucho.

Ahora que caigo, esto nunca se lo he contado a nadie, por lamentable seguramente, así que aprovecho el momento catártico y el (cada vez menor) anonimato que me ofrece este blog, y me animo a ello. Así que coged la mantita y un café, que os voy a contar una triste historia que pasó hace mucho, mucho tiempo:

No era para ver a Björk, era para otra cantante cuyo nombre no voy a desvelar porque no es necesario. Se prodigaba muy poco en general. Hubiera pagado lo que fuera por asistir a uno de sus recitales, pero era imposible pillarla, siempre daba los conciertos en salas muy pequeñas y yo llegaba tarde para las entradas o coincidía con algún evento importante que no podía posponer, o directamente pasaba largas temporadas en que no pisaba Europa.

Llevaba años detrás de ella, siguiéndole la pista, suscrita a su newsletter, esperando la ocasión. Era una de las cosas que más ilusión me hacían.

Yo tenía todos sus discos, algunos difíciles de conseguir (discos que, por cierto, he perdido durante mi última “"mudanza"" ). Sus canciones habían sido parte importante en los comienzos de una relación que tuve mucho tiempo atrás, y nos acompañó durante esos años. A quien más le gustaba era a mí, pero a ella, llamémosla M., también. El estilo era intimista y romántico, del tipo de canciones con significado que acabas recordando asociadas a determinadas situaciones y personas, de ésas de poemas cantados que te llegan dentro.

Y llegó el momento, pero demasiado tarde.

Nuestra relación daba los últimos coletazos. Ella no terminaba de aclararse y yo permanecía en un estado ansioso que rozaba la patología. Nada nuevo bajo el sol. A esas alturas ya nos habíamos separado, y yo vivía en Madrid (aquí se ve que es donde vengo a olvidarme de otros sitios y algunas personas), mientras ella permanecía en nuestra ciudad de origen, pero todavía, de tarde en tarde, cada vez en intervalos más espaciados, nos seguíamos “viendo”. Era la época en que habíamos “quedado como amigas”.

Entonces fui de las primeras que se enteró de la noticia: habría un concierto de esta cantante en una sala de Madrid unos tres meses después. Emocionada, nerviosa por la ligera posibilidad de la negativa, llamé a M. para decírselo. Que ella viniera al concierto significaba también, y yo lo sabía, que se quedaría a dormir en mi casa, con todo lo que ello implicaba. Ella también se mostró ilusionada y estuvo de acuerdo en que las comprara. Yo la invitaba, y me gasté el dinero que no tenía en los mejores asientos.

Los días pasaron, y la relación degeneró aún más, si ello era posible. El momento de comprar las entradas había sido tan sólo un intervalo dulce en lo que a ojos vista constituía un infierno. Las discusiones, telefónicas en su mayoría, sólo hacían constatar que aquel “ser amigas” era un estado ilusorio.

El día del concierto se acercaba y yo llegué a intuir que podía decirme que no venía, pero no la creí capaz. Ella no tenía otros compromisos, era un viaje acordado mucho tiempo atrás, yo me había gastado una pasta y, sobre todo, no me podía hacer aquella putada, con la ilusión que me hacía.
Pues sí, lo hizo, me dijo que no venía, y se esperó al ultimísimo momento, sólo por joderme.

En cualquier otro caso, cualquier otra cantante, me hubiese buscado a alguien más con quien ir, pero esa vez no podía, hubiera sido demasiado duro.

Qué bonita escena, yo en mi salón, con mis entradas encima de la mesa, a la misma hora en que se suponía que comenzaba el concierto.

Si necesitaba alguna constatación más (que no) de que la relación estaba muerta, fue aquella. Pero relación de todo tipo.

Guardé las entradas, no sé por qué, quizá como recordatorio de mi agonía, en un acto de masoquismo.

Esa cantante ya no me volvió a hacer tanta ilusión. No digo que un día, si coincide y actúa cerca de donde viva, no vaya a verla, e igual me gusta, y me sienta bien por darme cuenta de mi nueva vida y todo lo que dejé atrás, pero ya no la buscaré.

En sucesivas mudanzas, las entradas aparecían en carpetas de papeles, y cuando, entre una caja de cartón y otra, descansaba de empaquetar, siempre tenía un instante en que me paraba a recordar aquel momento.

En la última mudanza las volví a encontrar y las tiré.
08/05/2007 19:57 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 16 comentarios.

Gaviota

Inmune a los vientos, gaviota arsénico, plomo, mercurio y un brillo en los ojos no se sabe si cómplice de la eternidad o anuncio del fin de los tiempos.


23/04/2007 03:46 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 1 comentario.

Intangible

Hoy he estado hablando con un amigo bloguero, amigo antes de saber que era bloguero (Nay ), de los diferentes tipos de posts que se pueden escribir: de los que simulan un diario, de los artículos sociales…

Hoy vuelvo a mí y a lo que más me gusta, y a él también. Por eso escribo este post intimista, que seguramente nadie entenderá, pero que me servirá de desahogo, de asidero, de pies en la tierra, de grito al aire, a la blogosfera, a Internet, al mundo real, porque como comentaba ayer de pasada y por otros motivos con una bloguera insigne que todos conocéis, éste es más el mundo real, de tan loco y lejano que en ocasiones se vuelve el otro. Son más reales mi cabeza, mis sueños, mis ojos sobre esta pantalla, y vosotros con los que espero comunicarme, que el portero del edificio, cuya vida no me importa, o la plaza y sus borrachos, que son sólo el escenario de mis paseos.

El día, dentro de su normalidad, ha terminado con algo inesperado, una lluvia copiosa que se ha llevado las frivolidades. Recordatorio del tiempo que hace que no te veo, de lo sola que está, del deseo que me desboca.
Recordatorio del tiempo que pasa, de este Madrid, que ya no es el que conocí apenas cuatro años atrás, de Sofía. (Sofía, ya puedo, ya sí, pronunciar tu nombre como una especie de sortilegio. Diosa.)

Y así, desnuda, conseguiré conciliar el sueño, perderme, olvidarme, hasta mañana, en que me vuelva a tropezar, de bruces, con una luz, unos colores y una corporeidad que a veces se me hacen pesados sobrellevar.

13/04/2007 03:15 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 6 comentarios.

Límites y respuestas

“Había sufrido porque ella misma se lo había buscado; no había otra explicación, no hubo más nostalgia que la de una idea. Resultaba triste admitirlo, zanjar así lo que había vivido como el amor de su vida, pero más triste habría resultado no darse cuenta y pasarse la vida añorando una equivocación como aquélla. Porque la cabeza trama sus intrincadas redes y la pasión nunca es, en realidad, como se la inventa. Y un día la flota de recuerdos naufraga en la noche, en el agua oscura de la desmemoria y, cuando una deja de sufrir, ya ha olvidado.

Y, con un poco de suerte, también ha aprendido.”
Cosmofobia, Lucía Etxebarria


Todo lo que sube, baja, y todo cuerpo tiene su límite.
Pues eso, la noche del domingo dormí fatal, incorporándome cada dos por tres, con una tos que parecía de un ser de ultratumba. El lunes por la mañana, nada más despertarme, tarde, pues intuitivamente me dejé dormir todo lo que necesitaba, sentí que algo no iba bien: un dolor agudo en la garganta prácticamente me impedía hablar. A esto hay que añadir el asma, que suele presentarse como artista invitada cuando más concurrida está la escena. Conclusión: ¡qué malita estooyyyy!
Vale, lo acepto, era el precio a pagar.
Hoy he pasado todo el día en la cama, durmiendo o navegando perezosamente por Internet. A ver cómo evoluciono, conste que me estoy cuidando.
En cualquier caso, damos por finalizada la etapa de dispersión, nos recuperamos y al lío. Bueno, tendrá un receso: las vacaciones de Semana Santa, del 31 al 9, (en coche también, que me gustó la última), que consideraré fin de fiestas, o fin de duelo, o fin de etapa, o espectacular comienzo de la nueva, o como queramos llamarlo. No, mejor: espectacular fin del comienzo de la nueva etapa. ¡Je! En realidad, ojalá todos los duelos fueran así. Ahora, echando la vista atrás, me alegro, aunque en su momento las pasara putas y, a día de hoy, aún haya momentos en que la procesión va por dentro. En fin…

Oye, qué bonito libro el de Lucía Etxebarria, cuánto lo recomiendo.

Hoy, mientras me aburría con el ordenador, he releído por encima algún que otro post de éste mi dispar blog. Me ha llamado la atención, en concreto, uno que publiqué el 13 de diciembre del año pasado, no hace tanto, y que titulé “Misterios insondables” . Bien, pasado este tiempo, estoy en disposición de ofrecer unas respuestas que su momento jamás sospeché:


Respuesta a los misterios insondables:

* ¿Por qué compramos la película “Rain” y llevamos ocho meses sin querer verla?
Ya da igual si la viste o no, no te ha tocado en el reparto de bienes y dudo mucho que la encuentres otra vez, porque rara es.
* ¿Dónde fueron a parar la guía QDQ, los pendientes de plata y el cd con mis textos?
La guía QDQ estaba en el mueble de madera, junto con mis chorradas, los pendientes aparecieron y los perdí en enero en Barcelona, y el cd con mis textos apareció también durante la mudanza y no hace mucho, al comprar este ordenador, lo revisé y ordené los textos.
* ¿Por qué sigo ojeando la revista de otorrinolaringología que llega por equivocación a mi casa aunque me resulta repulsiva porque contiene imágenes de operaciones?
Nunca más te verás en esa disyuntiva. Solucionado.

Y sobre todo:
• ¿Por qué no solucionamos el problema de la ventana del cuarto de baño (no la podemos cerrar) y nos seguimos duchando muertas de frío?
Pues sí que lo solucionamos, lo solucioné, lo solucionó el novio de mi hermana cuando les dejé la casa y casi mueren pajaritos. Lo que hace la necesidad. En cualquier caso, mi nuevo baño tiene dos ventanas, una enorme y otra pequeñita, de aluminio blanco y doble acristalamiento, que cierran como una seda. YA DA IGUAL.

¿Quién me lo iba a decir?


27/03/2007 04:45 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos No hay comentarios. Comentar.

Mi lista de mínimos

Como decía en el post anterior, a partir de ahora, y para evitar verme arrastrada por la inevitable falta de objetividad que acompaña a todos los principios de relaciones, he elaborado una lista de requisitos mínimos que ha de cumplir la que quiera ser mi pareja estable en el futuro (los rollos es cosa aparte, que si no me tengo que retirar a un convento).

