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weblog de Iwi

Mi semana

Pasan los días volando y yo me debato entre la culpabilidad por esta vida fácil y el afán de aprovechar hasta el último momento ante la expectativa del nuevo trabajo tras la Semana Santa.
El lunes, mismo día de mi vuelta de Bilbao, me reencontré con mi viejo amigo J., el que se había ido a Nueva Zelanda. Cenamos en Chueca y nos tomamos unas copas mientras me contaba aventuras y desventuras. ¡Qué de cosas!, me encantaría ir allí algún día, pero dice que es muy muy caro.
El martes fue el cumpleaños de Nay, chico encantador donde los haya. Lo celebró en “Las Horas”, un barecillo nuevo en la calle Magdalena que está muy bien, y después de eso nos fuimos a “La Lupe”. Al final quedamos “los de siempre”, que en todas partes los hay, así que me uní a mi grupo natural y, cómo no, cerramos Lavapiés.
El miércoles fui a la entrega de premios del notodofilmfest.com , festival de cortos celebrado en el Retiro, con barra libre al final, y también acabé a las mil.
El jueves no me podía mover.
El viernes estuve en casa de una amiga en las afueras de Madrid, ayudándola a pintar (¿quién me manda a mí hacer esas promesas?). En compensación, mi amiga cocinó una comida exquisita y baja en calorías (existe, existe). Al final me encontraba tan cansada que me tuve que quedar a dormir allí.
El sábado, es decir, anoche, recuperada, el grupo de “los de siempre”, decidido a ampliar horizontes y en un intento por agradarme, se desplazó hasta Recoletos, donde cerramos el “Fulanita de Tal”, bar bollero por excelencia. La noche acabó de día, con el incidente de una puerta atrancada porque se habían dejado la llave por dentro, y tras debates y pruebas con DNIs, tarjetas, radiografías y botellas de coca-cola cortadas, decidí dejarlos y retirarme.

Y hoy domingo me duele todo, el cuerpo, digo, el alma ni siente ni padece. Me ha despertado una llamada preguntándome si me apuntaba a tomar unas cañitas. Esta vez no. Luego me he arrepentido, tengo un hambre canina y no hay comida en la nevera. Es lo que tiene la vida disipada.
Con la media neurona atontada que me queda yo me pregunto: ¿tengo yo ya edad para esto? Y la otra media neurona me responde: no, hija, no.
Pero no sabemos qué nos depara el futuro y hay que aprovechar; además, creo que a mi estado anímico le viene bien este no pensar. Eso me dicen, que tengo que salir, y como veis yo me tomo las cosas muy a pecho.

Y eso es todo, amigos, siento que el post no sea lo más elaborado y sesudo del mundo, y limitarme al diario de mi vida personal, pero no doy para más, la verdad.

 

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2 comentarios

Brixta -

Ya somos tres resacosos. Yo soy la mayor de los tres, así que seguro que la peor que está hoy.

Pero estoy de acuerdo con lo de que hay que aprovechar, que no sabemos cuánto durará.

gurb -

Pues a mi el punto de elavoración de tu post me viene como anillo al dedo. Porque llevo encima un resacazo descomonunal y no me encuentro ni a la neurona atontonada. Creo que ya no tengo edad para estas cosas.

En plan vegetal como estoy, me ha entrado rimando tu ronda semanal.

Me alegro que te fuera bien por el norte, ha sido muy agradable leer la cronica del viaje.

Que vaya bien la semana entrante. E intenta dormir 8 u 9 horas seguidas.
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