Es increíble cómo me estoy volviendo de exigente (la lista en el fondo no es coña), quién me lo iba a decir, pero esto es lo que hay, que el tiempo pasa y no estamos para perderlo, ni para llevarnos sorpresitas a última hora cuando se podían haber evitado.

Antes de nada:

A TENER EN CUENTA (errores que no volveré a cometer):

  • Si alguna de sus amigas o ex me advierten de algo no pensaré que es por celos y me cercioraré bien sobre lo que dicen
  • Si se pasa el día chateando y quedando con chicas desconocidas desconfiaré.


REQUISITOS: (Parece la carta a los Reyes Magos)

  • Que sea lesbiana asumida y aceptada por su familia desde hace más de tres años
  • No viva de los padres
  • No le mienta a los padres
  • Tenga un trabajo estable
  • No fume tabaco, y porros y alcohol sólo de manera excepcional; otras drogas ni por asomo.
  • Edad mínima 28 años (y que le acompañe la edad mental)
  • No haya tenido ninguna adicción en los últimos tres años (incluidas adicciones consideradas leves como los juegos de ordenador o la coca-cola light)
  • No tenga historial de enfermedad mental
  • Su madre o padre no la tengan muy dominada
  • No sea celosa, es decir, que sea una persona segura, en cuantos más aspectos mejor
  • No tenga un currículum sentimental plagado de infidelidades (abstenerse evasivas infieles -y compromisofóbicas también, ya puestos...- )
  • Se puedan comentar las noticias con ella
  • Tenga las ideas políticas claras y sean medianamente afines a las mías.
  • Sea de signo zodiacal aire o fuego. En caso caso de no serlo consultaría a un astrólogo para ver cómo tiene aspectados los planetas.
  • Que lea.

 

Si alguien cumple con estas características no hace falta decir que se ponga en contacto conmigo de inmediato, que yo soy muy simpática, mona, limpia y apañá.

Y si a alguien se le ocurre algún requisito más que debiera haber incluído, que me lo diga, que la lista está abierta.


 

02/02/2007 00:28 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 9 comentarios.

Chalados y chaladuras

 

Últimamente tengo la teoría de que esos amores a primera vista es imposible que existan, quiero decir, que sean verdaderos. No, no es de gente que esté bien de la cabeza. La gente normal se va conociendo poco a poco, y consolidando la relación siguiendo unos pasos y unas pautas razonables. Ésas son las parejas que luego vemos que acaban con adosado en las afueras y coche familiar, y en el fondo todos envidiamos, al menos en cierta forma (sobre todo cuando tu magnífica relación libre y pasional se viene a pique).

Conste aquí que yo siempre me he enamorado de esa manera inmediata y arrebatada. Por eso, yo que he sido la gran defensora de estas improvisaciones, me siento con autoridad para opinar (quizá esté haciendo de abogado del diablo, quién sabe), y pedir un poquito más de cabeza fría y racionalidad. No olvidemos que la pasión es sólo un estado de ansiedad.

Aquí, en el ambiente en que nos movemos y con los tiempos que corren, quien más quien menos no está bien de la cabeza, y si recordamos, dios los cría y ellos se juntan.

La gente que se tira a los brazos de otr@ sin pensarlo es porque está en una situación emocional frágil e inconscientemente desea entregarse al primero que pase que cumpla un mínimo de espectativas. A veces estamos tan necesitados, por la razón que sea (soledad, escapar de una realidad, imposibilidad de manejar la propia vida), que ese mínimo es ínfimo, y si ni siquiera lo cumple nosotros nos inventamos que sí, nos lo queremos creer y nos lo creemos, o, oh gran error, peor aún, pensamos, aunque sea de una manera muy remota, que podemos cambiar a la otra persona. ERROR, repito. Se están colgando de pasiones irreales, de películas montadas en su propia cabeza.

¿Que me estoy volviendo fría? Puede. ¿Que estoy afectada por lo que me ha ocurrido? Seguro, pero una cosa no quita la otra. Hay mucho colgado por ahí. En realidad no está mal que eso suceda, no si la dos partes se prestan a ello y son conscientes del por qué. Sólo en ese caso sería perdonable ese empleo del tiempo en jugar al amor loco, pero me temo que la mayoría de las veces no se realiza esa reflexión.

No creo que haya pistas fiables para detectar a los chalados, no más allá de las que el sentido común impone, pero he aprendido una lección, de toda esta operación, y de la experiencia de los demás también: la primera impresión suele ser más válida de lo que pensamos. Si el que conoces es infiel probablemente lo sea contigo, si es mentiroso nada indica que deje de serlo, si es un inmaduro, ¿por qué va a madurar? ¿por tu gracia divina? ¿tan bueno te crees?, si es un problemático tienes todas las papeletas para una relación tormentosa, si tiene diversas adicciones, lo mismo, y así con todo. Pero esta primera impresión solemos olvidarla a las primeras de cambio, en cuanto se nos revolucionan las hormonas y se nos calientan ciertas partes del cuerpo, y luego pasa lo que pasa.

A partir de ahora voy a hacer una plantilla de mínimos, horóscopo incluído, y la que no la pase desechada. ea.

 

31/01/2007 10:51 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 9 comentarios.

El abismo que todos llevamos dentro

"Pero el vacío tiene el valor de lo pleno y se asemeja a ello. Un medio de obtener es no buscar, un medio de tener es no pedir y sólo creer que el silencio que forjo en mí es respuesta a mi..., a mi misterio".

Clarice Lispector.

Hace años, en una sobremesa de éstas prolongadas horas, arreglando el mundo, hablando de lo divino y de lo humano, ya no recuerdo al hilo de que conversación añadí: "... el abismo interior que todos tenemos dentro". Una chica, Nuria, me reprobó: "Yo no tengo abismo interior de ése". Cierto es que Nuria era, y es, una chica sencilla, en extremo amable y optimista, nunca entra en conflictos, la sonrisa siempre en su cara. "¿Cómo no puedes tener abismo interior?", "No teniendo", "Todos tenemos", "No, yo no tengo".

Y ahí fue donde me di cuenta que quizá había gente, las menos, todo hay que decirlo, que no tenía ese punto de sufrimiento seguramente enfermizo, esos traumas por siempre irreconcialiables con la normalidad, ese encontronazo con lo desconocido, lo inasible y el misterio de la vida; cada uno su estilo de abismo, cualquiera que sea.

Y desde entonces, en cierta forma, envidié a estas personas. ¿Cómo debe ser poder abarcar por entero tu interior? Sin duda, una convicción religiosa sin fisuras contribuye a ello. Quizá yo tenía razón y todos tenemos de eso, quizá tenía razón ella, o lo que ocurría es que no se había tropezado con él y probablemente (eso le deseo) nunca lo fuera a hacer. También puede ocurrir que mucha gente niegue la evidencia, y pase de largo ante lo que asume irresoluble. Probablemente haya distintos caminos para el crecimiento interior, y corto ya que me estoy poniendo de un trascendental insufrible.

Hay una peli de Woody Allen, "Annie Hall", creo que era, pero no me hagáis mucho caso o confirmádmelo si es así, donde sale una escena de una pareja de pijos de la época, alguien pregunta por qué ellos son felices y Woody allen responde que porque son simples y viven sin preocupaciones, o que no se comen la cabeza o algo así. (joé, la próxima vez que haga un post sobre una escena de cine me cercioraré antes de cómo era exactamente para no escribir tantas divaciones). Bueno, simplificando, lo que viene a decir es eso, que se es feliz cuando se es simple.

Conclusión: que lo mejor en estos casos es comerse la cabeza lo menos posible.

y ya.

 

 


 

 

27/01/2007 18:54 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 13 comentarios.

Cristina Peri Rossi - libros a granel

Hace muchos años, cuando yo era adolescente, en lo que entonces eran los hipermercados "Continente", ahora "Carrefour", había una oferta de libros, 3 por 2. Yo estaba interesada en dos de ellos. El tercero, de regalo, debía elegirlo de un cajón de libros donde parecía que estaban a granel. No conocía ningún título de los ofertados, así que como el tiempo apremiaba elegí uno al azar, llamado "La tarde del Dinosaurio", de una tal Cristina Peri Rossi . Fue el tercero que me leí, y desconfiaba profundamente de él (era feúcho por fuera). Ya no recuerdo el título de los dos primeros, pero "La tarde del Dinosaurio" me impactó tanto, en especial el último cuento que venía en esa edición, "La rebelión de los niños", sobre la represión durante la dictadura en Uruguay, que tuve la certeza de que había dado con una autora importante, a pesar de que nadie parecía conocerla, y aún hoy no se me ha olvidado esa impresión.

No me equivocaba, a lo largo de los años no me ha defraudado, he ido leyendo libros suyos, novelas y cuentos, geniales todos, y he ido conociendo a gente a la que también le gustaba esta autora.

La poesía la descubrí recientemente, la desconocía (tonta yo, prejuiciosa...), pero salió una fabulosa antología suya hace poco en Lumen, "Poesía Reunida", que me ha fascinado y se ha convertido casi en uno de mis libros de cabecera.

Gracias, Azar, por haberme descubierto a esta gran autora. Quizá la hubiera descubierto tarde o temprano, porque ya sabemos... que todos los caminos conducen a Roma y la cabra tira al monte y tantos dichos populares, pero fue antes que después, cosa de la que me alegro muchísimo.

Nota: Esto es poesía , y no tanta miel y caramelo que dan ganas de vomitar, del empalago, de la cursilería, esto es relato erótico y no tanta orgía vulgar y narcisista, pero el que se conforme con lo barato, allá él/ella.

25/01/2007 15:38 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 3 comentarios.

Sin novedad en el frente

canción (me recuerda un poco a gurb Guiño )

 

Bueno, ha empezado a hacer un frío del demonio, quitando eso, continúo con mi retiro, casi espiritual.

Parezco niña en acogida, pero no tengo ninguna queja (tengo suerte después de todo), rodeada de gente buena y amable, me distraen y cuidan mientras decido qué hacer con mi futuro, ya que todo esto ha dejado cojos varios de mis proyectos (no vuelvo a planear nada con nadie; a partir de ahora yo sola).

De vez en cuando se me vienen a la cabeza reflexiones del tipo "creo que no podré confiar en nadie nunca más" y pensamientos automáticos negativos por el estilo. No sé si se me irá pasando con el tiempo, tampoco me preocupa, sólo me da pena.

Ya ha pasado el suficiente tiempo, el suficiente como para echarla de menos, encontrarla lejana, acostumbrarme a mis nuevos días...

Estos cambios de casa y hasta de país me trastornan demasiado. al principio estaba bien, pero luego parecía que no lo podía parar. Demasiada inestabilidad. Van siete mudanzas, siete ciudades distintas en cinco años, a este paso, ocho en seis años. Ya me vale. ¿Desarraigo? Soy experta mundial. Hay un momento en que no tiene vuelta atrás, lo perdido perdido está, gente, costumbres y lugares. El chico amable del kiosko de abajo, el camarero del bar de los desayunos, la dependienta de la farmacia, el conocido que saludas por la calle, todos ellos se confunden en la niebla de la desmemoria. No se puede arraigar.

Tanto luché por borrar los primeros lugares comunes que lo conseguí, vaya si lo conseguí, más no se podía. Ya lo dice la maldición árabe: "que se cumplan tus deseos". Y aquí estoy, como un actor sin escenario, mi vida en blanco, todo dispuesto para ser escrito a partir de la nada: casa, trabajo, amigos, escenario. A construir a partir de mi voluntad. Alguien me podría envidiar, alguien (pocos) que estuvieran tan en desacuerdo con su propia vida que quisieran cambiar radicalmente. El problema es que lo que en un principio, hace cuatro o cinco años, fue un deseo ahora es algo impuesto, porque a mí ya me gustaban mi casa y mi novia, empezaba a regar para arraigar, pero no pudo ser, y de nuevo me encuentro con el vacío ante mí y la necesidad de empezar a construir, cuando no hay tanta ilusión ni tanto material, ni tanto personal.

Pero será el misterioso impulso que todo ser humano lleva dentro y le hace ir más allá, un sueño, en esta ocasión más lejano que otras veces, difuso, que me empuja a seguir intentándolo tras otro nuevo, digamos, fracaso, que no lo es, que ya lo sé, que no hay que llamarlo así, que de todo se aprende, pero es para entendernos.

y no tengo ni idea, ni puñetera idea, de cómo hacerlo esta vez. 

¿perdida? más bien ojiplática de la impresión, paralizada del susto, palpando el terreno en el que he ido a parar tras la experiencia con el paracaídas defectuoso.

23/01/2007 16:39 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 8 comentarios.

Siempre hay una nueva manera de cagarla y ésta es otra

Ayer bebí y me sentó mal. No suele ocurrirme, siempre digo cuando esto sucede es porque algo no funciona bien dentro de nosotros o nos empeñamos en tapiar sentimientos, el alcohol derriba el muro y éstos afloran.

Me empeñaba en que todo fuera demasiado bien y no era cierto.

Desde aquí pido perdón a quien molesté, aunque sé que no me leerá, pero yo lo digo.

El blog me plantea un problema. Como es un blog en el que cabe de todo porque yo así lo decidí, desde política, medio ambiente, curiosidades, música y cine, hasta mis pensamientos más dispersos o íntimos, me encuentro con que no quiero que la que hasta hace poco fuera mi pareja lea estos últimos. Puedo cerrar el blog, pasarlo a otra ubicación o simplemente no contar nada excesivamente privado. Como no quiero que suceda ninguna de estas cosas seguiré escribiendo aquí, y lo único que puedo hacer es pedirle por favor que deje de leerme y que me olvide. Espero que esto sea así.

 

Para quien le intrigue lo que ha pasado, que a muchos les resbalará pero sé que todos llevamos un cotilla dentro, lo contaré, no tengo problema.

La historia es vulgar, por previsible y repetida. Me puso los cuernos. Con una que comentaba en el blog de LE y luego comentaba el mío, la tal "biblios", no sé si os suena. Eso no es lo más grave: anda enamoriscada de otra, bloguera también, desde el verano y seguro que ha habido much@s más. Podría haber perdonado la infidelidad, no la deslealtad. Además de su conocida inmadurez, es una mentirosa patológica y, a pesar de las muchas advertencias y señales, yo me he negado a verlo hasta el final. Su versión de los hechos es que yo estaba deprimida y enganchada y por eso buscó fuera. Eso es lo que más duele, que encima me eche las culpas, cuando es tan fácil como decir que se cansó de mí. Duro, pero sencillo y sobre todo real.

Y eso es todo. Existen numerosos detalles, escabrosos algunos de ellos, pero no modifican la historia en lo fundamental.

Nunca le dije por el blog lo que la quería, me daba vergüenza y lo veía innecesario teniéndola al lado como la tenía. Ahora, como fin de fiestas, le digo que no he querido a nadie tanto en mi vida, y ya está, que le vaya bien, y que tenga suerte, que la va a necesitar.

 

Quiero olvidarla, y estoy segura de que cualquier día de éstos lo habré conseguido.

 

 

 

21/01/2007 14:56 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 13 comentarios.

la poesía y la ciencia

La opinión d la terapeuta, del brujo, del astrólogo, de la amiga, de la experta, del amigo, de la madre, de la hermana, del desconocido, de la conocida... éste libro y aquél.

Evasiva infiel, dependiente, complejo de redentora... términos.

Madurez, hormonas, sustancias del cerebro, enamoramiento, ciclos.

Soluciones. No te dejes caer, nunca. La espiral negativa. Sube, ríete.

Este ex y la otra, el tuyo y la mía, historias de aquí y de allá, con niños es peor, hijos de puta y adictos, reparto de bienes, infieles e imbéciles, inconscientes y maltratadores. Lo bueno, la parte positiva, lo racional. Qué putada.

Aprender.

 

Estoy harta ya.

21/01/2007 13:11 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos No hay comentarios. Comentar.

El crujido en el estómago

Eso que llaman clarividencia puede no ser más que un decodificado inconsciente de señales. En un momento determinado sabes algo, aunque todavía no sabes que lo sabes, lo intuyes sin ni siquiera percatarte de ello. ¿Intuición? Quizá se trate de una forma refinada de inteligencia.

Sea como sea, tengo la experiencia en dos ocasiones de abruptamente tener la certeza de una ruptura sentimental (el crujido en el estómago), antes de que ocurriera, antes incluso de que cualquier indicio lógico o criterio objetivo lo indicara. Pero solemos despreciar esas intuiciones y sólo con posterioridad confirmamos su autenticidad. O no queremos oír lo que nos quieren decir, negamos la evidencia.

La primera vez fue hace años. Tras una noche desastrosa en la que yo estaba muy cansada y no hacía por favorecer la química con los amigos de ella, nos retiramos al hotel relativamente temprano. Ella estaba de mal humor y no quería hablar. Un momento bajo como otro cualquiera, nada que indicara una grave crisis ni nada por estilo. Entonces, con mi cara sobre su vientre, liso y aceituna, suave y dulce, sin venir a cuento, tuve la poderosa sensación de que ésa iba a ser la última vez que la abrazara así. Y empecé a llorar sin contenerme. El ombligo se le llenó de lágrimas. Ella me dejó hacer, lo que yo interpreté como generosidad y al mismo tiempo la confirmación de lo que pensaba.

A la mañana siguiente todo siguió tan normal y olvidamos el incidente. A la semana, me dejó, por teléfono y sin explicación.

La segunda vez fue hará un mes y medio. Me sorprendió exactamente la misma sensación, el extraño vuelco en el estómago y la sensación única de inminencia de la ruptura. Me asusté cuando recibí la punzada e inevitablemente vino a mi mente la imagen de aquella otra vez. No podía ser, otra vez no. Busqué sus ojos con avidez pretendiendo encontrar una respuesta, pero no obtuve respuesta concluyente, ni una pista siquiera. De nuevo lloré, ella también, pero no sé si era por lo mismo. En esta ocasión hablábamos de solucionar los problemas, de poner de nuestra parte. de revisar el caso en febrero, por lo que me tranquilicé, no siempre esa sensación tendría por qué ser definitiva, ¿qué pasó con nuestro libre albedrío, con nuestra voluntad de solucionar los problemas?

Me engañaba a mí misma. No hubo segunda oportunidad, ni espera, ni revisión, los acontecimientos se sucedieron en una secuencia imparable y hasta previsible sobre la que no pude actuar, tan sólo asombrarme ante lo que parecía más bien una película que mi propia vida. Una película mala, además.

Así las cosas sólo me queda esperar no tener nunca más ese puto crujido en el estómago, que es el vértigo ante el abismo.

 

Nota: escribo porque he pillado un ordenador unas horas. tenía mono ya. Hablando de mono, sigo sin fumar... weeeee, oooola.

18/01/2007 13:15 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 1 comentario.

Madrid *

* ficción bloguera

fangoria - me odio cuando miento

 

 

Calle San Bernardo arriba, me enamoras cuando conduces. Silencio.

- Quédate un rato más.

- No puedo - me respondes.

Evito analizar los porqués, que intuyo dramáticos, y prefiero pasar estos minutos disfrutando de tu compañía.

Semáforo en rojo, quedan sólo dos calles para llegar. Te miro, te giras, no sé si queriendo decirme algo. Más serias no podemos estar. Me acerco, sólo quiero tus ojos, me prohíbo lo demás. No lo soporto, cierro los míos, y deseo que el tiempo se detenga, atraparte, que el universo se ciña a este cubículo. Siento tus labios. Nunca sabré cómo avanzamos sobre ese espacio que hay sobre la palanca de cambios.

Por fin probamos lo que sucedería: quemaríamos el mundo, y tú y yo nos consumiríamos con él.

- Quédate - te suplico.

- No puedo.

Semáforo en verde.

Ella te esperaba alerta, y tú no eras suicida entonces.

 


19/12/2006 19:46 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 12 comentarios.

Mis pensamientos sobre Gaia

Björk - Hunter

El día que dejamos de adorar a La Tierra

y empezamos a adorar a dioses lejanos

firmamos la sentencia.

 

Nos disociamos,

nosotros, la materia gris,

envalentonados y arrogantes,

abrazados al raciocinio,

embriagados de codicia,

abocados a la carrera suicida

de la droga negra,

nos separamos de la madre.

 

Las plegarias perdidas

deben volver.

 

 

 

 

Se supone que todos descendemos de unas doce personas. Me imagino aquella pequeña comunidad, aquel viaje posterior por el que nos expandimos por la tierra, lleno de peligros, animales nuevos…

De ahí a conquistar el mundo. Somos capaces de lo mejor y lo peor.

Qué mala suerte, ¿no? Con la de años que ha vivido la humanidad y nos ha tenido que tocar vivir precisamente ahora. Pero, ¿cuándo no ha habido catástrofes, guerras, fines de civilizaciones?

Lovelock , prestigioso científico y creador del concepto actual de Gaia -siempre agradecidos-, piensa, en esa metáfora antropocéntrica llevada hasta extremos tortuosos de equiparar al planeta con el ser humano, que somos el sistema nervioso de la Tierra. Yo pienso que somos más bien su materia gris. Cada ser humano sería una neurona. El sistema nervioso lo constituirían los seres vivos en su conjunto.

De todas formas Gaia no es una persona y llamarla planeta es algo simplista (¿no se han peleado hace poco por si Plutón era o no un planeta?). Es un sistema vivo, sí, pero desconocemos su naturaleza.

Un pez está vivo, tiene sistema nervioso, pero nunca será capaz de comprender que dos más dos son cuatro. Eso no significa que dos más dos no sean cuatro.

De la misma manera que un pez no entendería esto, nosotros nunca podremos entender el mecanismo que nos sostiene, a nosotros y a la tierra. Que no lo entendamos no significa que no exista y tenga su lógica, simplemente ésta se nos escapa.

Fue J. B. S. Haldane quien escribió: "Sospecho que el universo es más raro no sólo de lo que suponemos sino de lo que somos capaces de suponer".

Disiento también con la teoría de que nosotros somos el virus de la tierra. El virus, si acaso, está dentro de nosotros, es mental, y es la avaricia, pero los humanos somos parte de Gaia también, - todo es uno (y el universo es mental) -. No somos el virus, ni su cáncer, porque la tierra y los mismos virus que contiene forman parte de su sistema. La muerte que dentro de ella se produce en ocasiones no hace sino ratificarla viva.

Rompimos las conexiones emocionales con la madre y tenemos la percepción distorsionada. El concepto mismo de riqueza es relativo, depende de la riqueza de los demás y desde luego la riqueza verdadera no es la que pensamos actualmente, de hecho así lo empiezan a constatar incluso los economistas. La riqueza es la satisfacción de las necesidades básicas, dentro de las cuales debemos incluir un entorno natural saludable y sostenible. La riqueza debe ser también espiritual. Hay que cambiar conceptos y mentalidades.

Lovelock es un agorero y excéntrico viejecito inglés, de alguna forma vendido a la industria (no estoy para nada de acuerdo en que la energía solar y eólica no sean salidas realistas y la energía nuclear sea la única solución ecológica), de otra siempre muy suyo, que piensa cosas como que el calentamiento global llegará hasta extremos insostenibles y la población global se verá diezmada y condenada a vivir en lugares nórdicos [que se expanda esta idea es una mierda porque nadie querrá invertir en África], que hemos llegado a un punto de no retorno, que no tiene solución porque los sistemas sociales actuales son demasiado lentos para reaccionar. Algunos dicen que es tan catastrofista porque le queda poco para morirse y está aprovechando para ser provocador y anunciar un mundo apocalíptico para que la gente reaccione. Pudiera ser, pero no estoy tan segura. No lo sé bien. En realidad paso de Lovelock y de leer su famoso libro “The Revenge of Gaia”. Me sé las conclusiones y prefiero centrarme en las soluciones.


Cuando EEUU entró como contendiente en la Segunda Guerra Mundial, transformó toda su industria en armamentística (de la que se hicieron cargo las mujeres, por cierto) en seis meses. Se puede hacer, querer es poder. Igual que se cambió para construir tanques y bombarderos se puede cambiar (ahora mucho más) para la fabricación de unidades de producción de energía eólica y solar y coches híbridos o directamente eléctricos o solares.

Otro dato, durante estos años se suspendió la pesca en la zona del conflicto (obvio, era muy peligroso); al cabo de de esos cuatro años de parón algunas de las especies, prácticamente esquilmadas después de siglos de explotación, se recuperaron.

La tierra es frágil, pero tiene un poder fuerte de autoregeneración, el problema es que ya no puede hacerlo sola, tenemos que ayudarla.

El hombre no puede vivir sin futuro y si éste no es posible tendremos que inventárnoslo.

El mundo ya nunca será cómo lo estudiamos de pequeños en aquellos libros de Geografía o Ciencias Sociales, pero puede ser, por lo menos.

 

En realidad sólo veo un problema grave: los océanos. El sistema de la vida en los océanos es mucho más delicado que sobre tierra firme. Al derretirse el hielo del Ártico cambiará la salinidad del mar, y entre eso y el aumento de temperatura, prácticamente todo el fitoplancton morirá. Esto, aparte de cargarse la vida de los océanos (sin la cual podríamos vivir, con dificultad pero podríamos) impedirá la transformación de CO2. El fitoplancton es el responsable de LA MITAD de la transformación de CO2 sobre la tierra, por lo que si esto ocurre habría que duplicar la masa forestal existente actualmente para mantener el equilibrio. Eso sí que es un trabajo. Podíamos empezar ya.

 

15/12/2006 18:46 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 1 comentario.

Títulos de crédito

Lo que más me gusta de las películas son los primeros minutos, mientras salen los títulos de crédito. Todo es posible y ahí concentramos nuestras expectativas, deseando dejarnos sorprender, cautivar, embaucar por el milagro que todavía constituye el cine.

El genio indiscutible de los títulos de crédito es Saul Bass (El hombre del brazo de oro, Vértigo, Psicosis, Casino). Otros diseñadores destacados por las secuencias de inicio son Maurice Binder (James Bond cuando dispara al objetivo y cae la sangre) y Kyle Cooper (Seven). A mí me gusta particularmente Juan Gatti, quien ha realizado algunos de los títulos de las películas de Almodóvar (Mujeres al borde de un ataque de nervios, Átame, Tacones Lejanos, La mala educación y Hable con ella).

Aquí, por si estáis aburridos, os dejo unos enlaces de Youtube con lo que ha alguien ha considerado

Los mejores títulos de crédito Parte 1

 

 

Los mejores títulos de crédito Parte 2

 


Generalmente, no siempre, durante los dos o tres primeros minutos, te puedes hacer una idea de cómo será la película, el género y el estilo, buena o mala. Luego llegarán los matices.

Hay comienzos de películas espectaculares, intrigantes, chocantes y muchos auténticas obras de arte, donde el sonido (una sirena de policía, una voz en off, el motor de un coche, el bullicio de un pasillo de universidad…) y/o la música (un aria, un rockandroll, un saxo, una guitarra flamenca…) juegan un papel fundamental y te consiguen introducir en breve lapso de tiempo en otro espacio, arrastrarte hacia una sensibilidad determinada. Luego están los colores y los diseños de las letras, cómo se pasa de unas a otras, cómo se combinan con las imágenes, cómo se funden, modifican, giran y, en general, juegan al capricho del que las diseñó.

Es el trozo de la película donde el director le puede dar más rienda suelta a la imaginación y al preciosismo. Es en las primeras secuencias donde se lo juega todo para sorprenderte y engancharte. Muchas veces esa primera actitud te condicionará toda la película, sobre todo si hablamos de cuando se emiten en televisión, donde claramente deciden si te quedas a verla o no.

Las de televisión, y en especial los telefilmes, son tema aparte. Tú zapeas y, casualidades de la vida, descubres que justo va a empezar una película porque tropiezas con las imágenes del estudio o la productora. Ya por ahí tienes la primera información, aunque no siempre. A veces te tienes que esperar a ver la calidad de los títulos y las primeras imágenes, a que hable alguien o pase algo que te dé una pista sobre lo que irá la cosa.

Si es lo que estás buscando, entre todo el desastre de la programación actual y sin haberla mirado previamente, una película siempre es una buena noticia. Luego llegarán las rebajas: es “Cine de Barrio”, comedia de instituto americano, infantil, de animales que hablan o, horror, una de Steven Seagal. Como mal menor, una americana de policías cutres y delincuentes pandilleros. También están las de familia media americana con adopciones de por medio o las de juicios y protección de testigos. A veces incluso con todos estos ingredientes mezclados.

Mención especial merecen las temáticas por fechas, como las de Semana Santa, donde incansablemente, año tras año te tropezarás con “Los Diez Mandamientos”, Charlton Heston con su cara de palo y las clónicas de romanos con reloj digital y túnicas y sandalias inverosímiles. Entre las veraniegas podríamos incluir las de surf de adolescentes californianos descerebrados, pero éstas son más llevaderas porque se reparten más en el tiempo. Luego Halloween, qué horror, pero de verdad, quitando las cuatro de culto que hay por ahí. Y se llevan la palma, por supuesto, las Navidades, esas fechas tan especiales, que comienzan como todos sabemos en noviembre. Ahí sabes que nadie te librará de veinte mil películas infantiles de calidad ínfima en las que suele ocurrir algún milagro y todo el mundo se quiere mucho, de las de Papá Noé de grandes almacenes y las ñoñerías que suelen acompañarlos, ni de la enésima versión del cuento de Dickens de Mr. Scrooge y el fantasma de las navidades pasadas y sus petardos hermanos (conste que originariamente es un cuento que me hacía gracia). Es más, para tu desgracia, hasta en las series más normales, por arte de magia, es Navidad, porque los muy cabrones de la programación se han reservado esos episodios para torturarte aún más por estas fechas.

Éstas, las temáticas, son tan cansinas que consiguen en ti, a las décimas de segundo de haber captado de qué va el tema, un acto reflejo de búsqueda del mando a distancia que parece que te haya dado una descarga eléctrica.

No todo es tan horrible, por el contrario, a veces, descubres con incredulidad que esas letras y esa música que te has tropezado corresponden a “El marido de la peluquera” o “Delicatessen”, una de Scorsese, los Cohen, Wim Wenders, o una que deseabas ver hacía siglos y ni siquiera recordabas. No puedes creer tu suerte. Este momento, no siempre, suele coincidir con que te das cuenta de que no la puedes ver entera porque tenías otros planes. Si no tenías planes, lo más seguro es que la hayas visto tantas veces que no te merezca la pena. Pero el caso existe, sí, y es tan agradable cuando ocurre…

Luego están las que pasan minutos y no terminas de pillarla (¿es de suspense, de terror…?), las raras, que mantienen tu desconcierto hasta prácticamente el final porque no te la esperabas, o las de nacionalidad desconocida, que te tiras como diez minutos intentando ver la matrícula de un coche para tener al menos alguna referencia (“seguro que es australiana”, “qué va, si es irlandesa…”, “coño, ¡que es Liverpool!” ).

También están las que sabes que no van a ser buenas, pero te quedas esperando, esperando, a ver si pasa algo mejor, cuando en el fondo de ti sabes que eso no va a ocurrir, y acabas enganchada a una trama manida pero que no puedes dejar de ver, porque a esas alturas ya te has tragado más de media hora de película y para lo que hay en las otras cadenas te quedas con tu cutre-drama facilón que ya sabes de qué va.

Y una cosa que suele suceder mucho, por lo menos a mí, es que pillas la película recién empezada pero te has perdido el título, y la película promete, te vas enganchando y al final acabas encantada, pero nunca podrás contar a nadie la película que has visto porque no sabrás el título. Si ya te come la curiosidad hasta límites extremos podrás recurrir a internet y a consulta entre conocidos, sobre todo si no has dejado pasar mucho el tiempo, y hay suerte y alguno de los actores es conocido (a no ser que sea la enésima película independiente en la que participó Harvey Keitel, que nadie más que tú habrá visto), pero como la película sea, digamos sueca, y haya pasado más de una semana desde la emisión, olvídate para los restos. Puede ocurrir incluso que, años después, la gente esté hablando de una película maravillosa con título muy conocido y tú afirmes no haberla visto, pero sí, lo hiciste, sólo que no lo sabes.



10/12/2006 17:18 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 8 comentarios.

Conjunción planetaria chunga

 

Post de emergencia : terremoto.


La vida transcurre plácida, tranquila, hasta que de pronto pega un acelerón, un descuadre, un desmán, una crisis.

EL DÍA QUE MENOS TE LO ESPERAS.

Ha llegado. Lo intuías, siempre lo supiste.

Tiemblan las bases, incertidumbre.

En un día y una noche, lo que fue verdad se convierte en espejismo.

 

Acontecimientos pasados te obligaron a grabarlo a fuego en tu corazón y, como un viejo tatuaje, llegaste a ignorarlo, a confundirlo con el paisaje, pero amanece el día en que te miras al espejo y lo ves, y sabes por qué está ahí. Que la vida no es controlable, que hoy vives y mañana no, que esto siempre fue así.

 

Llega, en una cadena imparable, como una fila de fichas de dominó que se bifurca, se te abren varios frentes. Dos, tres. Todos a la vez.

La memoria dimite, y tú quieta, impasible, mientras el mundo se derrumba a tu alrededor.

02/12/2006 17:56 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 3 comentarios.

El amable efecto de los bombones sobre mi carácter

He terminado de cenar, un pescado que me ha salido de rechupete. Abejita ve “En honor de la verdad”, que no está mal, pero ya la he visto. Me aburro un poco.

A pesar de mi intención de no beber alcohol hasta Nochevieja (por adelgazar más que por otra cosa) me iba a poner una copichuela, sin que sirviera de precedente. En el camino he tropezado con unos bombones que nos regalaron y los he cambiado por la copa. Esto creo que demuestra que no soy alcohólica del todo, pero sí una ansiosa, golosa y horrible persona.

Con la boca llena, deshaciendo este delicioso manjar (mi ánimo va arriba, arriba…), me disponía a escribir un post que iba a tratar de los detenidos en Baleares por corrupción urbanística (¡yuju!, esto marcha), pero ya no me apetece.

También podría hablar de la huella ecológica, quería hacerlo desde hace días, pero... oh, tampoco me apetece. Es tarde para pensar en temas serios que acaban por enfadarme.

 

Así que prefiero hacerlo de algo más agradable y me he acordado de la preciosisísisima película “Días del Cielo ”(1978), de Terrence Malick,

porque me gusta la escena cuando la niña dice que de mayor quiere ser médico de la tierra.

 

28/11/2006 02:02 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 10 comentarios.

A los amigos: gracias

A los nuevos:

A los bloggers (a los que estáis en mis enlaces y a los que no, -a los que no tenéis blog-, a los que conozco en persona y a los que no).

 

Y a los viejos:

En Zamora:

A Rut, que me va a leer más a partir de ahora. Menos mal que existes. Tú si que me comprendes. Lo haces tan fácil todo ...

En Colombia:

A Janeth, que me lee y no comenta, siete años siendo amigas sin habernos visto, aunque últimamente hablemos poco. (Si lees esto da señales de vida), (Gurb, ya que hablábamos de comunicación virtual, éste es mi caso más espectacular).

En Madrid:

A M. Porque me hace reír y me quita la depresión.

A Javi, que no sabe de mi blog. Por aguantarme, por tantísimos años. Por un hogar cuando estoy perdida.

En Málaga:

A Lou, aunque no me hable con ella, por las risas y complicidad que hubo.

A Minaya. Sin ti se me cae el chiringuito, no te vayas nunca.

A MariLuz, nunca tan pocos kilómetros fueron tantos abismos. Te quiero.

Y al Paquillo también, que no se diga. Por esa simpatía y buen humor. Por ser tan cariñoso y tan golfo.

 

A los que perdí en el camino:

Ana P., Eva (algún día volveremos), Belencilla, Miguel, Glori, Bern, Jacin, Sergio.

 

A los que siempre estarán en mi corazón:

Sandra, Nina, Luiz, Yumiko, Olga, Elena, las holandesas, Clint y Katelyn.

 

A los ex que también fueron amig@s.

 

A Abejita.

 

A todos os quiero regalar la canción que es muy especial para mí. Quizá no sea la más bonita, pero sí es la más importante. Porque era la que escuchaba cuando me di cuenta de que al final estamos solos, pero que el camino lo hacemos acompañados.

A mis amigos, mis pies en la tierra, mis alas cuando lo necesito:

Afro Celt Sound System: Nil Cead Againn Dul Abhaile / We Cannot Go Home

 

27/11/2006 03:11 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 9 comentarios.

un poema

Gaita galaica, de Rubén Darío:

 

Gaita galaica, sabes cantar
lo que profundo y dulce nos es.
Dices de amor, y dices después
de un amargor como el de la mar.
Canta. Es el tiempo. Haremos danzar
al fino verso rítmicos pies.
Ya nos lo dijo el Eclesiastés:
tiempo hay de todo: hay tiempo de amar,
tiempo de ganar, tiempo de perder,
tiempo de plantar, tiempo de coger,
tiempo de llorar, tiempo de reír,
tiempo de rasgar, tiempo de coser,
tiempo de esparcir y de recoger,
tiempo de nacer, tiempo de morir.

 

 

22/11/2006 01:51 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos No hay comentarios. Comentar.

blogs y realidad

No olvido la crónica prometida sobre el viaje a Londres, pero hoy estoy cansadísima como para escribir tanto. Perdimos el avión (sí, Brixta, sí, creo que voy a colgar en mi salón un cartel que ponga “Responsabilidad” porque no tenemos remedio ninguno), he pasado todo el día en Gatwick y estoy hecha polvo.

 

Sólo unas reflexiones hasta mañana:

 

Al conocer a Brixta y haber tenido algún que otro contacto con otros blogueros me doy cuenta de cómo se pasa del anonimato, de algo que puede pasar por banal o superficial como son los blogs, a la más pura realidad.

(De cómo dios los cría y ellos se juntan, o que muchas veces puedes tener más en común con alguien que conoces por cuatro posts que con la gente que forma parte de tu vida real).

 

Ese ente abstracto, esa hiperrealidad que constituyen los blogs se torna fácilmente en espacio visible, cuerpo palpable, y eso en el fondo todos sabemos que puede ocurrir, quizá por eso tienen ese algo que engancha. Y los blogs nos importan, más de lo que a veces creo que nos atrevemos a reconocer, los blogs y la gente que intuimos que puede estar detrás.

 

Es algo asombroso.

 

 

21/11/2006 00:27 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 4 comentarios.

Fuegos

 


 

Si Marguerite (la Yourcenar, 1903-1987) viviera hubiera sido una gran bloggera, estoy segura de ello.

Le hubieran encantado los blogs.

Siempre fue una adelantada a su tiempo, aunque escribiera como en el siglo XIX. Era una gran ecologista, y reclamaba a Dylan como gran poeta cuando los demás lo consideraban un hippie zarrapastroso.

Lo que más admiro de ella es que aprendió japonés pasados los setenta años para poder traducir a Mishima. Yo quiero así ser de mayor, tener esa ilusión, esas ganas de comerte el mundo, de viajar hasta el último rincón de Kenia arrastrando tu artritis.

Su libro “Fuegos”, aparte de los relatos, por los párrafos sueltos entre uno y otro, podría ser una compilación de posts. Uno cortito:

“Amar con los ojos cerrados es amar como un ciego. Amar con los ojos abiertos tal vez sea amar como un loco: es aceptarlo todo apasionadamente. Yo te amo como una loca.” *

 

*A., que lo sepas.

 

David Bowie - Absolute Beginers

15/11/2006 00:01 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 6 comentarios.

El de Antequera


Era amigo de mi ex, que tocaba en grupo y, normal, conocía a muchos músicos. El de Antequera andaba metido en las drogas, como tantos de su círculo. Negocios arruinados, parejas jodidas…

Éste estaba muy mal. Hace tiempo que no sé de él. No recuerdo su nombre, pero esta canción, de una maqueta, se quedó entre mis pertenencias y a veces sale a relucir, trayéndome sentimientos y recuerdos que no termino de manejar.

 

 

 

11/11/2006 16:25 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 2 comentarios.

Una mirada atrás

Un post de anita me ha puesto melancólica y ha hecho que recuerde:

Esta canción sonaba por aquellos entonces:

Richard Ashcroft -song for the lovers

"Me voy. Apenas lo notarás. No deseo que lo notes.

Me voy. A buscar nuevos mares en los que bucear, nuevos tesoros que admirar.

Pero nunca olvidaré que un día tropecé con aquél, ¿el mejor? no lo sé... el que me deslumbró con sus colores brillantes, el que desveló mis noches intentando averiguar la forma de adentrarme en sus secretos, sus recovecos y sus sorpresas.

Me despido. No supe la respuesta a la adivinanza que da la clave de la entrada. Ya lo sé, sé que era muy fácil, muy obvia, pero yo no era la elegida del cuento. Era demasiado tarde, demasiado pronto quizá, pero nunca el momento. Me voy, a recorrer nuevos países, a que me cieguen otras luces, me quemen otras pasiones. Me voy, con la mirada melancólica sobre el brillo de tu piel, con la dulzura de tus ojos grabada para siempre sobre mi retina, y con la amargura de no poder regalarte mis palabras, pero con el agradecimiento de haberlas escrito por ti.

Gracias. Por dejar asomarme. Me encantó tu paisaje, poderoso, selvático, belleza atroz. Me sentí invadida por la vida, por la que todo lo puede y todo lo quita. Me sentí viva, da igual que fuese un solo instante o fuesen dos. Fue suficiente.

Quiero recuperar en mi mente tu imagen, la que retuve ese momento en que estabas despistada y no sabías que te miraba, paralizarla y poder disfrutarla eternamente, como si fueses tú la que me diese permiso para contemplarte."

01/11/2006 17:18 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos No hay comentarios. Comentar.

Diana

Como le comentaba a Brixta en el post anterior nosotros también vivíamos en el campo y teníamos camadas de perros, pastores alemanes, prácticamente cada año. En una ocasión nos dijeron a mi hermana, a mis primas y a mí que nos podíamos quedar cada una con un perro.

A la mía la llamé Diana. Como iba a ser sólo mía me volqué con ella. De pequeña la llevaba siempre en la canasta de mi bicicleta (rosa, sí). Con sólo seis meses sabía hacer de todo, desde lo típico de la patita, echarse y sentarse hasta truquillos de traer cosas y dar vueltas. Era inteligentísima, una maravilla. Sabía cuando yo estaba triste, teníamos una compenetración fuera de lo normal. En mi casa nunca le enseñamos a los perros a atacar, pero recuerdo que fue increíble lo que pasó una vez. Íbamos de paseo Diana y yo, a pie a esa vez, y vi otro perrillo pequeño muy a lo lejos, ni idea de dónde había salido. Se me ocurrió la genial idea de decirle (la primera vez que salían esas palabras de mi boca): “¡Diana, ataca!” y cogió Diana y echó a correr campo a través a por él, como alma que lleva el diablo. Y yo, asustada, alucinando: “¡Diana, no, no, para, ven!”. Se paró y me miró. Yo creo que pensó: “eres tonta”, y volvió, con le corazón que se le iba a salir y yo igual. Había sido sólo por el tono de voz, me había entendido, eso os da una idea de lo compenetradas que estábamos.

Pues un día, tendría ella seis meses, yo unos once años, desapareció. En mi casa, casi siempre que moría un animal decían que se había perdido para no darnos un disgusto a los niños (qué tontería, pienso ahora). Yo a esa edad ya me había dado cuenta de la estrategia, por eso pregunté insistentemente si se había muerto, pero mi madre me juró que no. Entonces la empecé a buscar, a preguntar a todo el mundo. No lo podía entender, ella no se perdía… Durante un tiempo dediqué varias horas al día a dar vueltas con la bicicleta a buscarla. Llegué a ir tan lejos como nunca antes había estado, pero nada. La llamaba y la llamaba, y nada.

Se me acabó pasando, pero nunca más quise encariñarme tanto con un perro. Sí, los quería a todos, pero por encima.

 

Pasó el tiempo, yo ya iba a la universidad y tenía coche. Un fin de semana fui de visita a mi casa y conducía sola, por gusto, cerca del río, descubriendo rincones que desconocía. Llegué hasta el mismo margen del río y me bajé para verlo mejor.

Entonces escuché unos gemidos y unos ladridos cortos, de perro. Algo se despertó dentro de mí, busqué y a lo lejos vi un perro que saltaba sujeto a una tensa cuerda larga… ¡era ella! No cabía duda, su carita pequeña, sus ojillos negros… y yo “¡Diana, Diana!” y ella que daba saltos. Vaya que si me reconoció… No puedo evitar emocionarme al recordarlo. La abracé, lloré… De pronto noté que hacía unos extraños, a pesar de todo el tiempo que había pasado me di cuenta de que lo que hacía no era normal, me quería decir algo… La dejé hacer. Me llevó hasta una caseta junto al invernadero derruido al que estaba atada, y me lo enseñó: tenía un perrito, uno solo, negro y ciego.

 

Me fui a mi casa, dispuesta a pedirle explicaciones a mi madre. Resulta que mi tío se la había regalado al dueño de un invernadero de claveles que había junto al río. No se había muerto, pero tampoco me dijeron la verdad. Le dije que quería recuperar a la perra y me dijo que no podía quedármela, que la perra era de ese hombre y que yo estaba en la universidad y tampoco podía cuidarla, que ella no estaba acostumbrada a estar en un piso.

Me resigné temporalmente mientras pensaba en una solución.

 

La siguiente vez que fui a mi casa lo primero que hice fue ir al invernadero. Diana no estaba. Busqué al dueño. Diana había muerto, porque como estaba atada, el río se había desbordado y había muerto ahogada.

Nunca los perdonaré: a los demás por razones obvias, a mi madre por haberme mentido y por haberme dejado buscarla tanto (ella dice que prefería eso a que me peleara con mi tío –total para nada, con el tiempo acabé enfadándome con él por otros motivos-).

Hijos de puta todos.

22/10/2006 22:18 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 7 comentarios.

Andar descalza

Yo era de esos niños que juegan descalzos en el campo. Mi madre insistía en que me pusiera los zapatos, pero casi siempre lograba escabullirme.

Recuerdo que tenía memorizados los caminos, porque entrando el verano los cardos se ponen resecos y pueden hacer bastante daño al pisarlos. Lo pienso y ahora no podría hacer las mismas cosas, supongo que a todos nos pasa lo mismo con ejercicios de nuestra niñez. Me retaba a mí misma, caminos más difíciles, a toda carrera, una combinación de memoria y agilidad física. El placer de llegar... El placer de pisar una roca tibia al atardecer, y el apretar los dientes al hacerlo sobre una demasiado caliente en verano.

Por agosto o así, yo misma acababa poniéndome zapatos, porque la cosa se ponía imposible con tanto pincho y tanto calor.  

Total, que casi siempre andaba descalza por ahí. 

Un día, yo tendría unos ocho años, sucedió algo horrible:  

Era verano, por la mañana, pero tarde ya. Fui la primera en despertarme y, como otras veces, lo primero que hice fue dirigirme, descalza, a la puerta principal (tiempos estupendos en los que la puerta se tiraba abierta todo el día). Tras abrirla di un paso hacia delante.

Había un sol potente que al principio me deslumbró, por lo que percibí lo anómalo antes por el tacto que por la vista. Sentí humedad bajo mis pies. Miré hacia abajo, extrañada, y lo que descubrí me horrorizó. Estaba de pie sobre un inmenso charco de sangre. Viscosa, tibia y oscura. Miré alrededor y me desconcerté aún más: trozos de carne y pelos dispersos por todo el porche, múltiples salpicaduras en la pared blanca, grandes cantidades de sangre que hacían presagiar que algo fuera de lo normal y terrible había sucedido. Y ese olor penetrante… Me quedé petrificada, mirando a todos lados, buscando el origen de semejante desastre. Parecía deliberado, y lo era.  

Lo comprendí en pocos segundos, menos mal, porque aquello era fácil que despertara en la imaginación los peores horrores. Me calmé, aunque en seguida supuse que tendríamos que desprendernos de ese perro o tenerlo atado o muy vigilado, porque aquello no podía ser.  

Unos días antes habíamos adoptado a un perro que el dueño, un camionero, había abandonado o perdido. Era un doberman marrón, precioso y simpatiquísimo, al que llamamos Rocco. Era muy inteligente y rápidamente asimiló que su nuevo nombre era ése y acudía cuando se lo llamaba. Venía como para complacernos, pero en realidad hacía lo que daba la gana. Tenía dos defectillos de educación el perro: tendía a subirse a todo coche que veía abierto y perseguía a los gatos. 

Lo de los gatos ya lo habíamos notado y le habíamos regañado, pero como hacía lo que le daba la gana, se ve que esa noche había querido traernos unos cuantos “trofeos”. Había matado a todos los gatos de los alrededores que había pillado, los había traído a nuestra puerta y los había descuartizado allí. 

No sabíamos bien qué hacer con el perro. A pesar de todo no me caía mal. Lo tuvimos una temporada, al fin y al cabo ya se había cargado a los gatos. Un buen día se subió a un coche y desapareció como había venido.

21/10/2006 17:21 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 3 comentarios.

collage

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Ya sé que no sé ve bien, pero es lo único que queda.

Éste, de nuestra casa de Gales, me gustaba mucho. Estaba tras una puerta, por lo que se podía ver y ocultar a voluntad.

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04/10/2006 03:21 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 4 comentarios.

Ventana Velux

Tumbado en la cama, con su dedito recorría la textura de la pared, deteniéndose en los grumos más abultados del gotelé. Los reconocía, los acariciaba, eran parte de su universo, construía constelaciones con ellos, y día tras días los contemplaba, a través de la pantalla borrosa que las lágrimas le ofrecían, perdiendo la vista en su blancura.

  
Cuando dispuso del suficiente dinero se construyó una casa y en la buhardilla situó el dormitorio. En el techo inclinado instaló una ventana, tan larga como su estatura y de un metro de ancho. Bajo ella colocó la cama y ahora, todas las noches, lanza su vista hacia el infinito y se pierde en las estrellas de verdad.

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21/09/2006 19:48 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 3 comentarios.

Vértigo

Un día amaneces y descubres que la verdad, ésa que lleva tiempo ahí, rondando, tomando forma poco a poco, ha aflorado. Tan clara y brillante que cerrar los ojos ya es inútil, tan evidente que te arrastra hasta su centro.

Y tú, maestra en derrotas, que día a día te pensabas fuerte, el consejo siempre en los labios, tienes que reconocer que la vida no admite riendas, que el tiempo no se puede suspender a voluntad, que los estados de felicidad, ya lo sabías, no se dejan atrapar.

No eras dueña de la eternidad, fue tu pequeña mentira privada.

No, ahora la verdad te exige otro salto al vacío.
16/09/2006 15:28 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 1 comentario.

De Amores

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Edith y Marlene

(Amores antiguos, -sonia, lo prometido- ):

 incipientes:

Se me olvida, Sutileza, eres jugadora de alto nivel: ha de ser más delicado, hay que concentrar el te quiero y me quieres en una sola mirada, en una fracción de segundo, hilar más fino, el placer será mayor, decirlo todo así. Se dirá. ¿Me entenderás? Cuánto me temo que sí...

 inevitables:

¿Por qué no reconocerlo, ser sinceras de una vez?

Yo nunca podría ser tu amiga, nunca exclusivamente eso.

El deseo es capitán en el ejército de mi corazón.

 arrepentidos:

Tu amor, el amor que siento por ti, sé que podría devorarme, por eso no lo alimentaré más. He mentido antes y lo haré otra vez; sí, estoy triste, pero es una tristeza diferente, nueva, la que mi alma tenía reservada para ti.

Fue tan fácil decírtelo todo, te dejas, no haces daño... No, nunca te idealicé.

Extraños, los resquicios del corazón, los mecanismos del deseo... los juegos traicioneros a los que nos sometemos nosotros mismos.

¿Qué te he hecho? ¿Qué me ha pasado? Perdóname.

 plenos:

Escribir tu nombre.

Especie de sortilegio,

me quedo atrapada en el mundo que tú representas. 

 inciertos:

Entonces leerás esto, el desconcierto te inundará, pero será por muy poco tiempo, rápidamente recogerás, te reharás y me ofrecerás una solución, que puede ser una objeción, un silencio o una sonrisa. ¿Quién sabe? ¿Y qué más da?

Amor, yo también vendo el alma, pero no ha hecho falta, ahí está, con tu mera existencia me doy por satisfecha.

 resignados:

Lo vas a matar tú.

Acepto el destino.

 imposibles:

Los bellos poemas de amor se tornaron. Tu imagen ya no está, retenida en mi cabeza, rememorado el segundo y atrapada para siempre. No me deleito en tu perfil, en tus ojos o en tu sonrisa. No me quiero hacer daño.

Todavía se me escapa pensar qué harás. Me consiento eso.

  perdidos:

Por esa sonrisa de cuando eres feliz daría un buen puñado de mis años.

Te escapas como agua entre mis dedos, y yo sólo puedo disfrutar de la belleza de la caída, como en un accidente natural.

15/09/2006 02:05 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 6 comentarios.

Abrió los ojos…

 Abrió los ojos y se encontró sobre el suelo del cuarto de baño. Debía de llevar allí un buen rato, porque tenía la cara pegada al pavimento por una sustancia viscosa que resultó ser sangre. Se miró al espejo y comprobó que provenía exclusivamente de la nariz.

Mientras se limpiaba, en un esfuerzo por descubrir cómo había llegado hasta allí, logró recordar una gran bolsa transparente de la que esnifaban directamente y la luz abrasadora del mediodía cuando salieron del garito.

Oía música y voces en el salón. Debían de ir tan puestos que no se habían dado cuenta de su ausencia, o ni siquiera les importaba.

Entonces, se dio cuenta de dos cosas: que no se iba a volver a meter nunca más y que ella no le quería.

10/09/2006 18:57 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 6 comentarios.

Ser puta

Le gusta bailar. A ella no se le cumplieron los sueños. Se limita a fingir que es una estrella en los bares llenos de humo. Cuando nadie lo espera, despliega su coreografía excéntrica y salida de tono, cierra los ojos, abre los brazos y se deja llevar.

Tiene una risa contagiosa que sólo se turba cuando ve un objetivo. No lo puede evitar, los percibe, los huele.

Le gustan las fiestas de pijamas con chicas lesbianas. Es más niña que yo.

Le importa la felicidad de los demás. Está empezando a quererse.

Sandra, déjalo ya.

07/09/2006 03:12 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 4 comentarios.

FANTASMAS

.

El emperador Domiciano (81 -97) gobernó de forma tan cruel que a su muerte se mandó borrar su nombre de todas partes.

Siempre me fascinó este hecho.

§

Cuando cumplí veinticinco años, todos mis amigos, en bloque, dejaron de hablarme. Eran mis amigos de los años de universidad, con los que había viajado, me había emborrachado, había compartido confidencias, a los que veía a diario… es fácil imaginarse la relación.

Tuvieron que elegir entre yo y otra persona a la que les unía una relación económica - mi exnovio, que era el cerebro de la empresa que habían montado entre todos-. Por supuesto, no me eligieron a mí.

Se me rompieron los esquemas. Me creó sensaciones de vacío, soledad, incredulidad, decepción y tremenda desconfianza en el ser humano. El desgarro que aquello me produjo superó incluso a algunas de mis rupturas amorosas.

§

1998 :  él, que era informático, ya tenía lo más parecido a lo que hoy llamaríamos un blog, “Cuaderno de Bitácora” se llamaba, donde relataba nuestros viajes y desventuras, adornado con fotografías. Yo era protagonista en muchas de las historias.

Ese blog todavía existe. Dejó de actualizarse ese mismo año. Cada vez que lo miro parecemos más jóvenes… Ha quedado ahí, atrapado en el tiempo.

Sólo hay un pequeño detalle:

borraron mi nombre.

 

03/09/2006 03:12 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 3 comentarios.

Albert, el mafioso

Por razones prácticas he situado la siguiente historia en otra página:

“Albert, un mafioso de cerca”

Cabaret - Money (Bob Fosse 1972)

30/08/2006 00:41 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 2 comentarios.

Dispersa

Anoche busqué por internet el nombre de todos mis antiguos amores, mis antiguos amigos, mi propio nombre busqué, y no encontré nada.

----

entre líneas 

Te podría adivinar;

entonces, te querría.

Pero tú no lo quieres saber

y yo no lo quiero hacer.

--

¿Por qué no reconocerlo? Ha sido un gran verano, a pesar de mi depresión motivada por la inactividad y los problemas económicos.

Las plantas ya han crecido y la luz del sur pasa a través de ellas. El pajarillo se divierte chapoteando en un vaso de agua y ella se pasea desnuda a mi alrededor cantando nuevas canciones.

He hablado con mi madre, estaba en el hospital de Córdoba, acompañando a una vecina a llevar al marido de ésta a cambiarle el marcapasos. Como siempre, se ha hecho amiga de medio hospital y me ha contado cada caso…

Felicidades a todos, si leéis esto es que estáis vivos...

They are looking for a piece of peace

Mi hermana, desde la Universidad de la Paz  -ONU -,  Costa Rica:

Hoy han venido un montón de esperanzas y famas de improviso a la universidad para la paz, sabios todos ellos, cuando crezcan se dejarán la barba larga y se la blanquearán con cal como se hace con los sepulcros, para que a nadie le quepa la menor duda de cuánta sabiduría son capaces de albergar y qué plenas han sido sus vidas de entrega y renuncia ante tan bellos propósitos, todos ellos por y para la humanidad, nunca para ellos mismos.

Y qué guapos son! todos ellos, seguro que la gente se les ha quedado mirando embobados esta mañana temprano, en ciudad Colón. Me los imagino formando, en fila, sincronizados, tan lindos, diciendo compulsivamente...OH-MY-GOD-OH-MY-GOD, seguro que llamaron la atención.

Más tarde he preguntado a Juan Pablo quiénes eran y qué querían y me ha dicho que hay una convención de "gente que está buscando la paz", ¡así que era eso!, me he dicho, están buscando la paz!...GUAAAAAAAAAUUU!!!!!

Yo los vi antes, cuando han intentado encontrar en el jardín el árbol que plantó Kofi Annan, corrían despavoridos, casi se matan por ser los primeros en encontrarlo y tocarlo y sentirlo y olerlo, por supuesto lo han encontrado rápidamente, por cierto, que era un árbol muy estirado, que miraba por encima del hombro a los demás árboles. Son muy rápidos, seguro que si se ponen con tanto ahínco encuentran la paz en un periquete.

Y la paz, que penita me da! yo que ella me escondía, pobrecita que tiene que estar asustada de tantas ínfulas de grandeza, de tanta gente parloteando y tomando café, y admirándose de lo guapos que son todos, tan blanquitos que son! tan listos que no les pican los mosquitos, con sus ansias de libertad y sus deseos de justicia. Han llegado al break después de aplaudirse en la convención los unos a los otros y a sí mismos cuando nadie les veía, se han colocado formando un coro y han danzado en círculo, lo que como bien sabes se llama la alegría de los famas...mientras les preparaban los cafés

Y la Paz, pobre cronopio! que se cree que está invitada a la convención....
 

26/08/2006 19:06 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos No hay comentarios. Comentar.

Lo que queda

Hace poco me enteré de que las tres características de la personalidad que se acentúan al ir llegando a la vejez son la depresión, la paranoia y la hipocondría.

Me acojoné. Si ya es así, ¿cómo no será cuando vaya pasando el tiempo? Me falta la hipocondría, pero eso me pongo yo y en un flis la desarrollo.

 

25/08/2006 14:42 Autor: samikasmiles. #. Tema: Textos Hay 3 comentarios.

PEQUEÑO Y PÓSTUMO DESCARGO DE ODIO, DE RENCOR Y DE PENA

año 2002

PEQUEÑO Y PÓSTUMO DESCARGO DE ODIO, DE RENCOR Y DE PENA -email nunca enviado-:

Me he levantado con una sombra sobre mi cabeza. Era María José que me ha estado rondando toda la noche y yo sin saberlo. No le dedicaré las palabras que no merece, por mucho que mis ganas sean de explicarme, de justificarme; ante ella eso nunca dará resultado. El prejuicio que alberga contra mí es más grande que su capacidad actual (o su capacidad en general) de discernir con claridad. Además, su comprensión ya no me reconfortaría más allá que la de otros. Ahora está su vida, su versión de los hechos, y su derecho a tener formada la visión que desee.

En algo sí tuvo razón una vez, en que nunca nos entenderíamos, a pesar de mi cabezonería por que así fuera.
Yo tengo la conciencia tranquila, creo que ella no puede decir lo mismo.
Qué amor más ingrato, hasta el último momento...
Hubo un momento a partir del cual se dedicó a hacerme sentir como una mierda. En realidad siempre lo había hecho, ahora me doy cuenta, pero al menos, antes, era más sutil.
Me ha hecho pagar el error de su compañera de piso con sangre, (y el "error" de existir casi con mi vida). Ojalá nunca le hubiese pedido perdón por nada. La vez de la compañera de piso le pedí perdón sin sentirlo; yo no pensaba que hubiera hecho nada malo. Ojalá hubiéramos terminado para siempre la relación entonces.
Ya da igual.
Últimamente me decía que yo no tenía derecho a exigirle. Nada. Ni siquiera eso. Supongo que todavía sigue ese pensamiento en su mentecita cuadriculada. Yo entendí que como pareja no tenía derecho, pero sí como amiga y en eso no podía extirparme de mi cabeza, no digo un principio que yo tenga, sino un principio básico de las relaciones entre personas. Todos tenemos derecho, por ejemplo (es un ejemplo ficticio, una comparación, pero para que te hagas una idea), cuando se queda con una persona, a "exigirle" que acuda a la cita. Yo cedería, incluso si se llegara tarde, incluso si no se acudiera pero al menos hubiese una explicación. Pero yo no tenía derecho ni a explicación. Ni a justificación en nada, ni a poner una mala cara, nunca, y sí podía decir no, defender mi terreno, pero debía tragarme la culpa de que lo hacía por resentimiento, aunque así no fuera. Ya eso al final, cuando el vano intento de establecer una amistad. Está visto que no, y es más por ella que por mí. Por lo visto, sigo sin derecho a "explicación", y... yo así no juego. No, ya no. A mí se me dan "explicaciones", y no sólo una, más que a la gente, y se me piden "perdones", cuando es necesario, objetivamente necesario, porque yo valgo mucho, y soy respetable, y quien no lo juzgue así no tiene sitio en mi vida.
Hasta ahora, hasta hoy no me doy cuenta de que la culpa fue suya, que la loca era ella porque qué no tiene que habitar la cabeza de una persona para desquitarse así con otra, para descargar todas sus frustraciones. Y ni siquiera lo sabe todavía. Está bien sostenida en su mundo, en el que está empezando a construir, su carrera recién terminada, su nueva novia, su nuevo piso, su nuevo coche. ¡Qué pena me da! Va a dejarse hasta la última gota de sudor en construir sobre un terreno que no sabe pantanoso. Y cualquier día, el que menos se lo espere, la viga madre empezará a hundirse y, a partir de ahí, todo el edificio. Todavía osaba decirme que yo no le llegaba ni a la suela de los zapatos, que cuando yo iba ella ya había vuelto y que estaba a años luz por delante de mí en el camino por recorrer. Alomejor no sabe que la meta no está tan lejos, que está dentro de ella.
Qué estúpida he sido. Hasta el último momento. Debí darme cuenta de que la dinámica que había adquirido conmigo era irreversible. Cientos, miles de oportunidades le di; al principio, en un vano intento de recuperarla, al final sólo por salvar una amistad, por concederme el regalo de no terminar de destruir aquello que quise tanto. Porque la quise mucho, mucho. Quise salvar su recuerdo, pero ni eso me ha permitido. Ojalá nunca vuelva a tener una relación tan mala. Creo que he aprendido la lección en el sentido de que hay que saber cortar a tiempo, que las flagelaciones tienen su momento y su lugar y que hay que ser generosos en olvido cuando el olvido es requerido. Y debo seguir aprendiendo más sobre puntos medios, sobre equilibrios. Sobre la gente. Y sobre la vida.
Ha sido una relación destructiva desde el principio, aunque yo haya tardado tanto en darme cuenta. Yo antes salvaba el primer año. Eso fue solo la apariencia. Había empezado a destruirme desde la primera noche que me conoció.
No, no tiene su conciencia tranquila. Se escuda en mi sinrazón, en mi pérdida de papeles, en que me obsesioné con ella. Me obsesioné, la verdad. Me obsesioné porque no comprendía, porque no asimilaba y porque estaba perdida. Y enamorada. Y no encontraba otra puerta. Aún así me contuve. No creo que hiciera nada tan grave como para ser digno del castigo que se me infringió, nada tan grave que no hayan hecho muchas personas antes que yo. Y por no poder soportar la obsesión, por no recibir ayuda, por no saber ayudarme a mí misma y porque todo el mundo a mi alrededor parece que se puso de acuerdo para derrumbarse al mismo tiempo, me deprimí. Yo ya había superado otros desengaños amorosos, y sola. No eran las dedicadas a ella las primeras lágrimas de amor que derramaba. Pero a la importancia que yo había dado a esta relación, al peso que le había hecho tomar en mi vida, se unió la circunstancia, a diferencia de otras veces, que el mundo que me rodeaba no favorecía en nada mi recuperación. Ella lo sabía, perfectamente, y me dejó tirada.
No me ayudó nada. Nada. Su técnica fue la distancia. No digo yo que esa no fuera la técnica buena, al menos en un principio, hasta calmar las aguas, hasta que "se me pasase", como dijo ella en alguna ocasión, pero faltó el diálogo. No sólo faltó el diálogo. Me hacía daño. Me seguía utilizando para lo que le convenía, para cosas que requerían esfuerzos grandes por mi parte. Yo me tengo por generosa, en un límite humano, pero generosa, y muchas veces con un gracias me hubiera bastado, lo hubiera olvidado. De todas formas, al final, nunca le he echado en cara nada, al menos a ella personalmente, aunque alguna vez suelta si me haya desahogado con alguien y se lo haya contado (con Elisa, por ejemplo). También lo hago por mí, paso de seguir poniéndome de víctima, como decía María José que yo hacía, alguna vez con razón.
Lo hecho, hecho está; si metí la pata, si me rebajé, ya no puedo borrarlo, lo único que puedo hacer es asumirlo y procurar que no se vuelva a repetir, porque eso, de verdad, no es bueno ni para una ni para la otra persona. Además, que cargue con su culpa, no le pienso quitar ese peso de encima dándole a entender que fueron gestos de persona que desvaría, que los hice porque yo quería; sí, los hice porque yo quería, pero ni ella debía habérmelo pedido, ni haberme permitido que los hiciera, si medio me quería. Y lo peor es que ni me lo agradecía, porque si por lo menos lo hubiera hecho a mí estas cosas se me hubieran olvidado y no estaría hablando ahora de ellas. Y no pedía que se acostara conmigo a cambio, ni mucho menos, ni nada que tuviese que ver con el amor. Con un tratarme bien, con un apoyo sincero y comprensivo me hubiera bastado. Es una desagradecida (no fuera a ser que un gracias, que una atención, cosas que le harías hasta a la gente de la calle, fueran malinterpretadas por mí, (¡qué cara tuvo...!, ampararse en eso para cubrirse las espaldas, autojustificar su egoísmo de esa manera...). No tuvo ni una pizca de comprensión, de tolerancia... Ella misma estableció el tope, las reglas según le convinieron mejor, sin pensar en mí nunca. Y yo sé lo que es dar, normalmente, a alguien que está enamorado de ti y tú no de él, y que esa persona malinterprete, porque me ha ocurrido con otra gente, y lo desesperante que es, pero siempre hay que tener un poso de generosidad, de comprensión, en el fondo de ti, y dar tiempo al tiempo. De todas formas, lo que siempre he clamado es que entendiera que yo no malinterpretaba, porque hay gente que malinterpreta, y cuando estás enamorado casi todo el mundo tiende a juzgar según le conviene, un gesto, una mirada... Pero ése no es precisamente mi caso, y nadie entendió esto nunca, porque yo estoy siempre tan a la defensiva que, incluso que me lo estén dando de verdad, es muy difícil que me lo termine de creer.
Sólo me llevo una victoria, por amarga que me supiese. Fui yo la que dijo no a follar. También me utilizaba en eso y, cuando me di cuenta, me mataba el dolor. A ella le dolió tanto, en su orgullo supongo, que me dijo que nunca más volvería a tocarla. Lo cumplió. Yo tampoco lo intenté más.
Creo que si, en el fondo, no quiere volver a saber de mí es porque le recuerdo lo que ha hecho. Al principio se lo recordaba con mis palabras, intencionadamente. Ella no estaba dispuesta a que nadie le hiciera eso. Lo que ocurre es que hasta eso da igual. Con el tiempo ha ido descubriendo que hasta mi sola presencia, hasta mi sola existencia se lo recuerda, aunque yo no haga nada. A mí me ha costado superar mi parte, o quizá estoy todavía en ello, pero ella no ha superado la suya, y ella no sabe lo del truco de que olvidar, en determinadas circunstancias, no vale. No en cosas tan importantes, no en cosas que llevamos tan dentro, y aunque ella en el fondo no me quisiera o fuera sólo a su manera, no puede borrar que pasó dos años de su vida completamente ligada a la mía, durmiendo cada noche, costado con costado, en la misma cama de noventa. Como ha optado por olvidar completamente, cualquier referencia a mí, cualquier alusión, le recuerda. Por eso no lo soporta. Y opta por culparme, por despreciarme. Está tan susceptible al respecto que cualquier cosa, por nimia que fuera, lo relacionaría. Quizá yo también, pero sólo como residuo del daño que me hizo y de una manera más serena y consciente.
Sé muchas cosas de ella que al final no le he podido contar. Sé que le hubiese podido ayudar, pero ella nunca aceptaría ya ningún consejo válido que procediese de mí, tanto me desprecia, tan perdida cree que estoy. Ella no supo ni la mitad de mi depresión, nunca. Ni mi crisis, ni la historia con Sofía, ni el dolor que me había causado nuestra relación. No sabe el trabajo que me costó, ni lo que he evolucionado. No sabe nada, se deshizo, se desprendió. Se aferra a verdades sabidas, pero ésas son verdades antiguas que ni entonces, pero mucho menos ahora, se corresponden con la realidad.
A veces le deseo que sufra, otras, pienso en lo que la quise y que un poco de ese cariño todavía habita en mí, y deseo que evolucione, que se dé cuenta de las cosas por un camino menos doloroso que el que yo tuve que pasar. Otras, me da igual. Mi curación es que me dé igual. Empiezo a sentir nada por ella y a no plantearme lo que ella pueda sentir por mí.
Se salvaría si llegase a querer a esa novia que se ha echado. Me temo que eso va a costar trabajo. Sobretodo, si se dejase querer por ella. Su problema es que no se deja querer. No se cree merecedora de ello en el fondo. No sabe lo que es la entrega, ni que no se puede querer bien si no te quieres bien. No sé si me entiendes lo que te cuento o me he puesto tan trascendental ya que he perdido la claridad.

Comprender a María José me ha quitado el sueño más de una noche. De todas formas ése es su problema ya, y a mí no me atañe. Ésta ha sido de las últimas (nunca se puede decir la última, pero sé claro que no tengo ganas de más). Quizá me la ha recordado el que anoche estuvimos hablando de estos temas. Y que está muy reciente en el tiempo el incidente de que me colgara el teléfono, que yo he considerado ya el desprecio supremo, y por lo tanto, el último. Ya era por inercia, por curiosidad, por aplicar los nuevos conocimientos a un viejo problema conocido e irresoluble. Un ejercicio mental que no deseo volver a ejercer porque, en los momentos en que baje la guardia, todavía me puede afectar. Porque nadie me había hecho sentir tan poco válida, me había hecho dudar de mis virtudes, de las cosas de las que siempre estuve orgullosa de mí y gracias a las cuales podía sobrevivir en los tiempos malos. Hacía muchos años que nadie me humillaba tanto ni me hacía sentir utilizada, tan poco querida.
Fue una relación tan compleja, tan destructiva... Lo peor es que no me di cuenta a tiempo. Ya dan igual las lamentaciones. La cuestión es que terminó.
Yo debo procurar cuidarme a mí misma. Primero me encontré a mí, y luego te he encontrado a ti y pienso ponerme a construir, pero bien, siendo consciente, y sobre una base sólida.  Nuestras relaciones anteriores deben servir como escuela para aprender a hacerlo mejor.
María José está enterrada para mí y no voy a permitir que se levante ni una sola vez más para atormentarme. No dudo que la experiencia, dentro de lo profundamente amargo, fuera enriquecedora, pero quedará para eso, como lección para tiempos venideros.

02/07/2006 21:40 #. Tema: Textos Hay 4 comentarios.




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